¿La “mercantilización” del saber nació con el neoliberalismo?

27Emmanuel Barot

Contrariamente a las afirmaciones repetidas desde los años ‘60 en las teorías liberales, pero también por diferentes corrientes de izquierda pasadas al posmodernismo, la teoría marxista del valor y de la plusvalía no se volvió obsoleta con los nuevos regímenes de enrolamiento del trabajo intelectual en el capitalismo. Reconocer la diferencia entre las producciones materiales e intelectuales, así como la complejidad inducida por las revoluciones tecnológicas en los mecanismos de la reproducción ampliada del capital, no supone entender que la acumulación de este último sería parte del pasado.

 

 

 

Luego de la puesta en perspectiva histórica de la crisis universitaria mundial, propuesta en la primera parte de este artículo1, aquí se estudian, con Marx, las modalidades tradicionales, y específicamente actuales de la “mercantilización del saber”, tratando de precisar lo que esta fórmula puede esconder conceptualmente.

 

 

1. “Economía del conocimiento” y “productividad” de saberes

 

El conocimiento es un pilar de toda economía. En el capitalismo contemporáneo la fórmula designa más precisamente la idea de que el conocimiento es el objeto de una “economía” específica, en el doble sentido de un régimen propio de producción y de circulación, y de una disciplina específica (por ejemplo la “economía cognitiva”) y, en los más “radicales”, se convirtió en el verdadero sujeto de la economía-mundo, así como por ejemplo también después de 1945 se pudo creer que la tecnología se había convertido en el nuevo “motor” de la historia. Esta caracterización funda el paradigma de la autoproclamada era del “capitalismo cognitivo” y de lo “inmaterial”, en el centro de una visión del período actual como una “mutación” histórica del capitalismo. Marx y Engels demostraron sin embargo, desde hace mucho tiempo, que el capitalismo revoluciona permanentemente sus medios de producción, y que la innovación tecnológica es la garante de la sobrevida en un régimen competitivo.

 

Se trata acá de entender, eso que ya Marx llamaba la “producción inmaterial” de la “fábrica escolar”, que es el objeto hoy no de una “mercantilización de saberes” que podría haber sido antes inexistente, sino de formas renovadas de esa misma “mercantilización”. No es suficiente con criticar la “mercantilización neoliberal”, se trata de comprender la evolución de la relación de los saberes con la forma mercancía, y en particular de la evolución de los “indicadores de perfomance” oficiales que las contrarreformas imponen hoy en la investigación y en la enseñanza. Estos indicadores vienen a apoyar la idea de que las formaciones “útiles” son las que llevan a oficios o trabajos “productivos”, todo lo que es “improductivo” debe ser dejado de lado.

 

Ahora bien, sobre este punto hay una distinción clave, que fue clarificada por Marx, entre la productividad técnico-material y la productividad económica: la primera se mide a través de los productos, de su masa, de su utilidad, y reenvía a la lógica de las necesidades de toda la sociedad, reconstruye una lógica del valor de uso. La segunda es la productividad del capital, donde un trabajo solo es, stricto sensu, “productivo”, cuando produce una plusvalía: en este caso es la lógica del valor de cambio. La primera productividad está perfectamente subordinada en el capitalismo a la segunda y al consumo. La economía del conocimiento naturalmente no cambia nada de esto, y persigue el objetivo, en el sentido amplio, de subordinación del trabajo “improductivo” al trabajo “productivo” que es la dinámica de la mercantilización capitalista por excelencia.

