Degeneración en la Universidad

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Por César Antonio Estrada Mendizábal. –

Según el diccionario, una persona, una cosa o una institución degenera cuando decae, desdice, declina o no corresponde a su primera calidad o a su primitivo valor o estado, y resulta que degeneración, precisamente, es lo que desde hace años se observa en la vida institucional y cultural de nuestra Universidad de San Carlos. Sabemos que hay universitarios conscientes, capaces y honrados que realizan su buena labor a contracorriente, pero también es palpable que la Usac no marcha bien, que está descompuesta, que no está haciendo lo que el pueblo guatemalteco necesita y espera de ella.

Podrían mencionarse múltiples y graves vicios en diversas esferas, en lo académico y educativo, en la administración, en lo estudiantil, por ejemplo, mas ahora quiero referirme al desquiciado ambiente que se crea en la Universidad debido a frecuentes sucesos o actividades como la degenerada Huelga de Dolores (y que conste que estos males no son exclusivos de esta época; se ven todo el tiempo). En años anteriores han ocurrido abusos, excesos y hechos violentos, y este año no ha sido la excepción. La semana pasada, el miércoles 26 de marzo, en los alrededores del edificio S1, según denunció el Colectivo Hijas e Hijos de la Tierra, un grupo de encapuchados armados arrebató su mercadería a una vendedora de chicles que no pudo pagarles los cien quetzales que le exigían como extorsión, y se armó una pelea contra estudiantes que salieron en defensa de la señora agredida. Luego, anteayer, volvieron los encapuchados en busca de revancha y agredieron a tres estudiantes (una mujer y dos hombres), a la Secretaria Académica de la Escuela de Historia (según un comunicado del Partido Socialista Centroamericano, http://www.albedrio.org/htm/otrosdocs/comunicados/psoca-009.html) y a varias personas más. El video http://www.youtube.com/watch?v=Dd9s98X2_WY&sns=fb muestra las agresiones de los “huelgueros” que incluso dispararon armas de fuego. ¿Qué más se necesita para que se adquiera conciencia de la gravedad de esta situación y se le empiece a poner coto? Ante estos desmanes, se vuelven cosa menor otras molestias causadas por la otrora revolucionaria y hoy enajenada Huelga, como lo son el cobro abusivo de estacionamientos y por la entrada de vehículos y peatones a la Ciudad Universitaria, la formación de largas colas de carros por el cobro de “ayudas voluntarias”, la música en bocinas ensordecedoras que no deja estudiar ni trabajar, la suspensión excesiva de clases. En este punto, cabe preguntar a los estudiantes, a las estudiantes –pues también las hay– que bienintencionadamente o con conciencia de lo que hacen todavía participan en la Huelga, si no sería mejor suspenderla para permitir su renacimiento y reivindicación, en lugar de arrastrarla como despojo de lo que fue.

Los profesores, los estudiantes y los trabajadores universitarios son los llamados a corregir estas lacras: su oposición clara, su acción firme y su critica franca son indispensables. No obstante, cualquier observador, en vista de los hechos, puede preguntarse si es que en la Universidad existe alguna dirección, algún organismo de autoridad que tome cartas en el asunto. ¿O será que los cargos directivos por elección o por nombramiento son sólo para disfrutar de las mieles y los favores del poder y no para asumir sus responsabilidades ni para cumplir las obligaciones que tienen hacia la institución y su comunidad? ¿Qué hacen el Consejo Superior Universitario, las Juntas Directivas de las facultades, los Consejos Directivos de las escuelas, las directivas de las asociaciones estudiantiles? Y pensar que todavía hay muchos que no se dan cuenta de la urgencia de la reforma universitaria y de la participación de todos.

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