Neoliberalismo, carnicería de la juventud

dgfCarlos Figueroa Ibarra / Especial para Con Nuestra América

Desde Puebla, México

He revisado  el informe de  la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que recién se ha dado a conocer y que  lleva por título “Trabajo decente y juventud en América latina. Políticas para la acción”. El lector interesado lo puede bajar de la red  con facilidad. Es un trabajo muy completo y  fuente indispensable para los estudiosos de los procesos sociales y políticos en la región.  Los datos que  ofrece dicho informe son estremecedores y confirman mi percepción de que esta forma de capitalismo salvaje que hoy vivimos, el neoliberalismo, mata  de manera significativa las esperanzas de la mayoría de  la gente, pero muy especialmente las de la  juventud.

 

 

 

Lo que me parece más estremecedor del  mundo que  vivimos es que una parte significativa de los jóvenes tienen cerradas las puertas  para el estudio y para el trabajo. El neoliberalismo ha propiciado  un crecimiento significativo del desempleo y de la informalidad laboral. Al reducir los gastos sociales del Estado, especialmente los referidos a la salud y la educación,  ha propiciado una fuerte restricción al acceso a la educación media y superior.

 

 

 

Hoy las universidades públicas practican exámenes de admisión en los que una parte brutalmente significativa de los jóvenes que los practican resultan rechazados y se quedan sin estudiar. Los exámenes de admisión no buscan  la excelencia académica en los estudiantes que se admiten en la universidad, sino son un medio para mantener la oferta educativa en un bajo nivel cuantitativo y con ello ahorrarse el gasto público destinado a las universidades. La operación es perversa: al existir una cantidad considerable de jóvenes que se quedan  sin poder entrar a las universidades públicas, hay mercado para las universidades privadas, muchas de las cuales  son de una calidad académica deplorable.

 

 

 

El informe de la OIT es importante porque ofrece datos que sostienen lo dicho líneas arriba. En América latina y el Caribe existen en la actualidad 108 millones de jóvenes, entendiéndose por tales a la población comprendida entre los 15 y 24 años de edad. El 14% de estos jóvenes se encuentran desempleados y representan el 40% del total de desempleados en América latina. Poco más del 20% de estos 108 millones de jóvenes  ni estudia ni trabaja (NiNi’s) lo que significa que hay casi 22 millones de jóvenes en esta situación en la región. Los países más afectados  por esta situación son Honduras (27.5%), Guatemala (25.1%) y El Salvador (24.2%), es decir el triángulo norte de Centroamérica y la región más violenta del mundo.   Uno de cada 20 jóvenes ni estudia, ni trabaja y ha renunciado a buscar empleo  lo que lo convierte en potencial integrante de las infanterías de la delincuencia común y organizada. Las cifras de desempleo que nos ofrece la OIT, deben completarse con el hecho de que el 56% de los jóvenes tiene un empleo informal lo que “significa bajos ingresos, inestabilidad laboral, desprotección y violación de derechos laborales”. El desempleo juvenil azota de manera más cruel a la población más pobre  (casi 26% de desempleados). Lo que resulta verdaderamente triste es que aun los jóvenes que tienen educación superior tienen pocas esperanzas en el mundo neoliberal: el 43% de los jóvenes con educación universitaria  son empleados informales.

 


Lo más impactante de estos datos es que probablemente la realidad sea peor. El informe de la OIT habla de casi 22 millones de NiNi’s en toda América latina y el Caribe, pero los datos de la OCDE  indican que solamente en México hay 7.3 millones de ellos. El neoliberalismo ha pregonado que su mundo es una tierra de oportunidades  para todos aquellos (especialmente los jóvenes) que tengan ganas de trabajar. En realidad, el neoliberalismo es una carnicería de la juventud.

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