Historia de dolor

1012Por Kajkoj Maximo Ba Tiul –
ajpop2004@yahoo.es

La historia de América Latina ha estado llena de dolor, angustia y desesperanza. Han sido ya varios años de estar corriendo de arriba para abajo, de un lado para otro, buscando posibilidades y alternativas para vivir como humanos. Bien que dicen por allí que esta no es una “sociedad”, sino una “zoociedad”. Un pensador del viejo mundo dijo que “el hombre es el lobo del hombre”. Otro pensador de igual importancia decía que “debe terminar la explotación del hombre por el hombre”. El profeta más grande de estos tiempos

y a quien los cristianos dicen seguir, dijo; que el máximo mandamiento es “amar al prójimo”. Aquí cerca de nosotros muchos profetas y pensadores denunciaron que en todas partes de nuestro país estaban matando y masacrando a la población.

Demandas, anuncios, denuncias, expresiones, pensamientos; nos muestran el desangramiento que hemos estado viviendo en nuestro país. Lo humano sigue siendo un concepto secundario, porque quien se impone es el poder del capital. Quienes siguen pensándose los dueños de nuestro territorio y hacen lo que se les pegue en gana, gozan de impunidad. Van por todos los lugares infundiendo miedo y muerte. El campesino y la campesina, el indígena o la indígena, es el delincuente, no importa que ahora esté en el hospital convaleciéndose a causa de las balas que les disparó un hijo de papi y mami, que se ha acostumbrado a hacer su berrinche y que cargado de la amargura de sus papás, dispara contra una comunidad indefensa a orillas del Río Dolores.

En innumerables ocasiones, hombres y mujeres han manifestado su preocupación e indignación porque cuando un pobre, a quien el Estado solo le reconoce su ciudadanía en las elecciones, rompe el silencio y asume con dignidad sus derechos, es acusado de: haragán, aprovechado, delincuente, invasor. Pero cuando el que tiene poder económico, político, social o militar dispara, hiere y asesina a mansalva a estos mismos pobres, se dice que lo hace defendiendo sus derechos y además porque protege su propiedad privada.

Entonces, ¿dónde queda la propiedad privada de los pueblos? Los pueblos también tienen propiedad privada: sus tierras, sus territorios, sus cuerpos, sus comunidades, sus familias, también es propiedad privada y nadie tiene derecho de violarlos. Hoy precisamente me estaba enterando de que todavía en el norte del país hay terratenientes que obligan a los indígenas a trabajar sin goce de salario.

Estos que se han creído los dueños del país, amparados, apoyados por profesionales, principales abogados que trabajan en el sistema de justicia, sí pueden envalentonarse disparando sus armas sobre pueblos indefensos, y es más, enviando personas civiles con pasamontañas a atemorizar a la población, recordando los años más oscuros de la guerra en el país.

Los cristianos estarán conmemorando la pasión y muerte de Jesús, pero no olvidemos que hoy las comunidades también siguen muriendo por la ambición del sanedrín.

www.albedrio.org

Te gusto, quieres compartir