Tres preguntas fundamentales sobre el sistema capitalista

723147_280Dante A. Urbina

Concentrados la mayor parte del tiempo en cuestiones muy específicas y/o meramente dependientes de la coyuntura socio-política de nuestro entorno, olvidamos a veces pensar sobre la totalidad de nuestra situación civilizacional cuya problemática está evidentemente ligada con nuestro sistema económico. Es, entonces, objeto de este artículo el aportar algunas reflexiones al respecto en torno a tres preguntas fundamentales:
1º. ¿Cuál es el principal problema de nuestro sistema económico actual?

Que, a pesar del gran desarrollo tecnológico y productivo que se ha generado en virtud del capitalismo, las condiciones de vida de la gran mayoría de la población se ven constantemente amenazadas y los sujetos se hallan en un sistema que los aliena estructuralmente.

Esto es evidentemente cierto para los países subdesarrollados donde vive la gran mayoría de la población mundial. No obstante, en la situación actual, se evidencia también como cierto para la mayor parte de la población de los propios países desarrollados. En efecto, con las políticas de ajuste y los crecientes recortes presupuestarios, se está viniendo abajo el querido “Estado de Bienestar” en prácticamente toda Europa en un contexto de gran desempleo y explosividad social. La situación es bastante complicada también en Estados Unidos donde se han formado importantes movimientos de protesta social como Ocuppy Wall Street.

De otro lado, más allá de la crisis económica tenemos también el gran problema de la “crisis ecológica”, de la que se habla menos por estar más concentrados en la primera. Claramente esto significa una grave amenaza para las condiciones materiales de existencia de la totalidad de la población mundial pues es una amenaza sobre el planeta mismo.

Finalmente, se halla una creciente alienación de los sujetos. Si, como decía Amartya Sen, podemos conceptuar al desarrollo como “expansión de libertades” (1), puede decirse coherentemente que esta forma de capitalismo trae subdesarrollo incluso cuando genera crecimiento pues lo hace en términos de la “alienación” de los sujetos tanto en el área del consumo (generando “necesidades artificiales”) como de la producción (por medio de la explotación y/o formas de trabajo “despersonalizantes”), como ya ha señalado Marcuse (2).

2º. ¿Cuál es la causa de este problema?

La causa de estos problemas es tanto la forma particular que toma el proceso de acumulación capitalista en nuestro contexto actual (neoliberal) como también las exigencias intrínsecas del sistema en sí.

Así, por ejemplo, tenemos que en el contexto de crisis actual el entramado de relaciones de poder subyacente al sistema económico controla también el sistema político y pone todo el peso de la (pretendida) salida de la crisis sobre las espaldas de la gran mayoría de la población con los crecientes recortes presupuestarios y políticas de austeridad. Pero esto es solo un reflejo de la desigualdad más fundamental entre trabajo y capital del sistema y los requerimientos de la dinámica imperialista pues es también necesaria la subordinación estructural de los países subdesarrollados para la obtención de mano de obra y materias primas baratas. De hecho, en varios países de África se da la dramática situación de que grandes multinacionales de Occidente explotan a los africanos en el sector agrícola pagándoles sueldos de miseria, envían la producción a los más rentables mercados de Estados Unidos y Europa, lo cual hace que haya menos oferta de alimentos en África con la consiguiente subida de precios… y se llega a la absurda situación de que, siendo un importante exportador, “África tiene que importar el 25% de los alimentos que consume, al tiempo que las muertes por hambre son algo corriente” (3).

Respecto del problema ecológico tenemos que la forma actual de acumulación capitalista no sólo impone exigencias sobre la explotación del hombre sino también sobre la explotación de la naturaleza. La acumulación del capital no tiene límites ecológicos. Se puede pensar en los “impuestos sobre las externalidades” o las “cuotas de contaminación” pero, en primer lugar, el capital sabrá encontrar las salidas a ello si es que se mina demasiado su rentabilidad y, en segundo lugar, tal vez sea demasiado tarde… la crisis ecológica no es, como muchos piensan, una “bomba que va a estallar” sino una “bomba que ya estalló” y cuyos efectos iremos viendo cada vez más.

Finalmente, en lo que se refiere al problema de la alienación del consumidor en base a la producción de “necesidades artificiales” que llevan a cabo las grandes empresas, tenemos que ello también se debe a mecanismos estructurales del sistema de competencia capitalista a los que podemos llamar “imperativos”. Así, el imperativo planificador compele a las empresas a controlar la demanda para asegurarse el mercado minimizando la incertidumbre, y el imperativo tecnótico las compele a hacer que la gente necesite lo que ellas producen aun cuando en primera instancia no lo necesiten por cuanto la inversiones que realizan en sofisticar cada vez más los productos tienen que necesariamente generar rentabilidad con la venta (4).

3º. ¿Cuál es la solución al problema?

Dado que los problemas se deben tanto a la forma particular que ha tomado el proceso de acumulación capitalista en nuestros días como a exigencias intrínsecas del sistema mismo, es claro que se pueden hacer muy importantes avances en torno a las soluciones realizando mejoras dentro del mismo sistema pero, en última instancia, será también necesario ir hacia otro sistema, pues en la situación actual “el capitalismo ya sólo puede suponer más barbarie. No sólo por las guerras, las crisis, el desempleo, la precariedad, la negación del pleno acceso a la sanidad o a la enseñanza, el hambre y un largo etcétera. Es bárbaro, más profunda y ampliamente por el gigantesco peaje que para la sociedad supone dar otros usos a los recursos que se destinan a actividades que únicamente obedecen a las exigencias de la acumulación capitalista: el armamento, (…) la especulación, el negocio del narco, (…) o incluso entre otros muchos más, la propia publicidad a la que se dedica una ingente cantidad de trabajo, con una finalidad no informativa, que hoy se puede asegurar sin apenas gasto, sino persuasiva por mor del imperio de la competencia” (5).

Es esencial, por tanto, pensar en y trabajar por la construcción de un nuevo sistema que no sólo es posible, sino también necesario.

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Referencias:

1) Amartya Sen, Desarrollo y Libertad, Ed. Planeta, Buenos Aires, 2000, p. 3.

2) Hebert Marcuse, El Hombre Unidimensional, Ed. Artemisa, México, 1985, cap. 1.

3) Miguel Giribets, El Saqueo de África: Algunas claves para entender lo que pasa, Rebelión, 2011, p. 2.

4) Para un desarrollo más amplio de este análisis véase: Dante A. Urbina, “La soberanía del consumidor: ¿es hoy un mito?”, Ponencia en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima-Perú, 22 de julio del 2013. (Video disponible en You Tube)

5) Xabier Arrizabalo, Capitalismo y Economía Mundial, Instituto Marxista de Economía, Madrid, 2014, p. 674

http://www.economiacritica.net/?p=4145

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