Columnistas que odian y aman “El Capital”

caddfgEdelberto Torres Rivas

El 11/01/15 publiqué en este periódico unas notas sobre el libro de T. Piketty, reiterando la información que ha hecho famoso su libro sobre El Capital en el siglo XXI; demuestra el comportamiento del sistema capitalista y su tendencia a producir la concentración de las rentas y a crear graves desigualdades. Nos encontramos en un nuevo periodo histórico en que tales procesos vuelven a producirse. Brevemente mencioné el recurso metodológico de la investigación realizada por el grupo Piketty: la historicidad de la ciencia económica y el regreso a la llamada economía política, ajena a los excesos de la cuantofrenia que todavía domina en la enseñanza de la economía.

Empiezo con algunas estadísticas sobre el capitalismo, corriendo el riesgo de que estas cifras causen disgustos y se me acuse nuevamente de “mentiroso”. Recojo un dato confiable sobre lo que ocurre en los Estados Unidos: incluyendo las ganancias del capital, la porción del ingreso que recoge el uno por ciento de norteamericanos más ricos, se duplicó a partir de 1980 de diez a 20 por ciento. Aún más sorprendente es saber que la parte de los ingresos que le toca a los que están en la cúspide (una todopoderosa elite del 0.01 por ciento, unas 16 mil familias, con un ingreso promedio de US$24 millones) se ha cuadruplicado, del uno por ciento a casi cinco por ciento en los últimos 35 años. No obstante, los pobres ascienden a un 20 por ciento. Este extraordinario desarrollo de la riqueza también incluye a Inglaterra, Canadá, China, India, Suecia y los países nórdicos1. Más sobrecogedores son los datos de la pobreza y las desigualdades que introducen a escala mundial: la riqueza que tienen unos 300 multimillonarios es equivalente al total que reúnen 3 mil millones (tres millardos de personas) del mundo subdesarrollado2. Reconocer la riqueza y la pobreza cohabitando en la misma sociedad no puede ser considerado como una descalificación. El propósito es subrayar algunos hallazgos de Piketty sobre el tema de las desigualdades.

Presentar la realidad del capitalismo con ayuda de datos estadísticos solo es una manera de precisar aspectos particulares, cuantificables, que permite hacer comparaciones y establecer tendencias. Los datos pueden ser relativamente favorables o no, podemos considerarlos unos positivos y otros menos. Pero eso no supone tener simpatía u odio por el capitalismo. Quienes así piensan, tienen una visión esencialista de las cosas, que termina con simplificaciones. En mi trabajo académico, en el análisis sociológico, no me apoyo en sentimientos o emociones sino en datos y razones.

Creo en las ciencias sociales que buscan las explicaciones más próximas a la verdad y no las que hacen denuncias. Debo confesar que durante mi larga vida me resistí a aceptar el capitalismo. No me gusta como sistema económico y social que se basa en la explotación de las mayorías, a las que empobrece en la mayor parte de países, en provecho de una minoría. Como yo, millones de personas, una porción importante de la intelectualidad mundial, creímos en que era posible sustituir al capitalismo por el socialismo. Estoy hablando en términos muy elementales y afirmo con mucha desesperanza que nos engañamos con esa utopía. El socialismo real fracasó. Podría desarrollar más estas consideraciones pero no es ese el tema. El socialismo no funcionó más y nos hemos quedado meditando sobre el futuro. Tenemos admiración por el capitalismo que condujo al llamado socialismo democrático de países como Noruega, Suecia, Dinamarca o Finlandia. ¿Podremos parecernos a ellos alguna vez?

Se me acusa de pretender desprestigiar al sistema (sic) y un columnista ocupó todo el espacio de su columna para defender al “capitalismo exitoso” con ejemplos y argumentos que revelan un encuentro entre la superficialidad y la ignorancia. El tema de las desigualdades es inherente a la dinámica del capital; y hoy día, no solo Piketty sino varios premios Nobel como Stiglitz, Krugman y otros han enriquecido el debate. ¿Hay que ser de izquierda para reconocer que si los ricos concentran más riqueza, más rápido aumenta la pobreza? ¿Hay que ser de derecha para reconocer los éxitos del capitalismo pero solo en las naciones donde se ha desarrollado? Se suele soslayar que las desigualdades también se producen entre países y que son más numerosas las naciones pobres, socialmente atrasadas, con predominio de la agricultura, con mucha población rural, muchos analfabetas, bajos niveles de cultura, sistemas políticos débiles. Todos estos rasgos aún califican en parte a Guatemala, ¿deja por ello de ser capitalista?

Finalmente, una aclaración lingüística. Afirmé que Bill Gates era multibillonario, y se me acusa de pretender causar odio hacia los multimillonarios. El tema de los “multibillonarios” produce una confusión lingüística. Un billón no significa lo mismo en inglés que en castellano o en francés. En la página de Forbes se puede encontrar la lista de Billionaires (Gates posee 80 billions)3. Hay más de mil con más de un billion, que en inglés significa mil millones. En castellano hablamos de millardo, o sean mil millones. Es cierto que ninguna persona individual tiene en el mundo lo que en español significa “un billón de dólares”.

1.- “For richer, for poorer”, Informe especial The Economist, oct. 2012, p.2-3.

2.- www.youtube.com/watch?v=WBXBQtzothc

3.- www.forbes.com/billionaires/list/3/#tab:overall.

Tomado de Elperiódico

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