Izquierda guatemalteca: ¿nos unimos o nos dividimos?

Plaza Pública

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Por Miguel Ángel Sandoval
mszurdo@hotmail.com

Ahora se ha puesto de moda la unidad. Del diente al labio se habla de ella, se dice a los cuatro vientos, estoy o estamos de acuerdo con la unidad y las alianzas, siempre fuimos unitarios, siempre quisimos la unidad, no es primera vez que la demandamos, que la llamamos de todas las formas imaginables. Sin embargo no se hace lo posible, no se acercan posiciones, y se destruye la posibilidad de construir en nuestro país un modelo político que ponga a nuestro alcance las posibilidades de un proyecto único, coherente, sin zancadillas, sin dobles discursos. En fin, un modelo unitario y una práctica política transparentes.

En animo de contribuir a un debate que considero indispensable me parece que dar una mirada a vuelo de pájaro sobre otros proceso pueden dar algunas luces, y sobre todo, dejar claro y bien sentado, que las dirigencias políticas y sociales de nuestro país, ubicadas de manera general en el ámbito y discursos de las izquierdas, son en la actualidad profundamente ajenas al tema de la unidad y las alianzas.

Esta nota que presenta de forma resumidísima algunos ejemplos de otros países, se inscribe en el planteamiento desarrollado en las notas publicada en los últimos meses.

Cuatro procesos emblemáticos.

Uruguay. Uno de los ejemplos mayores a nivel continental y acaso más allá, es el modelo político construido por los sectores de la izquierda uruguaya desde hace varios años, más precisamente, en el año de 1971, año que recuerda la fundación del Frente Amplio de Uruguay.

“El objetivo era construir las bases de una plataforma programática que a manera de crisol fundiera los pensamientos más diversos en uno solo y común: crear un frente político unitario, lo más amplio que sea imaginable, porque a esos uruguayos que a su vez representaban a muchísimos más, los unía el espanto de una sociedad cada vez más exclusivista y fragmentada y, en consecuencia, en caída libre”. 8.2.2015. Ricardo Portela. La Republica de Uruguay.

Se trató en el inicio de un grupo de personas que representaban partidos y agrupamientos de personas, que en total dan como resultado, que 21 organizaciones políticas de diferente dimensión, trayectoria, implantación en la sociedad, recursos, relaciones con el movimiento social, relaciones con el mundo político ex terno, etc. Pero con la idea de construir un hogar común, un proyecto político de todos. En donde cupieran, guerrilleros y pacifistas, comunistas y trotskistas, Artiguistas y anarquistas, en pocas palabras, un proyecto plural.

El tiempo pasó y con aciertos y errores el FA se consolidó y a la fecha, han ganado en elecciones la presidencia del país por tres veces, la intendencia de Montevideo en otras ocasiones, diputaciones e intendencias departamentales, en muchas ocasiones. Hoy el FA es una fuerza política de primer orden. Mientras tanto, Uruguay sigue construyendo una democracia, con un gobierno de izquierda que es en verdad, motivo para imitar.

Quizás hay otro tema que apuntar. Han sido responsables en la relación con las organizaciones sociales. Así, una organización con tradición en la lucha sindical, ha contado con el respeto de las diferentes vertientes del FA y con ello se ha evitado experiencias como la guatemalteca en donde cada pequeña organización política ha querido, sin conseguirlo, la “dirección” de organizaciones sindicales o campesinas, entre otras.

En El Salvador, el FMLN es acaso el ejemplo de unidad más logrado de las organizaciones de la insurgencia del pasado reciente en Centroamérica. Salvo algunos casos de desacuerdos irreconciliables de personas o pequeños grupos, el FMLN mantiene la unidad, administra sus conflictos y ya es gobierno por dos ocasiones. Con diputaciones, alcaldías, y la sensación que El Salvador, tiene en el FMLN una fuerza de suma importancia para el futuro de ese país, que oscila entre un partido político de las derechas y el FMLN.

En este país se hizo algo que correspondía al espíritu de la negociación política que dio fin a la guerra del siglo pasado. Los acuerdos fueron convertidos desde el primer día luego de la firma e incluso desde antes, en un instrumento de lucha política, social, gremial, por los cuatro costados del país. Mientras que en nuestro caso, esto es, en Guatemala, se trató de un conjunto de acuerdos sin mucha fuerza y con la práctica de la negociación en corto, como la estrategia que dio como resultado el desgaste y abandono gradual del instrumento y de las razones que llevaron a la negociación.

