Sociología-ambiental, santo grial del desarrollo regional sustentable

En el pasado reciente de Chile a instancias de la dictadura, la sociología y la ecología fueron desechadas a pesar de su importancia como funciones sociales de gran relevancia y lo que significan en sí mismas, como procesos entrelazados para el desarrollo de un país. Fueron consideradas en esa época como subversivas y de izquierda.


El desarrollo neo liberal que plantearon los economistas de la Universidad de Chicago al modelo de desarrollo en la década de los 80 del siglo pasado, nos trasformó en una sociedad de consumo que nos hizo olvidar completamente los valores sociales que nos caracterizaban culturalmente y todo se sustentó en la archí famosa teoría del “chorreo”.

En la actualidad la desigualdad social y el replanteamiento del ciudadano ante su realidad, han hecho resurgir estos conceptos olvidados por décadas en nuestra sociedad, vitalizando el debate y humanizándolo en todos los aspectos posibles, para que podamos por sobre todas las cosas mejorar la eficiencia, entendiendo que el ser humano y su relación social con el medio ambiente es fundamental para tener una perspectiva sustentable.La teoría que nos fue impuesta por décadas por el discurso gubernamental, que el mercado lo regulaba todo, incluso la misma proyección de vida de las comunidades, con el paso del tiempo se ha diluido totalmente. Se ha demostrado que no ganamos nada con alcanzar niveles importantes de consumo, si no obtenemos un adecuado equilibrio social y ambiental en las estrategias; en estas funciones se podría decir que está el santo grial de la sobrevivencia sustentable de la raza humana.

El desarrollo neo liberal que plantearon los economistas de la Universidad de Chicago al modelo de desarrollo en la década de los 80 del siglo pasado, nos trasformó en una sociedad de consumo que nos hizo olvidar completamente los valores sociales que nos caracterizaban culturalmente y todo se sustentó en la archí-famosa teoría del “chorreo”; nos dijeron que si les iba bien a las transnacionales, por añadidura nos iría bien a todos y lo único que realmente se pudo demostrar con el pasar de los años, fue un planteamiento netamente ideológico para manipularnos y sacarnos ventaja. Cuando se piensa de esa manera y se sustenta un modelo de desarrollo bajo esa premisa, lo único que logramos es desigualdad social y dominación.

El proceso de urbanización que sustentó el gran negocio inmobiliario, la primera etapa del modelo neo-liberal, destruyó la proyección de las ciudades al verlas simplemente como compartimentos sociales, desvalorizando la calidad de vida de la población menos favorecida, destruyendo el entorno, sin entender que la combinación de estos dos elementos (máxima-urbanización y neo liberalismo), provocarían un descalabro social que en la actualidad nos está pasando la cuenta, al no haber sabido armonizar lo social con lo medio ambiental.

Se permitió de igual manera, que las transnacionales administraran y explotaran un gran porcentaje de nuestros ya menguados recursos naturales, sin una adecuada estrategia de sustentabilidad que tuviese una proyección en el tiempo y que estuviese bajo la tutela del Estado, quien debe siempre velar por ellos.

Simultáneamente se aumentó la producción de los residuos tóxicos, deteriorando el medio biofísico y las cadenas regenerativas de la biodiversidad, afectando de sobre manera la salud de nuestro territorio.

La expansión de la sociedad de consumo destruyó la industria nacional y gran parte del mundo rural, provocando necesidades irreales y haciéndonos suponer que por el simple hecho de tener la posibilidad de consumir más estábamos mejor; idea que desbarató los valores que tradicionalmente representaban nuestra cultura, provocando un isomorfismo cultural, que alteró el equilibrio social, al confundir deseos con necesidades, distorsionando la esencia de lo que somos.

La globalización de la economía, la producción y el consumo, determinaron que pudiésemos alcanzar por un cierto periodo de tiempo un aceptable nivel de vida si lo comparamos con las décadas pasadas hasta los años 90 del siglo pasado y literalmente echamos la casa por la ventana al ceder nuestra autonomía económica. Con el tiempo estas variables que por mucho tiempo consideramos tan positivas, se transformaron en procesos negativos y desarrollamos el extractivismo económico, modelo que sustenta hasta el día de hoy nuestra economía, produciendo una gran cantidad de residuos tóxicos en las diferentes fases del proceso, aumentando considerablemente el valor de producción, transporte, maximizando los costos de los procesos de minimización de los residuos tóxicos, destruyendo la proyección de las regiones intervenidas.

Hoy tenemos la gran oportunidad de desechar estos falsos paradigmas que han tenido efectos tan negativos en la planificación urbana y rural de nuestra sociedad; bajo estos nuevos parámetros la sociología del medio ambiente debe ser tomada en consideración como les corresponde dada su importancia. Debemos aprovechar esta oportunidad y enfrentar el desafío renovadamente y crear un modelo de desarrollo propio, con un formato cultural y social que nos permita un modelo más representativo, de acuerdo con nuestras propias ventajas comparativas, con el fin de planificar una forma más de acuerdo con la visión cultural que nos representa, reconociendo su importancia y tomando en cuenta en los emplazamientos territoriales, sus características culturales y ser lo más autosustentables que nos sea posible.

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