La pobreza laboral

gfgtgMª Luz de la Cal (*)

En el último lustro, al hilo de la crisis que se inició en 2008 en buena parte de los países más avanzados, los medios de comunicación se han hecho eco del fenómeno de la pobreza laboral[1]. Sin embargo, esta es una problemática anterior a la crisis que vivimos. La primera definición de trabajador pobre surgió en EEUU en 1960. En los años 90, la pobreza laboral parecía circunscribirse a los países anglosajones, pero diez años más tarde, aparece en todos los países, en diversos grados según las características de los mercados laborales y de los dispositivos de bienestar existentes. Frecuentemente se identifica la pobreza laboral con el empleo de bajos salarios. Aunque se trata de fenómenos que no van necesariamente de la mano veremos que sus conexiones son importantes. En estas páginas analizaremos las diversas definiciones existentes sobre esta realidad así como las implicaciones que tienen en cuanto a la visibilidad de todos los colectivos que trabajando, no son capaces de vivir de su trabajo de manera independiente y/o de mantener a sus familias. Además, daremos cuenta de la extensión de la pobreza laboral y de sus causas, poniendo especial atención a las importantes diferencias entre los países más avanzados y los países en desarrollo.

  1. ¿Qué es la pobreza laboral?

Según qué entendamos por pobreza laboral, el tamaño del problema varía de forma espectacular y se acota a ciertos colectivos y situaciones. Al definirla estamos también, aunque sea de manera parcial, ofreciendo una explicación de la misma.

La definición de pobreza laboral implica dos unidades estadísticas: los individuos, que son la base para clasificar a la población entre “trabajadora” y “no trabajadora”, y los hogares, que son la base para la clasificación entre “pobres” y “no pobres”. En este punto es necesario diferenciar la pobreza laboral o los trabajadores pobres de los trabajadores cuyo empleo tiene un salario bajo. Cuando se analiza el empleo de bajo salario, la observación es únicamente individual y no hay referencia alguna a umbrales de pobreza, sino que lo que se hace es definir qué se entiende por bajo salario en referencia al salario mediano de la economía (normalmente se establece en dos tercios del mismo)(Eurofound 2002).

Centrándonos en la pobreza laboral, las diversas definiciones difieren en cómo delimitan lo que es la población trabajadora y en dónde sitúan el umbral de pobreza:

Las definiciones del National Institute of Statistics and Economic Studies (Insee.fr) y de la Bureau of Labor Statistics (BLS) de EEUU consideran trabajadora a toda la población que haya participado en el mercado laboral al menos la mitad del período de referencia de un año, esté ocupada o parada. En el caso francés, con el fin de eliminar de la población trabajadora a los parados de larga duración, cuyo número es importante, se añade el requisito de que hayan estado al menos un mes empleados (Cazenave 2005). La definición de la OIT también es de este tipo, puesto que considera trabajadoras a las personas que han trabajado al menos una hora en la semana anterior a la encuesta (Gundogan et al. 2005). Estas tres definiciones difieren, asimismo, en los umbrales de pobreza establecidos: en el caso de EEUU la línea oficial de pobreza se construye en base a un presupuesto mínimo; en el caso de Francia el umbral se establece en términos relativos (el 50% de la renta nacional mediana); en el caso de la OIT se utilizan las líneas de pobreza del Banco Mundial de 1$ y 2$ por día y persona.

En otras definiciones, entre las cuales destacamos la europea, la población trabajadora considerada es más reducida, puesto que se trata de personas que hayan estado trabajando durante al menos 7 meses en el año de referencia y en el momento de la encuesta[2]. En cuanto al umbral de pobreza utilizado, es el habitual en los estudios de pobreza de Eurostat (60% de la renta mediana estandarizada) y con referencia a él, se construye la tasa de pobreza laboral[3]. De manera complementaria, se ha introducido también el indicador de “riesgo de pobreza según la intensidad de trabajo de los hogares”, que mide el riesgo de pobreza monetaria según el grado de vinculación que tienen los hogares con el mercado de trabajo[4].

