Can Vies: una semana de revuelta para reivindicar la ciudad

vsddfeJoão França y Pau Rodríguez

El desalojo el pasado lunes de Can Vies, centro social okupado en el Barrio de Sants desde hace 17 años, ha generado una revuelta en las calles de Barcelona. Hace una semana que las protestas toman las calles de Sants cada noche con graves incidentes entre la policía y manifestantes, varios heridos, barricadas, una unidad móvil de TV3 y una excavadora calcinadas, los cristales rotos por la policía en la redacción del semanario La Directa y un barrio de Sants en pie de guerra –como gritan los activistas en las calles. Mientras tanto, desde el sábado los activistas del barrio han empezado a reconstruir le edificio que el ayuntamiento había empezado a derribar.

El inmueble, propiedad de la empresa municipal Transportes Metropolitanos de Barcelona, había sido amenazado con el desalojo en diversas ocasiones, y al día siguiente de las elecciones europeas los Mossos d’Esquadra efectuaron la orden, que tenía una fecha abierta. Aquella misma noche las protestas tomaron el barrio con algunos incidentes y subieron de intensidad hasta el miércoles. El jueves se produjeron algunos altercados y el viernes la concentración se disolvió pacíficamente. Este sábado, una convocatoria en la que participaron varios barrios de Barcelona bajo el lema “Defendamos los barrios” trasladó el escenario de Sants a las zonas más turísticas de la ciudad. El saldo de la semana es de 67 detenidos por la policía –dos de ellos en prisión preventiva y otros muchos otros prohibidos de acudir a manifestaciones hasta enero– y más de 200 heridos por las actuaciones policiales, según cifraba el viernes la plataforma antirepresiva Reraguarda en Moviment.

¿Qué hay más allá de las llamas?

Ante este panorama, los altercados tras el desalojo de Can Vies, fruto del desacuerdo entre sus ocupantes y el Ayuntamiento de Barcelona, difuminan lo que ha supuesto este centro social autogestionado para el barrio durante más de 17 años de historia.

“Can Vies ha sido el inicio de muchos proyectos colectivos del barrio: cooperativas, asambleas, actividades…” cuenta Rubén, uno de los integrantes de la plataforma de apoyo a la casa, que agrupa varias entidades vecinales. Can Vies ha sido matriz de populares grupos de música como Pirat’s Sound Sistema o del grupo de bastoners del barrio, y era hasta esta semana paraguas de colectivos feministas, de asambleas de estudiantes, de talleres de gimnasia o lengua de signos y de la revista de comunicación popular mensual La Burxa.

Todo esto son raíces echadas en el barrio que, según Rubén, explican que estos días vecinos del barrio salieran a protestar contra el desalojo y contra la presencia policial en las calles de Sants. También está detrás de tan airada reacción el hecho de que Can Vies suponía un modelo casi emblemático de autogestión y construcción de espacios alternativos en toda Barcelona, según la plataforma de apoyo.

La movilización vecinal -muchos hacen repicar cazuelas desde los balcones- convive esta semana con la actuación violenta de grupos de encapuchados contra la policía, entidades bancarias y el mobiliario urbano. Ante lo sucedido, desde Can Vies aseguraban el miércoles que el primer acto de violencia fue el desalojo del edificio, y que en cualquier caso la manifestación de martes se desarrolló de manera pacífica hasta que alguien quemó la excavadora que había demolido el edifico, tras lo cual llegó la principal actuación de los Mossos.

El miércoles siguieron las concentraciones en el barrio, pero sobre todo destacan unas 50 concentraciones convocadas por toda la ciudad y en diversos puntos de Catalunya y del resto del Estado. Entre quienes se oponen al desalojo destaca la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona. Oponiéndose a toda violencia, la FAVB critica la decisión del consistorio y sentencia: “El mapa de estas manifestaciones se parece demasiado a la geografía de las desigualdades y las injusticias que están rompiendo Barcelona”

“Necesitábamos un punto de encuentro”

“Empezó con un componente muy juvenil, pero la dilatación del proyecto en el tiempo ha ido acompañada de un relevo generacional”, cuenta Elba Mansilla, cooperativista de La Ciutat Invisible, referente de los movimientos sociales en Sants. “Se decidió ocupar un espacio para tener un punto de encuentro, salas de ensayo de música o teatro o lugar para medios autogestionados”, explica.

Mansilla lamenta que el desalojo de este centro que considera “integradísimo” en el barrio solo supondrá “reemplazar su espacio por un espacio vacío, un elemento más de la provisionalidad absoluta en la que se encuentra esta zona del barrio desde hace diez años”. Esta cooperativista y vecina se refiere a las obras del metro de Mercat Nou, las del Mercado de Sants y todo el cubrimiento de las vías del tren.

De hecho, esta remodelación no es ajena al desalojo de la casa. El Ayuntamiento de Barcelona asegura que en su emplazamiento debía empezar una zona verde que cubriera todas las vías del tren en el tramo de Sants, un trabajo actualmente en obras. En sus negociaciones, el consistorio ofreció a los inquilinos una salida pacífica del edifico para realojarles a la larga en otro espacio, algo que los colectivos de Can Vies rechazaron porque no confiaban en las promesas Xavier Trias y porque ya planaba sobre ellos la amenaza del desalojo.

