Fútbol, proyecciones y fascismo: algunas líneas PINTOrescas

1404337178514.jpg-620x349:: Onésimo Rodríguez Aguilar :: Paquidermo

Podemos llegar a un acuerdo: los logros de la Selección Nacional de Costa Rica, beneficiaron o beneficiarán, de manera objetiva, a los directamente involucrados: federativos, clubes de fútbol y, evidentemente, cuerpo técnico y jugadores. Sino, que lo diga la Federación de Fútbol que recibirá 14 millones de dólares como premio por lo realizado por la Selección en el Mundial, los clubes, que podrán vender a sus jugadores estelares en cifras millonarias inimaginables, a no ser por la “magia” mundialista que los “mostró” como más que buenos jugadores, o bien, que lo diga Keylor Navas, que, según la prensa española percibirá un total de 5 millones de colones diarios en su nuevo, aunque aún no confirmado club, el Real Madrid. Para el resto de mortales, como usted o como yo, las objetivaciones de los triunfos de la “tricolor” en Brasil 2014 son y serán metafísica nacionalista.

La gente sabe esto, tampoco es tan ingenua, como parecen pensarlo algunos colegas intelectuales. A pesar de ello, las celebraciones de las victorias, el famoso pase a segunda ronda dejando en el camino a las Selecciones de Uruguay, Italia e Inglaterra, el pase a cuartos de final ganándole en penales a Grecia y el inédito octavo lugar del mundial del fútbol, al empatar y posteriormente perder en penales contra la poderosa Selección de Holanda, fueron interiorizados como triunfos propios por mucha de la población de este país; no toda, recordemos que existen los/as agnósticos/as del fútbol.

¿Qué sucede acá? Evidentemente, no se puede obviar la fuerza del discurso nacionalista y las implicancias socioculturales de este fenómeno metafórico, discursivo y objetivo; sin embargo, sería importante pensar este fenómeno desde otro lugar: la subjetividad. Sí, las experiencias y sentimientos individuales-particulares de cuantos vivimos las sensaciones de un Mundial de Fútbol en este pedazo de tierra.

Me parece que gran parte de la lógica de hacer propias las victorias de la “sele” obedece a una actitud proyectiva, es decir, sentir como nuestros los triunfos de otros cercanos, precisamente, porque son realizaciones imposibles para el común de los mortales. De esta manera, no es de extrañar que, de una forma bipolar, aquellos a quienes se recibían como héroes hace pocos días y se vitoriaban al frente del Monumento a León Cortés en la Sabana, sean hoy una especie de enemigos públicos: Bryan Ruiz, capitán de la Selección, exaltado hace unos días, es hoy, según algunos comentarios de aficionados en la cuenta de facebook del jugador, un “traidor fracasado, que no ha podido triunfar en Europa” (alguien tendría que recordarle a estos aficionados que Ruiz fue campeón y goleador con su modesto equipo el Twente en la Eredivisie de Holanda y que además jugó en la Premier League inglesa para recalar nuevamente en Holanda con el afamado PSV Eindhoven); Paulo César Wanchope, goleador insigne de Costa Rica, es hoy un “negro cerruchapisos”, Saborío, otro de los goleadores históricos de la “sele” es un “indio ignorante”; y así, podemos seguir citando casos de jugadores recibidos como figuras ejemplares pocas horas después de su último partido mundialista, y que hoy, según muchos “aficionados”, son “fracasados”, “ignorantes”, “mediocres”, “llorones”, “indisciplinados”, “cobardes”, “traidores”, “poco profesionales”, “vagabundos”, etcetera.

Proyectamos en otros nuestras propias necesidades, ansiedades y angustias. Muestra de ello es la afuncionalidad de varias de las instituciones públicas y privadas que en nuestro país viven aquejadas por una burocracia anquilosada que se resiste a la “disciplina”, misma que se exige de otros en quienes depositamos nuestras más profundas imposibilidades de realización cotidiana ¡Vaya situación! Exigimos una ética que nosotros mismos no estaríamos dispuestos a cumplir.

Tampoco es de extrañar entonces que el artilugio se complemente con la idea de que el líder autoritario es necesario, aquel que reprenda y persiga, que constante e insidiosamente tenga vigilados a sus súbditos (en este caso jugadores de fútbol), es decir, la fantasía fascista surge desde lo popular y se articula con otro conjunto de manifestaciones de los sujetos que instrumentalizan poderes hegemónicos. No se solicita un entrenador para la “sele”, se exige un dictador, cuando la mayoría de nosotros no estaríamos dispuestos a vivir 5 minutos dentro de un regimen de este tipo.

Žižek escribía, “las ideas dominantes no son las ideas de los dominantes”, esto es, las ideas de los que están arriba (Gobierno, Federación Costarricense de Fútbol, el entrenador y demás fauna), nunca son las ideas de los de arriba, más bien, esas nociones son rearticulaciones compuestas de contenidos populares auténticos, que son deformadas y que reproducen a su vez relaciones de dominación y explotación. El malestar social (el de la gente común y corriente como usted o yo) se vuelve el motor para las implementaciones dictatoriales y autoritarias. Así, el carácter agresivo y autoritario de un sujeto (visto como víctima) es celebrado, en lugar de ser censurado.

Las PINTOrescas alabanzas inconmesuradas hacia el sujeto autoritario me ponen a pensar: ¿Cuál es el tipo de líder que deseamos? El problema con la fantasía es que, posteriormente, a través, de un chantaje de nuestro propio inconciente (¿colectivo?), la realidad se puede confundir con esa fantasía perversa añorada (el individuo que ponga orden como sea y por encima de quien sea), y por fin, tendremos eso con lo que siempre fantaseamos, pero ya será demasiado tarde.

Revista Paquidemo

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