Soy Charlie o no soy Charlie. Un debate animado.

manifa-parisMiguel Ángel Sandoval

De una forma que en apariencia es autónoma o independiente, hay una aproximación al atentado en las oficinas de Charlie Hebdo, en donde los viejos demonios se juntan con la verborrea revolucionaria esquemática. Me parece que en el caso del Charlie, lo primero es la solidaridad y ello se puso de manifiesto por millones de franceses y de gente en el mundo, con una expresión que ya tiene algo de historia: je suis juif, je suis palestinian, je suis Marcos, je suis los cinco. Solo que ahora se inscribe Je suis Charlie Hebdo.

Hay otro argumento que descarto por falaz: preocuparse por 12 cuando aquí hubo masacres de miles y miles. No hay relación entre una y otra matanzas. Si hay un hilo conductor: la intolerancia reaccionaria. De la misma manera que 12 son menos que 43, pero el punto es otro. En otro orden de ideas, la idea de que je suis Charlie significa ignorar los bombardeos franceses en Siria o en otros lugares, no tiene razón de ser planteada. Menos si se regatea la solidaridad.
Que el rechazo y conmoción haya sido masivo se explica por la brutalidad del acto y nada más. Ahora bien, hacer el análisis de la política exterior francesa son otros cien pesos, como otros cien pesos la política neoliberal del gobierno “socialista” de François Hollande. De la misma manera es indispensable abordar el tema del racismo y la islamofobia, que tiene muchos defensores en la sociedad francesa: lo que explica el crecimiento del Frente Nacional de Le Pen.

Todo debe ser analizado en su contexto, la crisis del capitalismo no explica la brutalidad de ese acto, normal en países como los nuestros, totalmente desconcertantes en países como Francia, por ello no entiendo esa idea de Je ne suis pas Charlie. No me dice nada, pues no entra en el análisis de los temas planteados en el párrafo anterior. Al menos desde quienes lo repiten como consigna vacía, de moda, chic.

Si negar la frase acuñada con estupor implica hacer un análisis de todo lo señalado, podría coincidir. Sin embargo no coincido con el regateo de la solidaridad y con la idea de que el Charlie es finalmente parte del sistema. Eso es desconocer la larga lucha de los trabajadores franceses por esos derechos y otros. Esta libertad de expresión es pariente de la semana de 40 horas, las vacaciones, la educación laica, etc. Son conquistas de los trabajadores, no hay que equivocarse.

Hay temas que son motivo de discusión democrática en ese país desde hace muchos años. Por ello miles de franceses apoyaron la lucha anticolonial de los argelinos y se sumaron al apoyo a la revolución en Argelia. El rumbo de ese proceso no es ya la responsabilidad de quienes desde Francia apoyaron.
Las aventuras militaristas del gobierno francés en Malí, Siria, Libia, Irak y otros países han sido rechazadas de forma permanente por los sectores más progresistas de la sociedad francesa, incluyendo al equipo de Charlie Hebdo que fue asesinado. Lo mismo que la alianza militar francesa subordinada a la estrategia de los norteamericanos vía la Otan. Me parece que no se puede confundir coles con lechugas.

Hoy se dice con una mano en la cintura que el ChH era parte de la Islamofobia, nada más alejado de la verdad. Creo que ello se dice desde la intolerancia, desde la doble moral, desde el católico fundamentalista agazapado en el análisis, o desde el protestantismo hipócrita, pero solo con dar un vistazo a la publicación se da uno cuenta que católicos, musulmanes, judíos, etc. Han sido a su turno cuestionados con humor descarnado, fuerte, directo. No hay nada que prohíba ser directo. Salvo la doble moral. Se de este semanario desde hace muchos años, y salvo que haya degenerado de manera brutal, los rasgos centrales de su propuesta humorística se mantienen. Claro todo en el contexto, todo de acuerdo a la época actual, lo cual incluye una derecha más fuerte, racista y neoliberal.

En otro orden de ideas, el gobierno francés, gringo, la presidencia del FMI, la unión europea, han sido blanco de las críticas del periódico de marras. Igual los despropósitos del rey del pop, la prostitución, la doble moral, etc. Me queda la impresión que algunos amigos se creyeron la historia que se trataba de un periódico que le hacía el caldo gordo al anti islamismo, o la islamofobia. Eso es entender de la misa la mitad. Que quede claro, la mayoría musulmana no es fundamentalista, menos parte de los grupos de delirantes herederos de Osama. Por ello hay que mantener vínculos, lazos, relaciones con la población musulmana, con la judía, con todos.

Pero lo peor de todo es que se deslice en el análisis la idea de que cierta censura puede ser válida, que hay límites a la expresión, que hay que ser responsable, que es necesario que las instituciones marquen una línea a partir de la cual hay sanciones. No coincido con esas ideas. Se trataría de un retroceso en una de las libertades fundamentales de la democracia liberal, burguesa si alguien así lo dice, pero en sentido amplio, revolucionario, histórico.
Un artículo citado por Leonardo Boff presenta dificultades por una tendencia a aceptar formas de censura y sobre todo, a establecer símiles entre la caricatura acida, directa, irreverente, con algunas mentiras que él cree encontrar en la revista brasileña Veja. Aclaro que para las mentiras y la falta de sustento a los artículos de opinión existe la ley de imprenta y los tribunales respectivos.

El centro de la caricatura es una visión abultada de un hecho, la burla, la irreverencia, con trazos que resaltan los defectos, no las cualidades. Y ello no puede ser motivo de censura, de autocensura o de legislaciones hechas al vapor. Y ello es lo que se pretende poner en cuestión por parte de todos los fundamentalismos, abiertos o solapados.
Mientras se hace más luz en el análisis, je suis Charlie.

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