Todas estas definiciones que combinan el nivel individual para el trabajo y el nivel del hogar para la pobreza, no permiten realmente poner en evidencia los vínculos entre pobreza y trabajo, ya que invisibilizan las situaciones desfavorables en el mercado de trabajo que son compensadas por el hogar. Ello es mucho más acusado en la definición europea, dado que restringe la población trabajadora a aquella que está ocupada durante un período más largo. De esta manera, no figuran como trabajadores pobres colectivos con situaciones laborales poco favorables, como es el caso de muchas mujeres, y al mismo tiempo, entre los trabajadores pobres se pueden encontrar personas que no tienen problema alguno con respecto al empleo, pero cuyos ingresos no son suficientes para situar por encima del umbral de pobreza el hogar al que pertenecen (fundamentalmente hombres). Por ello, se da la paradoja de que en los países europeos, en los que la situación de las mujeres en el mercado de trabajo es menos favorable que la de los hombres, la mayoría de los trabajadores pobres son hombres (Ponthieux 2009). Cabe plantearse si esta definición que deja fuera de la población trabajadora a buena parte de las personas que trabajan solo unos pocos meses al año y/o con jornadas reducidas, es adecuada para medir la pobreza laboral en un tiempo en el que la flexibilidad laboral es cada vez más frecuente e implica inestabilidad en el trabajo y los ingresos.

Propuestas alternativas (Ponthieux 2009) introducen la idea de medir los ingresos individuales procedentes de la actividad para identificar con más exactitud a la población trabajadora que es pobre. De esta forma se detectan las situaciones de dependencia económica. Esto no implica que el análisis de la pobreza laboral deba hacerse exclusivamente en términos individuales. Lo habitual es que los hogares estén formados por más de una persona, que estas personas compartan presupuesto y que sus estrategias para la obtención de recursos y la cobertura de necesidades estén interrelacionadas. Por ello, el análisis individual se debería complementar con un análisis a nivel de hogar con el fin de estudiar las compensaciones que se dan en el seno del mismo. Un enfoque similar, combinar el análisis individual con el del hogar, ha sido propuesto para la medición de la pobreza con enfoque de género (Godoy 2004).

  1. Incidencia de la pobreza laboral en las diferentes regiones del mundo y causas de la misma

La inexistencia de una única definición de la pobreza laboral, impide llevar a cabo una comparación internacional de este fenómeno, así que tendremos que recurrir a estimaciones realizadas para las diferentes regiones.

Lo primero a señalar es que la mayoría de las personas pobres del mundo se encuentran en los países de renta media y baja y que trabajan. En estos países los sistemas públicos de protección social son débiles y también lo son las posibles transferencias procedentes de las familias, así que a la población pobre no le queda sino la opción de trabajar. Lo hacen en sectores informales rurales o urbanos combinando múltiples actividades, con las que no son capaces de ganar lo suficiente para evitar la pobreza (OIT 2008). Según los datos de la OIT para 2011, en el mundo 200 millones de personas estaban desempleadas y había 1300 millones de personas pobres (vivían con menos de 2$ por día). En otras palabras, el 85% de las personas pobres del mundo trabaja y solo un 15% permanecía en paro (Fields 2011). Las estimaciones de Majid para el año 1995 situaban la pobreza laboral en los países de renta baja entre el 27 y el 30% según diferentes escenarios y alrededor del 7% en los de renta media (Majid 2001). Con esa misma línea de pobreza, las proyecciones de Kapsos para 2015 arrojan una tasa de pobreza laboral a nivel mundial del 40,8% con importantes diferencias por áreas (Gráfico 1)

En los países de renta media y baja, las características de buena parte de los empleos son: niveles de remuneración bajos a pesar de las largas jornadas; ingresos inseguros debido a que predomina el empleo informal; una parte importante de la fuerza laboral trabaja en la agricultura, es autoempleada o trabaja como ayuda familiar; la mayoría trabaja en el sector privado con poca protección social (Fields 2011). En cambio, en los países de renta alta, la pobreza está unida a la infrautilización del trabajo, tanto en forma de paro como en forma de subempleo y las cifras de pobreza laboral son relativamente bajas: un 7% en 2011 en EEUU[5]; un 9,1% en el conjunto de la UE28 en 2012, aunque con importantes diferencias entre los países del sur y los del norte (Gráfico 2)(Hanzl-Weiß et al. 2010).

