Centroamérica gira a la izquierda

imagen-elecciones-2Miguel Ángel Sandoval

Sin duda, las elecciones de El Salvador y Costa Rica ilustran de un proceso de deslizamiento de la región a la izquierda, con programas de contenido antineoliberal. Eso es lo que dicen las urnas en estos dos países, con historias diversas, pero que ahora presentan objetivos comunes: derrotar las políticas neoliberales. Cómo lo hagan, con qué ritmos y profundidad es algo que está por verse. Sin embargo el domingo 2 de febrero es de alcance histórico en la región.

En Honduras, hace tres meses, el movimiento Libre, con propuestas antineoliberales devino en la segunda fuerza política indiscutida, y Nicaragua continúa apostando al sandinismo. Por supuesto que no todo es miel sobre hojuelas, como se dice. En resumen, hay un escenario favorable para un mejor desempeño de la izquierda chapina en donde, por ahora, la dispersión sigue estando presente, así como los matices entre la izquierda política y la social.

Desde mi perspectiva, se trata en todos los casos de aristas o sensibilidades que pueden encontrar solución con una política de mayor flexibilidad entre pares o entre iguales. No hay ningún límite para intentar solucionar las dificultades que permitan construir una fuerza política que apueste por expresar el vigor de la izquierda nacional y fuerzas afines, cuyo talón de Aquiles es la dificultad para concretar una fortaleza que está fuera de dudas.

En Costa Rica y El Salvador las victorias electorales o el desempeño de las expresiones de las izquierdas, han dado como efecto una especie de crisis terminal de las viejas formas de hacer política y de sus expresiones partidarias. Son cambios que se pueden ver a simple vista. No creo, por tanto, que en nuestro país seamos insensibles a esa ola que se observa en Centroamérica, y que tiene sus expresiones más visibles en las acciones que se impulsan en la parte sur del continente latinoamericano. ¿Es el tiempo de la izquierda en Guatemala?

En cada país hay una visión de los cambios a impulsar; en cada país hay una historia particular de sus fuerzas de izquierda; y no existen recetas únicas. Creo que lo único compartido es la urgencia por construir democracias sólidas de amplia participación social y, en nuestro caso, multiculturales con respeto a los derechos históricamente negados, y que se trabaje por el bienestar de las mayorías con justicia social. En esa apuesta creo que podemos coincidir.

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