Organismos Genéticamente Modificados: Cuando los periodistas científicos olvidan hacer periodismo

paisajes-al-oleo-de-flores-modernasIrina Castro

educación científica?

El 4 de julio de 2014 fue publicado en la edición impresa del diario Público,  en la sección de Ciencias, un artículo periodístico sobre la controversia político-científica alrededor de la labor realizada por el equipo de científicos liderados por el famoso biólogo molecular francés Gilles-Eric Séralini. Aunque la noticia tiene varios meses de retraso con respecto a los acontecimientos que describe el título GMO-cuando los científicos se olvidan de hacer ciencia” prometía informar a los lectores portugueses sobre una controversia internacional de gran impacto político global.

Sin embargo, rápidamente la controversia pasó a ser otra. Como se puede ver en la versión online, hay varios comentarios que cuestionan el tono periodístico de Ana Gerschenfeld -autora del artículo- llegando incluso a acusar a la autora de un estilo de cronista – es decir un  tema periodístico situado en primera persona y narrado sobre el universo de la opinión- y sesgado  en relación con los hechos del caso. Una lectura atenta de la misma nos permite percibir, por su estilo,  que la pasión de la autora por el periodismo de ciencia la ubica a veces en a veces en la endémica trampa de este tipo de periodismo, el de querer ser científico. Comunes a quienes la practican, una de las reglas básicas de esta forma de periodismo es tener claridad que la profesión de un/una periodista de ciencia no es la de hacer ciencia, sino más bien la de informar al público con eficacia. Por otro lado, el artículo de Ana Gerschenfeld, así como la de muchas de sus notas, se encuadra en la débil historia de periodismo científico en Portugal.  De hecho, periodismo de  ciencia en Portugal es poco trabajado en los cursos de formación de profesionales y poco promovido los medios de información. Su apuesta, surge impulsada por políticas públicas de divulgación y comunicación de ciencia  promovidas al nivel de la educación para las ciencias experimentales, de los que son ejemplo los proyectos iniciados en 1996 por Ciencia Viva.  No obstante habría que esperar, que casi 20 años después de la apuesta a la comunicación de la ciencia – como una forma de aproximar la sociedad  a la práctica y los descubrimientos científicos – que el periodismo de ciencia ya hubiese aprendido como son sus propias bases y no  limitarse a replicar las gacetillas de los centros de investigación o de otros periodistas de la ciencia, particularmente en un contexto de controversia.

Controversia científica

La controversia científica es en sí mismo un objeto periodístico exigente y difícil de trabajar, sin embargo, también es uno de los temas más atractivos para las/los periodistas. No es pues inocente el hecho de que ese artículo haya tenido derecho a dos páginas en la versión impresa de aquel día.  Al público le gusta la controversia y los editores aplaudirán este gusto con la expectativa de aumentar su audiencia. Pero las controversias no se entregan en bandeja de plata, estos casos requieren un estilo de informe directo y de  presentación de las diversas rupturas epistémicas originadas en la confrontación,  así como los impactos de corto y larga plazo de la controversia, algo que Ana se olvida a menudo. Por otro lado, la periodista, al limitarse a replicar las posiciones representadas en otros artículos de periodismo de la ciencia sobre el caso, se olvida también de otro elemento fundamental del periodismo, la de mantener una consolidada y extensa lista de fuentes, con el fin de contextualizar la controversia en el contexto en el que escribe. A pesar de las grandes virtudes que la controversia puede traer a la o a el periodista, un mal reportaje puede ser fatal, especialmente- y como es el caso cuando la controversia no es sobre los hechos científicos, sino sobre la obra periodística. Esto es en realidad una insuficiencia crónica de Ana Gerschenfeld. Un o una buena periodista de ciencia tiene siempre un agudo sentido de olfatear las controversias en torno de las nuevas tecnologías y descubrimientos científicos, ya sean dentro de la ciencia, o tengan un impacto social. En otra obra escrita por Ana el 14 de abril de 2014  “Bajos niveles de la glucosa pueden ser una causa de violencia doméstica”  la periodista presenta el estudio “realizado por los psicólogos en los Estados Unidos”, como si el hecho de  ser psicólogos y  de que el estudio se haya llevado a cabo en los Estados Unidos fuera lo suficiente para legitimar el método, así como la conclusión absurda y determinista de que esa hipoglucemia (literal: bajo azúcar en la sangre)  es la causante de la violencia doméstica, des responsabilizando así los agentes de la agresión, negando los rasgos culturales de una sociedad patriarcal, machista, negando y ocultando los factores determinantes detrás de hambre. En definitiva, la mera reproducción de una nota de prensa, no satisface ninguna función de información desde el punto de vista del periodismo científico, además de negar el requisito interdisciplinario y multiprofesional que  la violencia doméstica exige y de la acción pública necesaria.

