El libro de la transgénesis: protegiendo el mundo de las semillas

madRoberto Rodriguez

Tic toc. Tic toc. Tic toc

Recientemente asistí a una conferencia internacional “La justicia comienza con las semillas” de la “Alianza por la Preservación de la Biosfera”, en Portland, Oregón. Fue reveladora y discordante pero también muy enfocada: oposición a los tratados de comercio y leyes que permiten modificaciones genéticas y alimentos con organismos genéticamente modificados (GMO en sus siglas en inglés), mientras promueven la variedad en los alimentos, sobre todo alimentos locales seguros y orgánicos.

Entre los cuarenta ponentes había gente con formación biológica y científica, educadores, abogados, activistas de derechos humanos y agricultores ecológicos. Lo que todos ellos tenían en común es que poseían una riqueza de información y el deseo de proteger las semillas sagradas del mundo de los corporaciones multinacionales productoras de transgénicos como Monsanto, Dow y Dupont.

Para decir la verdad, la información presentada en la conferencia fue muy deprimente, con un aura apocalíptica, especialmente con respecto a lo que ha sucedido en el abastecimiento de alimentos durante esta última generación. Al mismo tiempo, no había signos de derrotismo porque todos, generalmente, se han unido con ese movimiento para combatir los esfuerzos de las corporaciones extralegales – corporaciones que virtualmente escriben sus propias leyes eximiéndose a sí mismas de las regulaciones y leyes respecto al medioambiente, al trabajo, la seguridad y los derechos humanos. Mientras esto fue siempre el caso, con el advenimiento de los transgénicos, lo que estas corporaciones hacen ya llega al nivel de crímenes contra la naturaleza, contra la humanidad y contra la tierra misma.

Yo había sido invitado a esta conferencia porque los organizadores sintieron que el mensaje de mi próximo libro, “Nuestro sagrado maíz es nuestra madre” (University of Arizona Press), era un mensaje que entraba en el marco de la conferencia.

Para mí, el mensaje principal de mi presentación es un recuerdo para los que venimos de culturas basadas en el maíz:

Maíz es lo que somos.

Es de dónde venimos,

Es el material que nos constituye,

Es nuestra carne,

Es nuestro sustento diario, y

Y por eso vivimos.

Cuando acababa de arribar, cuestioné cómo el mensaje que estaba trayendo, entraba dentro de la conferencia anti-GMO. Quizá fuera una pregunta equivocada ó quizás no debiera haber sido una cuestión, porque virtualmente todas las personas indígenas y todas las personas provenientes de las culturas basadas en el maíz entienden lo sagrado de las semillas, su importancia y nuestra necesidad de protegerlas, especialmente de la ingeniería genética.

La finalidad de la conferencia fue disparar las alarmas: El abastecimiento mundial de alimentos ha sido secuestrado por un puñado de corporaciones, y a menos que montemos una campaña internacional contra ellas, virtualmente todos nuestros alimentos serán pronto genéticamente tratados y contaminados, en detrimento, no simplemente de todos los seres humanos, animales y plantas, sino de toda vida en el planeta. Por decirlo muy eufemísticamente.

Son las 23:59h.

Tic toc. Tic toc. Tic toc.

La inminente crisis sobre alteraciones genéticas y alimentos contaminados es peor que el cambio climático sobre el que los científicos han estado clamando frenéticamente durante aproximadamente una generación. Es peor que la crisis sobre la privatización de las fuentes de suministro de agua. En realidad, están relacionados, y las amenazas de las modificaciones genéticas son más ominosas de lo que suena, porque realmente, nosotros somos lo que comemos, y los GMO tienen el potencial de afectar la vida de cada ser humano y la vida del planeta.

Y lo que estamos comiendo… Ud. no quiere saberlo. Y este es realmente el problema. Mínimamente, todos deberían saber que el 99 por ciento de la carne de los EEUU se produce en fábricas-granjas, con un gran porcentaje de animales alimentados con granos GMO. Pero la amenaza va mucho más allá de lo que comemos, bebemos y respiramos. La amenaza proviene de “los pesticidas de rigor”… la amenaza proviene de los cultivos con ingeniería genética, que están creando súper insectos resistentes a poderosos insecticidas. La amenaza es también de las malezas que son resistentes a los herbicidas. Todos estos agroquímicos están destruyendo nuestro maravilloso suelo y contaminando toda el agua del mundo a un ritmo sin precedentes con productos químicos cancerígenos. Y es peor porque la mayoría de los productos transgénicos están siendo usados para alimentar a los animales que comemos y, cada vez más, para producir gasolina.

Tic toc. Tic toc. Tic toc.