 

 

2. “Subsunción formal” y “subsunción real” de los saberes al capital

 

Hay aquí que distinguir entre dos procesos complementarios: el de los registros de los saberes en la esfera de la producción (estudiada en la primera parte) y el de la elaboración estrictamente productivista de los saberes, que nos interesa ahora. En primer lugar, incluso antes de hablar de privatización, es mediante la reducción “tendencial” de los saberes a formas lo más operacionales posibles (susceptibles de una codificación formal, de una evaluación cuantitativa y de un uso “técnico”), vía los filtros de la “información” y la “competencia”, que están actualmente radicalizando los regímenes anteriores de “mercantilización” del trabajo intelectual. En el capítulo VI “inédito” del libro I de El Capital, Marx distingue la subsunción formal y la subsunción real del trabajo al capital. La segunda refleja el modo de producción específicamente capitalista, mientras que la primera designa la integración en la relación salarial de mercado de actividades laboriosas o de modos de producción anteriores al capitalismo. Por analogía, se puede caracterizar la actual transición sin mutación de la organización capitalista del conocimiento, homologando: 1) la Universidad en su organización general después de 1968 en los centros imperialistas y antes de la contrarrevolución actual, a la “subsunción formal” del trabajo intelectual y de sus productos al capital2; 2) la nueva universidad de hoy, como un período de “subsunción real”, tendencial, de los primeros sobre los segundos. El criterio distintivo es el momento donde el capital “se inmiscuye en el proceso de producción en sí mismo”3 y lo “revoluciona”, es decir donde opera una “completa revolución en el modo de producción mismo, en la productividad del trabajo, y en la relación entre el capitalista y el trabajador” 4. Mostrar que la actual colonización productivista del “Management” del trabajo “improductivo” corresponde tendencialmente al pasaje de una subsunción formal a un estado de subsunción real, implica señalar que se pasa de saberes producidos y transmitidos con una independencia relativa (es decir de una cierta autonomía de pensamiento y de enseñanza), a saberes sustancialmente transformados e infligidos en sus modos de producción y de control, es decir, preencuadrados en los objetos (cursos o trabajos de investigación), en el ritmo de desarrollo (por el financiamiento del proyecto a corto término), y en la forma misma de exposición (por las reglamentaciones crecientes). Mostremos ahora que esta transformación ilustra los principios generales de la teoría del valor del libro I de El Capital.

 

 

3. Teoría del valor y fetichismo de la mercancía-saber

 

El “valor” es el concepto de una realidad doblemente contradictoria. Por un lado, un objeto no puede devenir una mercancía que posee un valor de cambio si no tiene un valor de uso: un trabajo inútil ha sido inútilmente gastado o usado y no crea valor capitalizable. Sin embargo el capitalismo hace de la acumulación del valor de cambio su propio fin: la primera contradicción es esta, la materialidad útil condiciona la acumulación del capital… que simultáneamente debe franquearse. Porque, por otra parte, el trabajo vivo real solo se socializa en el capitalismo si es apto para producir valor. Para esto el trabajo vivo concreto debe superar su singularidad: porque es un producto intercambiable, conmensurable, es necesario que devenga conmensurable con otros trabajos vivos concretos.

 

Tal es la segunda contradicción del valor: el trabajo humano vivo y concreto debe abolirse como tal para poder realizarse socialmente y devenir trabajo anónimo, igual, indistinto, breve, abstracto: es en este sentido que el trabajo abstracto es la sustancia del valor, dice Marx, la calidad común de los diferentes valores de uso que los vuelve aptos para portar valor “monetarizable”. El “fetichismo” de la mercancía es lo que resulta, en el plano social, de estas dos contradicciones fundadoras, induciendo la ilusión de que las propiedades sociales de los objetos les son inherentes independientemente de los hombres que los producen, y finalmente, según la cual el capitalismo es una realidad natural y eterna. El “fetichismo de los saberes” es un caso particular de este fetichismo de las mercancías. Las contrarreformas actuales generalizan los indicadores asociados a procedimientos de evaluación sistemáticas realizadas con los métodos más recientes del “Management”5. “Evaluar” es atribuir un valor. Asimilar “creatividad” científica o intelectual en una “revista legítima” (según clasificaciones internacionales) o en una Universidad  reconocida es, por una parte, efectuar una operación cualitativa de (des)legitimación, por lo tanto de jerarquización de las formas de la producción intelectual. Y por otra parte es, ya que esto reposa en la constitución de datos bibliométricos, detrás del rostro de una operación contable, expresar la competencia generalizada entre investigadores, laboratorios, universidades, etc. Las más frecuentes críticas del “Management” y de la “mercantilización” se detienen acá, mientras que el fundamento de la operación no se ha clarificado aún: lógicamente hablando, esto no es más que la puesta en equivalencia cualitativa de los “saberes”, y esta “igualación” es la operación de abstracción conceptualizada por Marx: los trabajos vivos, concretos (los saberes como producciones y como productos) expresan primero gastos intelectuales (y físicos), y materiales específicos, cualitativamente diferentes. La operación de “igualación” los nivela y hace ejemplares comparables de una misma sustancia abstracta. La clasificación de las revistas, la jerarquización cuantificada de las publicaciones, y finalmente la de los trabajadores intelectuales que publican, todos esos procedimientos provienen del “benchmarking” (índice de referencia)6, y permiten reenviar tendencialmente todo “sabertrabajo” viviente y su productividad de valor, a la cantidad de saber-trabajo abstracto que encierra, cantidad mesurable que lo vuelve comparable a cualquier otro saber, basándose en el principio propicio de la compra-venta por un precio aproximadamente determinado por esas unidades de valor que encierra.