En la UE hay análisis detallados de la pobreza laboral (Hanzl-Weiß et al. 2010), que nos indican que su perfil no difiere mucho del de la pobreza general. Afecta de manera más acusada a las personas con bajo nivel educativo, a los hogares monoparentales y a los que tienen menores a su cargo. Se reduce a medida que aumenta la edad y tiene más incidencia entre quiénes tienen empleos no estándar (parciales o temporales). Se da la paradoja anteriormente comentada de que la tasa de pobreza laboral entre los hombres es superior que entre las mujeres, a pesar de la situación laboral desaventajada de ellas, lo que tiene que ver sobre todo con la definición de población trabajadora que se utiliza. Para el caso de EEUU destaca como factor diferencial el elevado porcentaje de trabajadores pobres entre los de raza negra y los hispanos en comparación con los blancos y asiáticos, sobre todo en los niveles educativos más bajos.

La problemática de la pobreza laboral en los países avanzados ha venido generando poco debate político y académico hasta fechas recientes. El discurso dominante ha sido el de mejorar las oportunidades para que los desempleados encuentren trabajo, ya que las tasas de pobreza de los hogares con personas empleadas son muy inferiores a las de hogares en paro o inactivos. Incluso en EEUU, donde la población que trabaja tiene un peso importante en la totalidad de la población pobre[6], las investigaciones sobre pobreza han prestado más atención a los colectivos no empleados y los análisis se centran en la demografía y el desempeño económico dejando de lado las instituciones (Brady et al. 2013). En la UE, sobre todo a raíz de la crisis, se ha puesto de manifiesto que el empleo no es condición suficiente para escapar de la pobreza y se ve necesario asegurar que el empleo sea de calidad y que genere ingresos suficientes para una vida decente.

Recientemente, un informe de expertos en inclusión social (Frazer y Marlier 2010) ha sistematizado los principales factores que explican la pobreza laboral en la UE (Tabla 1). Creemos que son válidos para explicar esta problemática en cualquier región, aunque en cada caso los factores más relevantes sean diferentes.

En buena parte de los países en desarrollo, la baja calidad del empleo, así como los elevados porcentajes de empleo en la agricultura y de autoempleo, junto con el escaso desarrollo de las políticas sociales explican lo abultado de los niveles de pobreza laboral. En los países desarrollados, la proliferación del empleo de bajos salarios en las últimas décadas ha resultado determinante en la extensión de la pobreza laboral, aunque, como se aprecia en el gráfico 2, la incidencia varía de forma importante entre ellos, lo que tiene que ver, sobre todo, con la cobertura proporcionada por los sistemas de bienestar. “La pobreza laboral no es simplemente un problema que refleja el tamaño del mercado laboral de bajos salarios, sino que tiene que ver con una multiplicidad de factores institucionales que influencian la capacidad de los hogares para combinar ingresos en una época en la que hacen falta varias rentas para tener un nivel de vida decente” (Lohmann and Marx 2008: 37).

Tabla 1. Factores explicativos de la pobreza laboral

Estructura de la economía y del mercado de trabajo
  • Baja calidad del empleo y bajos salarios
  • Mercados de trabajo altamente segmentados y baja movilidad laboral ascendente
  • Formas de empleo no-estándar
  • Bajos salarios netos
  • Ocupaciones de riesgo: agricultura y autoempleo
  • Ubicación geográfica
Composición del hogar y baja intensidad laboral
  • Menores en el hogar
  • Baja intensidad de trabajo
Características individuales
  • Bajo nivel educativo
  • Nacionalidad
  • Juventud
Factores institucionales
  • Falta de regulación sobre salarios mínimos adecuados
  • Tasas impositivas relativamente altas a los bajos salarios
  • Expulsión de colectivos de la asistencia social al empleo mal remunerado
  • Soporte escaso a la infancia
  • Coste elevado o inexistencia de servicios esenciales (transporte, cuidado menores)
  • Prestaciones y servicios del Estado de Bienestar

Fuente: (Frazer y Marlier 2010).

