Cada día

mujeres ixchel

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Por Leonor Hurtado –

Oscurecía. Me transportaba en camioneta con la aprensión que eso provoca en Guatemala. No llevés cosas de valor, fue la última advertencia que escuché. Así que sólo llevaba mi monedero.

Al hacer el primer cambio de bus me di cuenta que no llevaba la dirección del Centro Cultural al que planeaba ir. Estaba desconcertada. Subí al bus, después de pagar observé dónde había lugares disponibles para sentarme y escogí junto a una joven mujer indígena.

De inmediato la saludé y le conté mi problema. Me explicó que no conocía el lugar, pero sugirió varias alternativas para que pudiera resolver mi problema. Luego le pregunté ¿vas a estudiar?

Ella bajó la cabeza, de reojo con una mirada turbada dijo, ¿por qué me pregunta si estudio? Confundida, respondí tan pronto como pude, porque te siento muy intelectual. Ella con una voz quebrada señaló, es la primera vez que alguien me pregunta si estudio. Sí, estudio el sexto semestre de Derecho.

En ese momento las dos nos quebramos. Mis ojos se humedecieron, respiré profundo y la felicité. Luego le conté que tengo el honor de conocer a la primera abogada indígena graduada en Guatemala y compartí lo mucho que la admiro, le platiqué de la Asociación de Abogados Mayas y la magnífica experiencia que he tenido trabajando con ellos, le conté también de Mayra, mi amiga, una joven de San Juan Sacatepéquez quien recientemente recibió el título de Abogada.

En toda esa plática se pasó la parada donde me había sugerido bajar y me bajé con ella… lo que luego sucedió es secundario.

Ya en la cama pensé en la discriminación, en el racismo, en la opresión internalizada, en la superioridad del blanco. Esa abominable realidad que nos golpea a todas, que nos golpea a todos. No podía contener el llanto. Entonces me di cuenta que en Estados Unidos soy una mujer de color y cotidianamente sufro esa agresión. Ahora conozco lo que la mayoría de la gente sufre cada día en Guatemala.

www.albedrio.org

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