 

 

 

4. Modalidades “posmodernas” de mercantilización y funciones clásicas del aparato universitario

 

Es por esto que el descifrado del “inconsciente político” que Jameson atribuyó a los deseos del sujeto de las producciones literarias, se generalizó luego en todos los saberes, cuya pretendida neutralidad, hoy como ayer, es un mito. Para este último, esta mezcla creciente de los diferentes niveles del sentido social revela un salto cualitativo de la dialéctica de lo material y de lo ideológico, que él estima propia del posmodernismo entendido como lógica cultural de conjunto del capitalismo, que siguiendo a Mandel califica de “tardío”7. Sin embargo, se impone la prudencia: esta modalidad “posmoderna-neoliberal” de mercantilización, no solo es parcialmente nueva, sino que todavía toca, o llega, solamente a una parte de la realidad universitaria. Por una parte, prolonga las formas clásicas del patentamiento en la ingeniería y la industria (Marx y Engels hablan a menudo de la geología y de la química al servicio de la producción de estiércol para la agricultura industrial, de la física y de la teoría de las formas de energía al servicio de la industria y el transporte, etc.). La única novedad es que de ahora en más (en línea recta con el preformateo neopositivista del pensamiento “racional” que condenaba Marcuse en El hombre unidimensional) ya no son solamente las ciencias “aplicadas”, sino la investigación fundamental en sí misma la que ve generalizarse la dinámica de la abstracción mercantilizante. Por otra parte, esta prolongación no reemplaza, sino que viene a agregarse, complejizando en parte, las tres funciones capitalistas más tradicionales de la Universidad (ver parte I): de reproducción ideológica del orden establecido, de cooptación de la pequeñoburguesía, y, sobre todo, de reproducción calificada de futuros ejércitos industriales de reserva. Es por esto, que los saberes difícilmente reductibles al canon productivista, en particular las Letras, las “Humanidades”, se incorporan productivamente al capital: el alineamiento productivista-operacional, aun empujado lo más posible, no tiene acá vocación de generar “patentamientos” o materializaciones técnicas, pero hace de estos saberes útiles optimizados en la reproducción “productiva”, de todas estas funciones siempre tan indispensables de control, vigilancia, gestión y regulación (directas o no) de la producción, del comercio, de los “recursos humanos”, pasando por la psicología del trabajo.

 