Los regímenes de bienestar (entendidos como la interdependencia combinada del estado, el mercado y la familia) explican la incidencia y la composición de la pobreza laboral. Los países se enfrentan más o menos a la pobreza laboral dependiendo de la construcción institucional de los sistemas nacionales de empleo y protección social (Cazenave 2005). Los trabajos de Lohmann y Marx han mostrado cómo influyen el grado de desmercantilización[7] y de desfamilización[8] de los sistemas de bienestar en la pobreza laboral en ocho países europeos con diferentes regímenes de bienestar. Como ejemplos de régimen socialdemócrata, Finlandia y Suecia; como ejemplos de régimen conservador, Alemania, Bélgica y Holanda; como ejemplos del liberal, Reino Unido e Irlanda; como ejemplo de régimen familista del sur, Italia (Lohmann 2008). A más desmercantilización, menor será el nivel de pobreza laboral, ya que la existencia de transferencias aumenta los ingresos de los hogares y además afecta al nivel salarial que los trabajadores están dispuestos a aceptar. En cuanto a la desfamilización, tiene un efecto ambiguo sobre la pobreza laboral. Por un lado reduce la interdependencia generacional permitiendo, por ejemplo, que la juventud cobre subsidios y abandone el hogar familiar, pero por otro, reduce también la solidaridad familiar.

En los países socialdemócratas, la baja tasa de pobreza laboral se atribuiría a la amplia desmercantilización por la existencia de subsidios universales, un sistema para el cuidado de menores que permite trabajar a madres y padres y una distribución salarial comprimida que reduce el riesgo de baja remuneración. En el régimen liberal se esperan altas tasas de pobreza laboral porque el mercado es el principal proveedor de bienestar, las desigualdades salariales son amplias y el apoyo del estado en caso de bajos ingresos es escaso. Lo mismo ocurre en el régimen familista de los países del sur, aunque por otras razones: las familias son las proveedoras de bienestar y los subsidios son escasos e ignoran a las personas fuera del mercado laboral. En el régimen conservador las tasas de pobreza laboral son más moderadas porque los subsidios son más amplios y la baja remuneración es menos frecuente.

Además también han analizado el papel que juegan las instituciones del mercado de trabajo en la pobreza laboral a través de la densidad sindical y la centralización de la negociación salarial. Concluyen que una mayor densidad sindical y centralización de la negociación se asociarían con menor pobreza laboral. También otros trabajos (Brady et al. 2013) han encontrado que la sindicación reduce la pobreza laboral debido a que los sindicatos organizan la distribución de recursos mediante la elevación de salarios y subsidios y regulan los riesgos reforzando las regulaciones e incrementando la seguridad en el empleo. Además asignan oportunidades expandiendo y protegiendo la calidad del empleo y socializando expectativas que alientan la equidad.

Según estos análisis, la incidencia y el perfil sociodemográfico de la pobreza laboral en Europa occidental no pueden ser analizados sin una profunda comprensión del contexto institucional de cada país. Ahora bien, explicar la incidencia y la estructura de la pobreza laboral a través de las tipologías de bienestar nos da algunas ideas, pero también tiene obvias limitaciones (Lohmann y Andre? 2008). Esta estructura varía dependiendo del contexto nacional. A grandes rasgos, se puede decir que hay importantes tasas de pobreza laboral entre la juventud, sobre todo en los países del norte en los que la emancipación es más temprana. En los países del sur, esta juventud se queda en el hogar familiar porque carece de derechos sociales y no tiene acceso al mercado laboral, y está protegida contra la pobreza. Sería una pobreza encubierta. Es un caso parecido al de las mujeres, que pueden tener tasas de pobreza relativamente bajas porque están protegidas por la familia. En los países liberales la pobreza laboral afectaría tanto a jóvenes como a trabajadores mayores porque el mercado laboral está menos regulado. Los hogares con una sola persona perceptora de ingresos y menores a cargo, tienen importante riesgo de pobreza laboral en todos los países, y su número es significativo en los países del sur y también en los conservadores, en los que el modelo de empleo de “hombre ganador del pan” es el que predomina.

