Una triste realidad

violencia guatemalaPor Celeste Ruiz

La constitución Política de la República de Guatemala, establece en el Título I, capítulo único, artículo 2 que es deber del Estado garantizar a los habitantes de la República la vida, la libertad, la justicia, la seguridad, la paz y el desarrollo integral de la persona. Cada día se observa en los noticieros, en las rutas de camino hacia el trabajo, en el mismo trabajo, en los alrededores de los centros educativos, en el vecindario, en fin, en toda Guatemala que la violencia está aumentando de manera acelerada y el Estado hace poco porque esta situación disminuya. A diario se sabe de familias que han quedado destrozadas y con gran temor porque la violencia ha alcanzado sus hogares, y el resto de familias que aún no han sido afectadas directamente, vive con el temor a que esta violencia los alcance.

¿Qué le pasa a Guatemala? Estará condenada a que sus pobladores vivan con el temor y la frustración de no poder hacer nada ante tanta violencia que los rodea. El Estado cada vez más muestra su incapacidad para garantizar el derecho a la vida y la justicia, así como la integridad y seguridad de la persona.

En la semana que recién acaba de terminar, me enteré de una noticia que me ¡dolió tanto y me indignó!, ver como un joven, de catorce años de edad, a quien tuve el privilegio de conocer durante un año escolar, un niño noble, humilde y respetuoso, su vida le fue arrebatada. A pesar de que ya habían transcurrido dos años desde que estuvo en un salón de clases como mi alumno, siempre que me veía, me saludaba con una enorme sonrisa dibujada en su rostro, eventualmente me iba a visitar al salón de clases y se sentaba a platicar conmigo.

La tarde del martes 22 del presente mes, se encontraba jugando un partido de fútbol con sus amigos del vecindario, en el lugar se hallaban numerosos espectadores de todas las edades; familiares y amigos, de pronto se desencadenó una balacera en donde muere al instante éste joven, y tres jóvenes más quedan heridos, muriendo la segunda víctima al ingresar al hospital. Los familiares de los fallecidos no se explican el porqué de la balacera, solo recuerdan que vieron un pick up sin placa, y una moto que llegó y desencadenó la tragedia. Al platicar con los vecinos, comentaron lo que les dolía la perdida de los dos jóvenes, honestos y trabajadores, que no le hacían mal a nadie. Si fue un ajuste de cuentas, los delincuentes se confundieron, porque los jóvenes que fallecieron eran buenos, expresaron familiares y vecinos.

En esa misma semana presencié una actividad realizada por la Policía Nacional Civil, en una visita a un hospicio, montaron un circo, en donde mostraron sus habilidades y acrobacias sobre una moto. Me pregunto, ¿¡eso en que ayuda a cumplir su función!? Porque en el momento en que se les necesita no están para ayudar y proteger a la población guatemalteca, se ve que tienen grandes habilidades atléticas, pero no han cumplido su principal misión, proteger la vida de los ciudadanos.

Indigna saber que se invierten millones de quetzales en policías, pero esto no ha ayudado a salvar las vidas que se pierden día con día, ni tampoco ayuda a menguar el dolor de los familiares que lloran la perdida de sus seres amados.

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