La explosión actual del número de estudiantes de escuelas de comercio que siguen estudios de filosofía, regimentándolos metódicamente en su formación mercantil, ilustra claramente este proceso. Esta segunda modalidad de “mercantilización”, con acento en la reproducción de la fuerza de trabajo, insiste en la dinámica de la reproducción de las clases sociales en general, y en el mantenimiento de su antagonismo. Las primeras, tanto en sus formas tradicionales como “renovadoras”, enfatizan nuevamente la contradicción entre la naturaleza social y la forma privada de la actividad del trabajo y la producción de valor. En los dos casos se llega a la cuestión fundamental de saber dónde y cómo caracterizar la explotación y la alienación específicas, si ellas existen, de los productores de saber, y en particular como se insertan en la producción de la plusvalía en la escala del capital social en su totalidad. Ciertamente un conocimiento no es un bien manufacturado, pero desde el punto de vista del capital eso es un tema secundario: el conocimiento no es directamente una fuerza productiva, el trabajador intelectual no es en sí mismo y en soledad, productor de plusvalía. No lo es, como cualquier otro trabajador que se incorpora, según las diferentes modalidades presentadas, a la producción en general. No se incorpora, y no concursa, para producir plusvalía capitalizable mediante su simple “productividad marginal” individual (lo que no es más que una ficción de la economía liberal), sino hasta que se incorpora al trabajo colectivo, del cual es miembro: el proletariado explotado en su totalidad.

 

El análisis marxista de la producción de saberes y de la lucha de clases en la universidad del capitalismo “high tech” y “new age” confirma plenamente el entrelazamiento diagnosticado por Marx de “la producción de las ideas, de las representaciones y de la conciencia” y “la actividad material”8 de los hombres. Es como decía Ernest Mandel en 1972: “en última instancia, los intereses del desarrollo del valor del capital monopolista terminarán por imponerse igualmente en el sector de formación de la mano de obra”. Se trata por lo tanto de obrar ofensivamente en lo que se presentaba como un horizonte lejano: “La única fuerza que podría impedirlo a largo plazo es la clase obrera, y no la clase media o grupos capitalistas más débiles”9. Combatir el derroche represivo de las fuerzas productivas al que condenan a la sociedad en general, y en particular la “toyotización” del pensamiento en la Universidad, exige la metamorfosis metódica de ese trabajador colectivo, que está siempre a la vez en “actividad” en el mercado y “en formación” en la Universidad, en un sujeto revolucionario intransigente y conciente de sus fuerzas.

 

 

 

Traducción: Gastón Gutiérrez

 

 

 

1. “Transición histórica y ‘revolución pasiva’ del orden universitario mundial”, Ideas de izquierda 4.

 

2. En la parte I de este artículo abordé las contradicciones propias de este período de compromiso.

 

3. K. Marx, Resultados del proceso inmediato de producción, El capital capítulo VI (inédito), México, Siglo XXI, 2001, p. 72.

 

4. Ídem.

 

5. A. & E. Pezet, La société managériale. Essai sur nanotechnologies de l’économique et du social, Montreuil, La Ville Brûle, 2010.

 

6. El índice de referencia estándar h (“índice h”, índice de Hirsch) cuantifica la productividad teórica y el impacto en la comunidad científica al nivel de la citación de las publicaciones: un investigador que publicó h veces, citado h veces, se le atribuye un “índice h”. Este índice es más que una simple medida estadística, es el resultado de una verdadera matematización. Este enrolamiento ideológico de las matemáticas (así como de la teoría de los juegos en la economía neoclásica) en sí encarna la incorporación brutal de la ciencia al capital –ningún sector, incluso el artístico, aunque aparentemente “puro” o “desinteresado”, puede liberarse de esto. Véase I. Garo, L’or des images. Art, monnaie, capital, Montreuil, La Ville Brûle, 2013.

 

7. L’inconscient politique. Le récit comme acte socialement symbolique (1981), París, Questions Théoriques, 2012, et Le postmodernisme: Ou la logique culturelle du capitalisme tardif (1992), París, ENSBA, 2011. Jameson recusa toda idea de que habría una “mutación” por la cual el capitalismo estaría en tren de autoabolirse, como la idea que defendieron Negri o Gorz. Ver también, E. Mercatante, Reseña de F. Jameson, Representar El Capital, Ideas de izquierda 3.

 

8. Marx y Engels, La Ideología Alemana.

 

9. Ernest Mandel, El capitalismo tardío.

Tomada de Revista Ideas de Izquierda

http://ideasdeizquierda.org/la-mercantilizacion-del-saber-nacio-con-el-neoliberalismo/#more-1122

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