Entre los países hay diferencias en el tamaño de estos grupos y ello va a dar como resultado diferentes perfiles de pobreza laboral. Pero se debe tener en cuenta, que la composición de los hogares y los modelos de empleo no son algo exógeno, sino que son el resultado de las instituciones del mercado laboral y de bienestar existentes (Lohmann 2008).

A modo de resumen, puede decirse que la pobreza laboral es el resultado de procesos complejos en los que intervienen diversos factores. Por una parte, los salarios que individualmente pueden conseguir las personas que integran un hogar (que vienen dados por la regulación, la estructura y el funcionamiento del mercado laboral, así como las características de estas personas), por otra parte, otros ingresos (cuya cuantía estará influida por las políticas fiscales y sociales) y, finalmente, por la propia estructura del hogar y su ciclo vital.

  1. Reflexiones finales

Los resultados de las investigaciones presentadas en estas páginas indican que los niveles de pobreza laboral están relacionados con la estructura y el funcionamiento de los mercados de trabajo y con los sistemas de provisión de bienestar. La dirección de los cambios habidos en ambas áreas en las últimas décadas en buena parte de los países avanzados puede tener como resultado un aumento de la población trabajadora incapaz de generar ingresos suficientes para evitar la pobreza.

Como consecuencia de la flexibilización de los mercados laborales y la presión de la creciente competencia derivada de la globalización, el trabajo está cada vez más sometido a los altibajos de la coyuntura económica, que son cada vez más amplios y frecuentes por la incapacidad de los gobiernos de los estados-nación para regular los niveles de actividad económica. Además, la competencia en los mercados de trabajo se ha incrementado de manera muy acusada, tanto debido a que la incorporación de China, India y los antiguos países socialistas a los mercados mundiales ha duplicado la fuerza de trabajo mundial, como a que el coste de la fuerza de trabajo ha caído por la subcontratación (Fields 2011). A ello hay que añadir, sobre todo en el caso de algunos países, el retroceso en los niveles de apoyo estatal a los sectores de renta baja.

Por otro lado, también se debe señalar otro cambio fundamental referido a la orientación de los estados de bienestar hacia el empleo, que es el giro hacia las políticas de activación. Significa que se refuerza la relación entre protección social e integración en el mercado de trabajo (Lohmann y Andre? 2008). Aunque las estrategias difieren por países, en toda Europa la idea de que hay que generar inclusión social mediante la inserción en el mercado laboral más que mediante prestaciones sociales, se ha convertido en relevante. Además, el aumento de la participación laboral se ve como un elemento necesario para impulsar la competitividad europea en la economía globalizada. La implementación de estas políticas tendrá como resultado un aumento de los grupos desaventajados en el mercado laboral, lo que puede originar un aumento de la pobreza laboral. El escenario en Europa se iría aproximando al de otros países en los que una mayor proporción de la población pobre trabaja.

Las políticas de activación tienen como principal colectivo diana las personas perceptoras de rentas mínimas o rentas de garantía de ingresos. La cuestión que se plantea es que una parte de estas personas estaría afectada por la denominada trampa de la pobreza o la desincentivación del acceso al mercado de trabajo provocada por las prestaciones asistenciales. Lógicamente, la dimensión de este colectivo varía según la cuantía de las prestaciones y el posible salario que obtendría si estuviera empleado. Uno de los principales instrumentos de activación es establecer diferencias entre los ingresos derivados de la participación en el mercado de trabajo y las rentas mínimas y caben tres posibles vías. Primero, la de incrementar los salarios, fundamentalmente el salario mínimo. Ha sido descartada en un contexto en el que la rebaja del coste laboral ha sido una de las principales vías de impulso de la competitividad empresarial, sobre todo en los sectores menos productivos de la economía y en los países del sur de Europa. Segundo, reducir la cuantía de las prestaciones, lo que resulta complicado en las economías en las que éstas no alcanzan altos niveles de generosidad. Tercero, la de complementar los ingresos laborales de las personas perceptoras de las rentas mínimas, cuando los ingresos obtenidos por trabajar no alcancen unos mínimos establecidos. Aunque estos mecanismos han sido ampliamente utilizados, no dejan de plantear interrogantes. Pueden interpretarse como una subvención al capital que, ante la existencia de los mismos, queda dispensado de remunerar adecuadamente a la mano de obra, transfiriéndose a la colectividad una parte de la responsabilidad de las empresas. De alguna manera, se renuncia a modificar la distribución primaria de la renta y a atajar las raíces de la pobreza y la desigualdad. Se actúa con “políticas de final del cañería”, desatendiendo a las causas de estos procesos y tratando únicamente algunos de sus efectos.

