“Conocí a un señor que decía que él podía curar todas las enfermedades”

“Conocí a un señor que decía que él podía curar todas las enfermedades, incluso las crónicas, hasta el sida, con un producto completamente seguro, el clorito de sodio. No se podía dejar el tratamiento por ninguna razón”

Carlos Riba García es un prolífico traductor y colaborador de rebelión.org

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Creo que acabas de leer una entrevista sobre el dióxido de cloro y querías comentar algo.

Exacto. Acabo de leer tu entrevista, la del viernes en rebelión [1] y me gustaría decir algunas cosas sobre este “curalotodo”. No desde un punto de vista científico ni seudocientífico.

Adelante, desde la perspectiva que te sea más cómoda.

De acuerdo. Me gustaría hablar de este tipo de engaño desde mi experiencia de persona ingenua y casi desesperada.

Yo hice la gilipollez de fumar unos 23 años. Desde los 13 hasta los 37. En 1989, cuando ya habían pasado 15 años desde que dejara de fumar, me aparecieron los primeros síntomas de una EPOC…

¿Una EPOC?

Sí, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica. En realidad, no fue diagnosticada con certeza hasta unos siete años después. La evolución clásica de la EPOC es periodos más o menos llevaderos hasta que llega un periodo caracterizado por exacerbaciones, con mucha tos, abundante expectoración amarilla, dificultades respiratorias y a veces fiebre. El tratamiento para las exacerbaciones incluye un corticoide, en mi caso la metilprednisona, y en ocasiones antibióticos. Estas crisis ocurren cuando se infectan las mucosas de las vías respiratorias inferiores. En mi caso, desde 2006 hasta julio de 2011, los periodos entre exacerbaciones pasaron desde un máximo de 13 meses hasta apenas cuatro semanas.

Estarías bastante desesperado…Sí, efectivamente. Estaba bastante desesperado, pero el médico que me atendía me decía que la medicina no podía hacer más de que hacía.

Que no se podía hacer más, es decir, que hacían todo lo que podían.

Exacto. En ese tiempo conocí a un señor que decía que él podía curar todas las enfermedades con un producto completamente seguro; solo había que ser disciplinado y no dejar el tratamiento por ninguna razón. Era el clorito de sodio.

Todas es todas.

Ni más ni menos: todas las enfermedades, incluso las crónicas. Hasta el sida, me dijo. Yo me agarré como a un clavo ardiendo; era agosto de 2011. Tuve una conversación-consulta con este señor, recibí los productos (no era solo el clorito de sodio, había dos o tres cosas más…) y pagué lo convenido. Al mismo tiempo, abandoné todos los fármacos que estaba tomando.

¿Cuánto pagaste, si no indiscreción?

No recuerdo, pero era una suma importante.

¿Mejoraste?

Las exacerbaciones no cesaron, pero se demoraron un poco más; eso me animó a seguir sin aflojar. Pero una noche de octubre de 2011 tuve un episodio agudo de insuficiencia respiratoria. Yo creí que me estaba muriendo, de verdad. Después de cinco horas, logré tranquilizarme y empezar a respirar un poco mejor. Un amigo que me visitaba casi cada día me sugirió que tomara el corticoide, la meprednisona, que ya tomaba antes cada vez llegaban las exacerbaciones. Funcionó y fui saliendo.

Se me ocurrió entonces mantenerme con una dosis mínima de meprednisona (dos miligramos diarios), se lo propuse al médico, quien me envió a consulta neumológica; así obtuve el visto bueno para esta medicación, con todo lo malos que son los efectos secundarios de los corticoides, entre otros, la osteoporosis.

¿La EPOC no es curable?

La EPOC no es curable, solo cabe buscar la mejor calidad de vida. Desde entonces, solo he tenido dos exacerbaciones, la última en noviembre de 2013.

Y de aquel irresponsable, por decirlo suavemente, ¿supiste alguna cosa más? ¿Pudiste reclamar? ¿Le denunciaste?

Este irresponsable al que le hice caso podría haberme matado, de hecho estuvo muy cerca de conseguirlo (aunque no fuera esa su intención). La noche que tuve la insuficiencia lo llamé por teléfono (él vivía a unos 150 kilómetros de mi casa), pero se desentendió completamente de mi estado. Unos días después, le envié un correo en el que le reproché su engaño y lo llamé farsante; se enfadó muchísimo y me trató de desagradecido. Si yo hubiera muerto, nadie se habría enterado de las causas reales de mi deceso, y ese señor se habría quedado tan ancho. ¿Cuántos habrán muerto y no pueden contarlo, como yo lo estoy haciendo? Inútil denunciarlo y entrar en una historia interminable que solo significa gastos y frustración.

No lo sé. Pero tal vez no sean pocos. ¿Cómo estás ahora, qué tal tu salud?

Ahora estoy bien. Como te decía antes, lo importante es la calidad de vida que uno pueda tener.

¿Por qué crees que la gente tendemos a creer en este tipo de soluciones milagrosas? ¿Por desesperación?

La desesperación se produce cuando uno percibe que la cosa va a peor y no ve una solución en el horizonte. Cuando lo ves todo negro y la única perspectiva es la muerte, te inventas a dios; ese es tu consuelo, y aunque de pacotilla, es un consuelo al fin.

¿Qué tipo de personas se dedican a este tipo de engaños que pueden tener alguna arista criminal?

No creo que pueda hablarse de una tipología específica. Lo que sí es cierto que hacen falta ciertos rasgos, por ejemplo el don de la palabra y de la persuasión: la labia, como decimos en Argentina. Y, desde luego, una falta total de escrúpulos. Más o menos, las mismas habilidades que hacen falta para el ejercicio de la política profesional; en este ámbito, pululan los tipos como el que casi me mata.

¿Quieres añadir algo más?

Solo una cosa: como en otras esferas de la vida, tener los ojos bien abiertos

Nota:

[1] Entrevista a Alfredo Caro Maldonado sobre propiedades medicinales del dióxido de cloro y las curaciones “alternativas”. “Estas personas deberían dedicarse a luchar por una sanidad pública en vez de poner en peligro la salud de personas ingenuas.”

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=195407

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