Unámonos para vencer la corrupción

fotoPor Miguel Ángel Sandoval –
mszurdo@hotmail.com

Durante los últimos años uno de los motivos principales de mis reflexiones ha estado alrededor de propuestas que pudieran ser de utilidad para el conjunto de sectores del país. No de uno solo sino de todos. Parecería que es algo ambicioso por el grado de fraccionamiento político que a veces observamos, pero no lo es. Creo que es posible pensar en propuestas que sirvan a todos los sectores que componemos la sociedad guatemalteca.

Se trata de encontrar un factor o varios, que puedan ser un puente entre diversas capas sociales de nuestro castigado país. En esta perspectiva, la lucha contra la corrupción, es un tema que podría ser parte de la agenda de cualquier formación política, o de cualquier sector u organización social, pero sobre todo, el estandarte de las izquierdas. A pesar de que en los últimos tiempos asistimos a críticas a veces extendidas sobre el comportamiento corrupto de algunos personajes vinculados a las estructuras de la izquierda institucional. Ello no elimina el hecho que la lucha en contra de la corrupción tenga en las fuerzas de izquierda su bastión central.

Adicionalmente, no existe sector, institución o persona que se dé el lujo de defender la corrupción como algo que merece la pena practicar. Asimismo es claro que muchas personas, instituciones o sectores pueden decir que se comprometen en la lucha contra la corrupción como un elemental saludo a la bandera. Pero el planteo que se hace tiene otros alcances.

Me refiero a la lucha en contra de la corrupción endémica que asola Guatemala y que atraviesa el país de forma transversal. La corrupción tiene en los contratos sobrevalorados de los negocios públicos, un motivo claro de condena. Pero también es condenable la mordida extendida, por cualquier servicio, incluso los religiosos.

Hay muchas aristas que se pueden atacar de frente, sin concesiones. Una, la más visible se centra en la infamia con la que se comportan y actúan funcionarios del gobierno central. Otra, las expresiones vulgares en el legislativo, que tiene en el transfuguismo de diputados que saltan de partido en partido la expresión más grosera. Igualmente grave son las muestras de que la justicia es un verdadero reducto de la corrupción, con los jueces venales.

Pero esto se limita a los principales poderes del estado. La corrupción no termina con ellos. Es necesario pensar en instituciones descentralizadas, municipalidades que dan de oficio porcentajes en la construcción de cualquier obra pública a empresas que lo piden abierta o sutilmente, y últimamente sabemos que en las universidades, los colegios profesionales o iglesias de cualquier denominación, se asiste a formas novedosas de corrupción.

Ni hablar de los sectores empresariales de las más diversas ramas, que se disputan el botín del presupuesto nacional por diversas vías o que venden al país al mejor postor a cambio de sobornos y mordidas millonarias. El país está enfermo. No es un solo sector, no es un solo aspecto. Pero podemos sobreponernos porque veo la suficiente fuerza ciudadana en la gente.

Esta epidemia nacional pasa de múltiples formas por los medios de comunicación, que desinforman de acuerdo al mejor postor; por los sindicatos que negocian bajo cuerda, igual organizaciones campesinas o indígenas que hacen lo propio; las oeneges no se quedan cortas, también en el deporte donde sabemos de arreglo de partidos y competencias, o se utilizan los contratos de jugadores como una forma abierta de lavado de dinero; en fin, todo el país.

Pero a pesar de todo, hay reservas éticas y ciudadanas, para ponerle un hasta aquí o un basta ya a la corrupción generalizada y endémica. No se vale ser indiferentes o fingir que todo camina bien o que todo se resolvería con leyes que no se respetan. Es una apuesta por la salvación nacional.

Por ello el planteamiento que hago de manera meditada y desde una visión de izquierda sectores, a una cruzada nacional en contra de la corrupción. Se pueden encontrar y consensuar, las formas de articular un esfuerzo nacional, como el que propongo. Es algo más que hablar o mencionar diversos aspectos del tema de la transparencia, y es también, mucho más que la aprobación de unas cuantas leyes.

Es una tarea titánica pero sin ella no hay proyecto nacional de orden económico, social, ambiental, político o cultural que tenga futuro, pues hoy sabemos que las muchas formas de corrupción actúan en contra de planes de gobiernos, de programas de campaña, de cualquier política pública. Por ello y muchas razones más, el combate contra la corrupción en todos los niveles y con todas las formas posibles, es hoy día, de urgencia nacional.

NOTA: Este artículo lo publique hace casi un año. De entonces a la fecha todo se ha complicado y los niveles de corrupción aparecen con mucho más dramatismo. Opte por publicarlo de nueva cuenta son un par de agregados. El principal tiene que ver con el señalamiento directo a las formas de corrupción, presentes en algunas expresiones de izquierda de las más diversas formas.

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