Otra de las consecuencias de estas tendencias y políticas es que el modelo europeo se desdibuja como posible referencia para las economías de renta media y baja. Con todas sus imperfecciones e interrogantes con respecto al dinamismo económico de esta parte del mundo, puede decirse que el modelo europeo ha posibilitado que la población disfrute de unos niveles de prosperidad sin precedentes.

Los análisis citados en estas páginas, que vinculan las estructuras institucionales con la incidencia y la composición de la pobreza laboral en los diferentes países, resultan de gran importancia. Con ellos se pone el acento en los factores estructurales explicativos de la pobreza entre la población ocupada, y no en las características individuales o en las circunstancias personales o familiares. De esta manera se trata la pobreza laboral, no como un fenómeno exógeno e independiente del funcionamiento del capitalismo, sino como uno estructural y provocado por la propia dinámica del sistema.

[1] También se utiliza el término “trabajadores pobres”, pero procuraremos utilizar el de pobreza laboral por ser neutro desde el punto de vista del género.

[2] En otras definiciones, la población trabajadora se delimita de manera diferente. En Suiza el criterio es que en el hogar haya al menos un trabajador a tiempo completo. En Alemania se asimilan los trabajadores pobres con los trabajadores de bajo salario (un salario inferior el 75% del salario mediano a tiempo completo)(Cazenave 2005).

[3] El concepto de “in-work poverty” surge en 2003 en el marco del Método Abierto de Coordinación y se propone como indicador de calidad del empleo. Ha sido traducido como pobreza activa (Zalakain 2006).

[4] Se calcula gracias a un calendario mensual de actividad que divide el número de meses trabajados entre el número de miembros del hogar en edad de trabajar. Varía entre 0, cuando ninguno de estos miembros trabaja, y 1 cuando trabajan todos. La tasa de pobreza de todos los hogares con intensidad de trabajo mayor que cero sería una expresión de la pobreza laboral.

[5] Según la BLS se trata de personas que han estado al menos 27 semanas activas (trabajando o buscando empleo) pero que sus ingresos están por debajo de la línea oficial de pobreza.

[6] En EEUU alrededor del 40% de las personas que están bajo el umbral de pobreza trabaja (Bureau of Labor Statistics 2013), mientras que en la UE trabaja alrededor de un tercio de las personas en riesgo de pobreza mayores de 18 años (Comisión Europea 2012).

[7] Indica el grado en el que el bienestar de la persona no depende del mercado. Se puede definir como el nivel y la disponibilidad de transferencias a las personas que están fuera del mercado laboral. En el estudio citado se analiza a través de la tasa de reemplazo de los subsidios de paro.

[8] Tiene que ver con la independencia de la persona con respecto a su familia. El grado de desfamilización va a afectar a la independencia de tres colectivos principalmente: las mujeres con respecto a los cuidados de menores y ancianos, los jóvenes adultos mal remunerados y las personas mayores. En el estudio citado se analiza a través de los subsidios monetarios y los servicios a las familias.

Lecturas y recursos Web recomendados

(Autora: MªLuz de la Cal, de Hegoa. Instituto de Estudios sobre Desarrollo y Cooperación Internacional. Universidad del País Vasco. UPV/EHU)

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