En Bolivia, el MAS, producto (en su refundación) de un proceso de alianzas y unidad, que utiliza una ficha partidaria le da un carácter diferente y: “De esta manera el MAS lideró gran parte de las protestas sociales ocurridas en Bolivia en los primeros años del siglo XXI, reclamando la recuperación de la propiedad estatal plena sobre el gas y otros hidrocarburos, dados en concesión a empresas privadas durante el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada (1993 a 1997)”

Aquí la principal lección es que el MAS con la dirección y liderazgo de Evo Morales, tuvo durante varios años el rol de principal instrumento de lucha social en diferentes temas de la agenda nacional boliviana. Tienen lugar de primer orden la lucha por el gas, la guerra del agua y otros temas vinculados los derechos indígenas.

En otras palabras, la existencia de un partido político no se limitó nunca a los preparativos de asuntos electorales, por el contrario, el acento principal estuvo siempre en la lucha social, por ello su masividad, el respaldo social, y la claridad en la agenda de lucha anti neoliberal.

Esto es algo que en nuestro país no tiene un correlato de ninguna especie. Salvo que algunos personajes, desinformados hay que decirlo, creen que el hecho de impulsar alguna lucha o ser del CEN de algún partido, les da el derecho de ser líder nacional, o sencillamente líder o dirigente, sin la perseverancia observada en el caso Boliviano. La lucha contra el gas, o por el agua, de manera simultánea al proceso de consolidación de un instrumento político, se desarrolla durante años y muchas luchas.

En nuestro caso, se tiene la existencia de partidos de izquierda que no han estado en ninguna lucha social en los últimos años. No hay un solo dirigente o mejor dicho, integrante del CEN de cualquiera de las organizaciones de izquierda en Guatemala, que haya encabezado, luego de la firma de la paz, alguna lucha de naturaleza social y alcance nacional. De manera real, protagónica, sin intermediarios.

Podemos: Cambiando de continente y tratando de analizar una experiencia novedosa, está el caso de Podemos en España. Con una emergencia meteórica, se colocó en un año apenas, como una opción de gobierno frente a formaciones políticas tradicionales, una de derecha hoy en el gobierno Partido Popular –PP- y el Partido Socialista Obrero Español -PSOE-. De manera simultánea, se hizo partido y participo en las pasadas elecciones europeas y se convirtió en un referente parlamentario de una manera nueva de hacer política.

Sin duda Podemos expresa el hartazgo de la sociedad española a dos fenómenos que son hoy por hoy, moneda corriente en Europa. Uno, los impactos de la crisis económica resultado del modelo de ajuste neoliberal, que tuvo en las formaciones de derecha o de izquierda tradicional, el rol de acompañantes y sobre todo, de administradores de un modelo impuesto por el Banco Mundial, la Unión Europea y muchos gobiernos. Por esa razón el descredito de las izquierdas tradicionales y la emergencia de nuevas propuestas, dentro de las cuales Podemos.

El otro, es el cansancio de la vieja manera de hacer política que se encuentra en las formaciones tradicionales sea de la izquierda o la derecha europeas. Los dos factores apuntados, tanto el económico que se expresa en la crisis y el hartazgo de los viejos políticos, es lo que está en la base del movimiento de los indignados que hace unos dos o tres años sacudió la sociedad española y en su extensión, de Europa, llegando a tener expresiones semejantes en los propios EEUU, con el movimiento de Ocupa Wall Srett.

El futuro de Podemos está por verse, pero lo realizado ya y la vinculación en términos de proyecto y de prácticas anti neoliberales, que lo acerca con Syrisa de Grecia, nos lleva a pensar que estamos ante un giro de alcance histórico: nuevas izquierdas, nuevas formas de hacer política y un enfoque nuevo ante los temas económicos. Y se habla en el caso griego, de la primera derrota del neoliberalismo en Europa, de manera concreta, directa.

El partido Syriza, actualmente en el gobierno de Grecia, expresa procesos unitarios que se vienen desarrollando desde hace varios años. “Syriza, creada en 2004 como una alianza entre las fuerzas políticas de izquierdas.” “Luchando siempre por la unidad en la Izquierda, la ahora unida Syriza reivindica un gobierno de la Izquierda con una nueva mayoría social amplia y fuerte que vaya en favor de los intereses del pueblo. Los cantos que la gente gritaba en las calles y en las plazas, ‘El hombre antes que el dinero’ y ‘Otro mundo es posible’, se han convertido en un objetivo político y estratégico a través de Syriza”.