La orden se desalojo se dio a partir de abril, aunque se aplazó debido a la apertura de las negociaciones entre el Ayuntamiento y Can Vies. Los primeros ofrecían una reubicación de los colectivos a largo plazo –Trias ha admitido en más de una ocasión que se hacen actividades “muy positivas” en Can Vies–, pero los segundos ponían como condición que no pendiera la espada del desalojo sobre sus cabezas.

“Con la Casa del Mig (otro antiguo espacio de las entidades del barrio) también se comprometieron a que la gestionaran sus ocupantes tras una rehabilitación, y no fue así”, recuerda Mansilla, que justifica así la desconfianza de los inquilinos. “Si el Ayuntamiento tenía esta voluntad podría haber esperado dos años a que se pusiera en marcha el proyecto de gestión vecinal del edificio de la Lleialtat Santsenca, en vez de desalojar Can Vies ahora”.

Posiciones encontradas entre las partes

Tras la ruptura de las negociaciones, que desembocó en el desalojo este lunes, el conflicto está lejos de solucionarse, al menos si se atiende a las posiciones encontradas de las partes. Xavier Trias compareció el miércoles para asegurar que su mano está tendida a los colectivos para buscarles un espacio donde desarrollar sus actividades. “Protestas las que quieran, pero altercados y violencia, de ninguna manera”, añadió. El viernes, en cambio se comprometió a parar la demolición del edificio, que había seguido durante la semana a pesar de las protestas.

Desde Can Vies, sin embargo, se sienten ofendidos por el ofrecimiento de diálogo cuando el edificio ya está en ruinas. Y añaden sus demandas: la dimisión de Trias y de Jordi Martí -concejal del distrito-, la libertad sin cargos para los detenidos, que se “desmilitarice” el barrio –en referencia a la constante presencia policial– y la paralización de todos los desahucios y la retirada de los procesos de desalojo en marcha contra el resto de Centro Sociales Okupados de la ciudad.

El espíritu de la respuesta que dio la gente de Can Vies a las últimas propuestas del consistorio expresa un mensaje claro: Dejadnos en paz. No aceptan la mano tendida de los que han derribado el edificio y se proponen reconstruir el espacio donde llevan 17 años construyendo proyectos. El sábado, mientras un equipo de técnicos evaluaba el estado actual de Can Vies, los centenares de concentrados –con casco y guantes– ayudaba a limpiar los escombros de la parte ya derribada del edificio, perteneciente a la antigua capilla. Trabajos de limpieza que seguían el domingo con el objetivo de hacer posible la rehabilitación del espacio.

Contra las quejas por el ruido

Es verdad que también había quejas sobre Can Vies. Entre las actividades del centro se celebrabran algunas fiestas populares, y las reclamaciones se centraban básicamente en el ruido. Sin embargo, Pol Massoni, del colectivo de arquitectos La Col, apunta que desde el centro social se trabajaba en una solución para ese problema. “A nivel técnico les habíamos ayudado a hacer un proyecto de insonorización, y los jóvenes de Can Vies estaban dispuestos a aplicarlo y hacer las reformas necesarias”.

Massoni considera que el desalojo es “un error estratégico de la ciudad, que se derrumbe una pieza del barrio y que se justifique urbanísticamente da que pensar en el modelo de urbanidad que se defiende”. “El modelo de ciudad de esta Barcelona ‘convergent’ profundiza todavía más en el modelo de ciudad turística que venía de la época socialista”, asegura.

“No se hablará de la violencia urbanística”

“Era un equipamiento que llevaba 17 años dando vida a una parte del barrio donde las vías del tren habían hecho una gran cicatriz a nivel urbanístico, separando dos partes del barrio”, apunta el arquitecto. Lamenta que se “ha empobrecido y debilitado todo el tejido de la zona”. “No tiene ningún sentido eliminar precisamente una pieza que continuaba activa”, sentencia.

“Después de lustros de actividad Can Vies se había ganado tener una presencia y un respeto en el barrio”, asegura el antropólogo Manuel Delgado, profesor de la UB. “Esto debería estar defendido como un espacio de convivencia, donde construían vida urbana, pero eso no es lo que conviene a los intereses privados”, añade. “Estos intereses privados son prioritarios, y en vez de defender los intereses sociales que representaba el centro, hay una intervención pública de expulsión”, lamenta el profesor.

“Estos días se volverá a hablar del tema de la violencia urbana pero no se hablará de la violencia urbanística; quemar una papelera se considera kale borroka pero a destruir un barrio lo llaman reforma urbana”, critica el antropólogo.

 

João França escribe sobre movimientos sociales y educación en CatalunyaPlural.cat. Pau Rodríguez es periodista y escribe especialmente sobre educación en CatalunyaPlural.cat.

Te gusto, quieres compartir