Devaluación, flujos de capital y la justicia del rentista

índiceAlejandro Nadal
La economía mundial se encuentra nuevamente presa de los temores de una nueva crisis. Los síntomas surgen debido a los cambios en la postura de la Reserva federal frente a la política de flexibilización monetaria adoptada en 2010. Una nueva etapa de guerras cambiarias y de desequilibrios podría agravar la frágil convalecencia de la economía global.

La economía mexicana no es una excepción como lo demuestran las inquietudes relacionadas con la devaluación del peso mexicano. El peso ha mostrado gran volatilidad en los últimos meses, a pesar de que el Banco de México tiene en su poder más de 192 mil millones de dólares de reservas. Así que surge una primera pregunta: ¿cómo es posible que teniendo el Banco de México las reservas en su nivel más alto tenga tal vulnerabilidad el peso mexicano?

La respuesta se encuentra en la naturaleza de esas reservas y en la estructura del modelo económico imperante en México. Una parte importante de eso que se denomina reservas es el resultado de flujos de capital que han venido a México a comprar títulos financieros porque aquí se ofrece una recompensa mayor a la que se les brinda en otros países. El problema, desde luego, es que llamarle reservas a esas divisas es resultado de una torcida manera de ver el mundo económico. El dueño de los títulos financieros puede decidir canjearlos y recuperar sus divisas casi en cualquier momento (dependiendo del grado de liquidez de los instrumentos adquiridos) para salir del espacio económico mexicano, con lo que se reducirían las famosas reservas. Para decirlo en lenguaje llano, una parte importante de las reservas no son sino un préstamo que hay que devolver.

La entrada y salida de divisas para colocarse en instrumentos financieros afecta el tipo de cambio y la tasa de interés. El flujo de capitales contribuye a apreciar la divisa del país receptor, mientras que la salida de capitales tiene el efecto contrario y favorece la depreciación (devaluación) del tipo de cambio. Y aquí se presenta una grave distorsión en el papel que el tipo de cambio y la tasa de interés tienen en una economía. La entrada de capitales en una economía que sufre un déficit crónico en la balanza comercial (como México) aprecia el tipo de cambio y agrava el déficit comercial (encarece las exportaciones y abarata las importaciones justo cuando el ajuste debiera ser en sentido contrario).

Si las autoridades del país receptor quieren desalentar la salida de esos capitales, tendrán que aumentar la recompensa que ofrecen, por ejemplo, en sus títulos de deuda. El tipo de cambio deja de ser una variable relevante para corregir el desequilibrio externo, y la tasa de interés se transforma en una especie de herramienta para tratar de regular los flujos de capital. Las distorsiones se multiplican. Si la salida de capitales no se detiene, el tipo de cambio se devalúa, la inflación aumenta y los títulos financieros (denominados en pesos) pierden valor, lo que acelera la salida de capitales hasta caer en un círculo vicioso. Si la salida de capitales se frena porque aumenta la tasa de interés, lo más probable es que la economía crezca menos todavía, lo que agrava el desempleo y el déficit fiscal (menos recaudación).

Los dueños de los capitales extranjeros que hoy poseen títulos financieros denominados en pesos mexicanos están haciendo sus cálculos. Hay varios factores que están tomando en cuenta.Primero, la Reserva federal en Estados Unidos está ya cambiando su postura de flexibilidad monetaria. El anuncio de un buen desempeño en el marcado laboral estadunidense en noviembre lleva a pensar que en el primer trimestre de 2015 la Fed comenzará a incrementar la tasa de interés de referencia. En economías como México esto ya provoca sacudidas: los capitales comienzan a moverse y el tipo de cambio comienza a devaluarse.

Segundo, el desplome de los precios de petróleo agrava la situación de las finanzas públicas en México. Las reformas entreguistas en materia energética no permitirán al régimen cambiar este estado de cosas y tendrá que recurrir al financiamiento externo en condiciones cada vez más onerosas.

Las reservas del Banco de México aumentaron de manera vertiginosa entre 2008 y 2013, los años de inyección de liquidez al sistema financiero en Estados Unidos. Hoy que esa política está cambiando, los flujos de capital se revierten. Ni las intervenciones del Banco de México en el mercado cambiario, ni las líneas de crédito del FMI para respaldar el tipo de cambio, modifican este diagnóstico. Las autoridades monetarias están haciendo todo lo posible para que el capital rentista tenga su recompensa en el espacio económico mexicano. Con razón Peña Nieto piensa como ejemplo de justicia cotidiana en el caso de un propietario al que no le pagan su renta. Seguro se inspiró en el propietario de títulos financieros al que no le pagan sus intereses. Queda claro que desde Veracruz hasta Ayotzinapa, el gobierno busca mantener el espacio económico mexicano funcionando para el bienestar del rentista.

Twitter: @anadaloficial

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