Los fracasos de la derecha

resdPor Edelberto Torres Rivas

En estos aires nuevos, del año que llega, es frecuente evaluar críticamente los logros del desarrollo alcanzado o los traspiés cometidos por las fuerzas políticas latinoamericanas.

Los fracasos de gobiernos y partidos de la derecha han sido sonoros y frecuentes, sustituidos por variadas fuerzas electorales y programáticas de izquierda. Es una derecha que sin el neoliberalismo ya no presenta opciones y propuestas programáticas ni siquiera ideológicas; han perdido en países como Chile, Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia, Nicaragua, Ecuador, Venezuela, México. Respetados analistas internacionales señalan que no solo son los fiascos electorales lo que los mal califica, sino el pobre rendimiento social; la derecha tiene en común que se le han agotado los líderes políticos y recurre por ello a figuras empresariales promovidos por su dinero. El modelo neoliberal agotó sus ofertas, el Estado débil se ha quedado en sociedades urgida de recursos para combatir la inseguridad y la pobreza. En general los conservadores se han ido quedando sin discurso y sin programa. Las fuerzas de izquierda aparecen ganando votos y gobiernos. ¡Pero no en Guatemala!

Guatemala asiste a este recambio con una sociedad política sin alternativas; aquí, hoy día, “no hay izquierda política”, solo existe un inmenso piélago de derechas (grupos, partidos, intelectuales, políticos). Esta es una trágica herencia de la guerra que la izquierda no ganó. La calificamos así porque es una fatal paradoja que en esta hora de renovación y cambio, la izquierda guatemalteca no pueda contribuir a resolver las causas profundas que nos llevaron al conflicto. Las esperanzas populares de la posguerra se frustraron en este cuarto de siglo en que la derecha llegó al poder y es impotente para combatir las causas del atraso social y político.

La diada política, las derechas e izquierdas, existen porque hay quienes valoran el progreso y el cambio dirigido desde el Estado (izquierda), o los que prefieren la tradición y la permanencia porque a la sociedad la manejan fuerzas naturales (derecha). Ahora reinan actores conservadores, numerosos y atados al pasado de una Guatemala con dos terceras partes de pobres, enfermos y/o analfabetos, donde todos los días mueren niños con hambre. Una sociedad cuyas desigualdades todavía dependen de la injusta repartición de la tierra que recuerdan la época de Barrios, o las políticas de exclusiones que nos legó Ubico. El guatemalteco promedio perdió la fe en el destino que define su futuro. Nunca fue más cierto lo que dijo Cardoza y Aragón, que en Guatemala el pasado comienza en el presente y termina en el porvenir.

De los ocho gobiernos democráticos habidos en Guatemala a partir de 1986, seis han sido, sin apelación, de derecha pura; y dos de centro derecha, más por su tono declarativo que por lo que pudieron hacer. Gobernados por una derecha incapaz de tomar conciencia crítica del retraso de la nación que dirigen. Por ejemplo, incapaces de una política de Estado para disminuir la pobreza y sus efectos; o dar seguridad a la ciudadanía como exigencia mínima. ¿Asistimos al fracaso prolongado de partidos y políticos de la derecha reaccionaria? Son 25 años perdidos para superar los males de una sociedad que salió de de la guerra, empobrecida, violentada, dividida.

Pero en este país no hay una izquierda política organizada, susceptible de lograr una mayoría simple, incapaz de alcanzar el poder. Su último respiro electoral fue del tres por ciento; hay una izquierda intelectual, que vive en la academia, o en la tertulia alegre y el debate inútil y cuyo fin último es fraccionarse más. Enfrentamos el fracaso reiterado de las fuerzas reaccionarias desde la soledad, sin que exista la alternativa de una izquierda posconflicto, moderna, innovadora. Amarga conclusión: condenamos el fracaso de la derecha, pero sin una izquierda que la pueda sustituir. Hay que luchar por enfrentar esa contradicción con esa mayoría de guatemaltecos, que tienen por ideología la confianza en el futuro que se apoye en la seguridad en sí mismos, que aumente la autoestima, con el coraje de derrotar el atraso que una derecha oscura todavía defiende. Esta no es campaña electoral sino de orden moral, de salvación nacional.

Fuente: www.elpriodico.com.gt

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