Hay también algo llamado bioagricultura. Los científicos se refieren a esto como “modificación genética con hormonas” y este es el uso de plantas modificadas genéticamente para crear drogas sintéticas. Las modificaciones genéticas en plantas también pueden ser usadas como armas (algas y árboles).

La mitad de los ponentes presentaron un rápido acercamiento al escenario del desastre. Ello incluye información acerca de las modificaciones genéticas en vertebrados: salmón, cachorros, cerdos y vacas. Hay incluso escenarios de ingeniería genética de embriones humanos para que sean intolerantes a la carne roja – como una solución para combatir el cambio climático. Y las noticias no van mejorando: hay la posibilidad de embriones híbridos humano-animales. Suficiente para decir que a menos que como especie pongamos freno a los alimentos GMO, tenemos delante un futuro de Frankenstein. Pero desafortunadamente, este futuro, ya está aquí.

Pero no se desesperen.

Los otros presentadores describen exitosas batallas que tienen lugar a lo largo del país y del mundo, combatiendo a este puñado de codiciosas corporaciones.

Una batalla actual supone la Medida de Obregón 92, que obliga a etiquetar todos los productos de ingeniería genética vendidos en el estado. Mientras que es poco usual en los EEUU, las empresas americanas ya tienen que etiquetar sus alimentos GMO en más de 60 países. Si la Medida 92 tiene éxito, los organizadores se movilizarán para proyectos similares en California y en otros estados.

Las corporaciones de transgénicos siempre se han negado a etiquetar los alimentos GMO porque si los consumidores pueden elegir optarán por alimentos no-GMO. Por eso el optimismo. A pesar de los esfuerzos de las corporaciones de transgénicos para suprimir la investigación, las conclusiones y la verdad, si el etiquetado se consigue, los consumidores siempre volverán a rechazar los alimentos con GMO.

La parte más inspiradora de la conferencia son las noticias sobre la demanda colectiva presentada por la Fundación Semillas de Vida para prohibir la plantación de maíz GMO en México. El año pasado, la corte dictó una moratoria que prohíbe la plantación de maíz GMO, hasta que se haya dictado sentencia en el juicio. No está prohibida la importación de maíz GMO; simplemente prohíbe plantar dicho maíz en el país, reconociéndolo como la cuna del maíz hace miles de años.

A pesar de estar siendo machacados por 100 súper-abogados de Monsanto, los 53 demandantes – una coalición de indígenas, organizaciones de derechos humanos y consumidores – se sienten seguros de que ellos eventualmente van a triunfar. Dentro de este asombroso movimiento, fui invitado a transmitir mi mensaje, y fue simple: cuando tú consideras sagrado tu cuerpo, la última cosa que quieres hacer es desacralizarlo con toxinas o con algo antinatural, en particular, alimentos GMO. Muchos pueblos que tienen culturas basadas en el maíz, han perdido sus historias, rituales y ceremonias, pero aún queda la más importante conexión, es decir, la conexión diaria con la tortilla, judías y chile (cactus y calabacín también). Lo cierto es que la comida de los indígenas de este continente – si no es tóxica o genéticamente modificada – es la comida más sana del mundo.

Desafortunadamente, la gente de culturas basadas en el maíz está ya mostrando una crisis de obesidad – lo cual incluye tasas por las nubes de diabetes y enfermedades cardíacas. Para nuestras comunidades, comer saludablemente –una dieta descolonizada- ya no es una opción. Vencer la crisis de la obesidad significa volver a la dieta indígena; pedir simplemente que nuestros alimentos no sean genéticamente modificados no es un enorme salto a hacer. Dentro de este contexto, los que hacen la cosecha – expuestos directamente a los agroquímicos – tampoco deberían ser dejados de lado en la ecuación de la lucha por la elección de alimentos, justicia y soberanía alimentaria… esto ha sido la razón del movimiento United Farm Worker’s desde su comienzo.

Esto es también la perspectiva más amplia. Mientras combatimos estos cultivos ilegítimos, la gente también debería entender que muchos de nosotros estamos también luchando por nuestra propia humanidad. En Arizona – en realidad todo el país – la gente de tez marrón es vista como gente ilegal ­– sujeta a ser cuestionada por la policía o por los “migra” – o como los llamamos nosotros: los “poli-migra”.

Afirmar nuestra completa humanidad, con todos los derechos humanos y luchando por el derecho a comida sana y asequible (no alimentos GMO) de verdad no es un esfuerzo tan enorme.

Roberto Rodriguez enseña en el Departamento de Estudios Mexicanos de la Universidad de Arizona

 

Traducción para www.sinpermiso.info: Juan Carlos Salzberg

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