Pero en relación al artículo sobre la controversia que involucra a Gilles-Eric Séralini, Ana Gerschenfeld olvidó 9 importantes puntos que también constituyen la historia de esta controversia:

1.-Gilles-Eric Seralini es un biólogo molecular de la Universidad de Caen desde 1991 y Presidente del Consejo científico de la CRIIGEN (Comité de independiente de investigación e información sobre ingeniería genética). Es un experto consultor del gobierno francés sobre la evaluación de riesgos de los transgénicos, así como de la Unión Europea. Tiene varias publicaciones sobre el tema en revistas científicas de alto impacto, habiendo sido premiado en 2008 por el Ministerio de Ecología por su carrera.

2.-La decisión de la retracción del artículo se basa en el número de los animales muestreados-200. A pesar de la revisión hecha en 2012, la revista considera demasiado bajo el muestreo y exige a  e Séralini retirar su artículo. 200 fue también el muestreo utilizado por Monsanto en sus estudios sobre el mismo transgénico, pero los resultados fueron opuestos a los de Séralini.

3. Más importante es averiguar cuáles son las condiciones en que el Comité de Ética de la revista define una situación como de retracción. La retracción es una figura que protege el editor de una mala praxis científica, falsificación de datos, plagios y publicaciones redundantes. Ninguno de estas figuras es parte de las acusaciones que llevan a la retracción del artículo de Séralini.

4. El método experimental de Séralini corresponde a una copia de la estructura experimental presentada por Monsanto al momento de la evaluación de su producto (90 días), con el único cambio de que la exposición, en el estudio de Seralini, fue realizada con el propósito de comprender los efectos de largo plazo (2 años) del maíz NK603 y sus pesticidas pares.

5. Los estudios de Séralini abren importante interrogantes sobre los efectos crónicos de la exposición a OGM y pesticidas pares.

6. Este estudio tuvo como resultado el anuncio de la cooperación entre la autoridad de seguridad alimentaria europea y otras autoridades nacionales, con el fin de evaluar el efecto a largo plazo de los pesticidas y transgénicos pares.

7. Un mes después de la publicación del artículo de Séralini, Rusia suspendió la importación de maíz transgénico de Monsanto.

8. La retracción del artículo es acompañada por la llegada al Consejo Editorial (editor de biotecnología) de la revista Food and Chemical Toxicology, de Richard Goodman – biólogo que trabajó entre 1997 y 2004  para la multinacional Monsanto. Richard Goodman  es también conocido por ser un cabildero de la compañía por su relación con el Instituto Internacional de Ciencias de la Vida (ILSI).

9. Los científicos que desarrollaron experiencias tendientes a (re) evaluar la seguridad de estos productos han sido  históricamente perseguidos por las transnacionales que sostienen su producción y comercialización.  Son ejemplos: Ignacio Chapela, Universidad de Berkeley, Arpad Pusztai, Rowett Institute (forzado a retirarse), y Andrés Carrasco, Universidad de Buenos Aires (su equipo fue agredido durante una conferencia en La Leonesa, Argentina). Andrés Carrasco murió en mayo de este año.

Por lo tanto, no estamos en la misma. Sabemos que un periodismo científico puede favorecer a una empresa transnacional como Monsanto. Sabemos que un público educado para  la ciencia puede seleccionar y juzgar una parte del periodismo. Y una cosa es cierta: no es con mal periodismo científico – pues es de eso que se trata –  que lograremos un público cada vez más educado y crítico de los impactos del desarrollo científico y tecnológico.

Irina Castro es estudiante de doctorado CES/FEUC. Trabaja sobre las relaciones entre la ciencia y la sociedad.

Traducción para www.sinpermiso.info: Carlos A. Suarez

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