En síntesis, son cuatro, cinco, muchas experiencias, en donde las alianzas, la unidad, las aproximaciones, están en la base de los éxitos políticos de los últimos años en varios o países. Mientras tanto, hemos asistido en nuestro país, a lo que fue antes en países como Grecia la norma. “La historia de la izquierda en Grecia suele resumirse con estas palabras: “Un círculo vicioso de creación y división”. Es frecuente que las generaciones más mayores hablen de “la maldición de la izquierda” porque, aunque se ha demostrado que puede hacer milagros cuando se une, a menudo ha optado por la autodestrucción.”

Parte final

Hace pocos días se conmemoró un aniversario más de la URNG que es sin duda la organización más antigua de la izquierda, y sin dejar el lenguaje críptico se hizo al menos una aseveración: las organizaciones de izquierda tienen un tronco común que viene de la época del conflicto armado. De acuerdo, esto es cierto pero no se dicen las razones que tienen que ver con el gradual alejamiento de las prácticas unitarias de los principales personeros de esa organización, convertida cada vez más, en un aparato rígido, impolítico. La ANN es producto de la división de la primera, y sin la capacidad de hacer algo diferente, no alcanza a entender que la división no es fuente de unidad. De Winaq y Mnr, es poco lo que se puede decir de momento, salvo que no son un modelo de prácticas unitarias ni de flexibilidad, así como no constituyen expresiones de lucha social decidida. Más corresponden a l imagen de proyectos de corte electorero.

Habría que señalar lo escaso de pensamiento estratégico que se apoderó de las expresiones de la izquierda guatemalteca luego de la firma de la paz. De entonces a la fecha, ANN, MAIZ, FRENTE AMPLIO, y cada proyecto en cada proceso electoral, al tiempo que los resultados son cada ocasión menores; posteriormente a intentar reconstruir mientras se reparten las culpas, las responsabilidades, los señalamientos. No ha habido la idea de hacer algo de alcance mayor, estratégico.

Este es el sentido de hacer un recuento de experiencias como los casos anotados, que son apenas un indicador. Faltaría mencionar otros ejemplos notables por la amplitud, inclusión, como en Ecuador, Brasil, Cuba de los años del triunfo, los sandinistas para la toma del poder, Venezuela, y otras experiencias más.

Por razones de elemental justicia histórica creo indispensable señalar que ni la urng fue lo unitaria que se requería en la guerra menos en la paz. Su primera incursión en la política partidaria fue luego de provocar el alejamiento de sectores progresistas de una actitud sectaria, llena de imposiciones. Mientras que durante la guerra, otras expresiones nunca fueron consideradas como aliadas, al menos desde el punto de vista táctico. Ese origen compartido, es viejo, corresponde a otro periodo.

Ahora es necesario convenir que hay algunas fuerzas nuevas, que se desprenden de manera directa del proyecto de negociación y de la firma de la paz. Es el caso, de las nuevas organizaciones políticas del pueblo Maya, distintas de aquellas históricas, más ligadas a la organización comunitaria. Y por supuesto, hay por lo menos una generación que no sabe de la guerra y sobre todo, que no la entiende. Por ello, situar el pasado como referente solo expresa la nostalgia antes que una visión sobre las nuevas realidades sociales, políticas, económicas, culturales que hay en el panorama nacional.

En resumen, lo que queda ahora es la enorme tarea de ir desfaciendo entuertos como diría el Quijote, para poder construir en nuestro país un proyecto político de amplias alianzas que nos permita salir de la actual marginalidad política. Es claro, como se puede observar en los casos de Uruguay, Bolivia o El Salvador, que se trata de procesos largos, en donde las más diversas formas de lucha han estado presentes. En ningún caso asistimos a expresiones políticas que de un día a otro se hayan convertido en alternativas. Salvo casos excepcionales como Podemos en España.

De manera general, hay procesos de acumulación, pero teniendo como norte sus respectivos países, no sus intereses particulares, de grupo, familiares o personales

No creo haber descubierto el hilo negro con estas notas, muy resumidas por cierto.

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