¿Por qué odian a Yassmin Barrios?

Jazmin BarriosPor Yaroslav Ramírez 

Suspender a la Jueza Yassmin Barrios y multarla es un esfuerzo concertado para dañar su imagen y para enviar un mensaje. Pero la pregunta es ¿Quién es la persona o el grupo de personas interesadas en que la laureada jueza “quede mal” ante la opinión pública?

Para empezar, se sabe que Moisés Galindo, abogado del ex dictador Efraín Ríos Montt, la denunció porque se sintió “humillado”. Y también se sabe que tanto Galindo como Ríos no están solos y que se reactivaron determinados grupos que obviamente se beneficiaron con el actuar de los militares que cometieron horribles crímenes en Guatemala. 

Uno de los grupos más visibles es el Comité Coordinador de Asociaciones Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras (CACIF), a quien se ha señalado de estar detrás de las presiones para anular la sentencia que condenó a Ríos Montt por el delito de genocidio. Hasta la fecha la prensa nacional no se interesó por comprobar este extremo, es decir, no se ha tocado este tema espinudo.

Incluso algunos personajes “reconocidos” se pronunciaron públicamente en contra de la sentencia porque para ellos el delito de genocidio nunca se cometió en el país. Y a partir de esa idea toman distancia de las atrocidades que se narraron durante el juicio y que claramente muestran la clase de “defensa nacional” que se realizó en las montañas contra ciudadanos guatemaltecos y también en la ciudad.

Fueron atrocidades cometidas pero no constituyen genocidio, alegan, y se rasgan las vestiduras. Lo que hizo el ejército fue defender al país de las garras del comunismo internacional y de convertirse en un satélite de Cuba y de la URSS, dicen y se ven a sí mismos como los héroes de una guerra santa.

Pero fue precisamente Yassmín Barrios la que, presidiendo el Tribunal, rasgó la hoja de esta historia manchada con sangre y miles de cadáveres de personas inocentes y escribió con letras claras: genocidio.

Eso ha bastado para que le odien y para que los señores del Colegio de Abogados y Notarios de Guatemala (CANG) se hayan ensañado con ella. ¿Quién recuerda la última actuación del CANG contra, por ejemplo, la práctica maliciosa? ¿O quién recuerda una sola acción del CANG contra ningún abogado?

Los hechos que Barrios juzgó nunca fueron cuestionados ni debatidos apropiadamente. Lo que se hizo fue evadir la responsabilidad y evadir a la justicia. Cuando la justicia actuó entonces se ha recurrido a las viejas prácticas de destruir la imagen pública de la persona que no se alinea a los designios de los poderosos de este país que quieren seguir escondiendo la historia horrorosa que han escrito con violencia y abusos.

Esta situación pone en entredicho la estatura de la sociedad guatemalteca. Mientras el gobierno se empeña en “sacarle raja” a cualquier área de gestión gubernamental (no hay obra sin sobra) y en garantizarse, nuevamente, la impunidad, entonces resulta muy difícil pensar en Guatemala en una sociedad realmente civilizada: seguimos en la barbarie.

 

 

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