El imparcial, 14 de enero de 1937: un desahogo vigente.

 

el impacialJohanna Barrios

 

 

Seguramente, muchos guatemaltecos guardan en su memoria y en sus corazones ese diario vespertino fundado en 1922, diario que los acompañó hasta su última circulación en junio de 1985. Aunque en esa época en mi caso tenía 3 años, me sorprende el día de hoy encontrarme con un artículo publicado en este diario en 1937, época previa, incluso al nacimiento de mis padres y que sin embargo lo siento tan actual y tan mío, porque evoca un sentimiento que particularmente me acompaña. Quisiera compartirles parte del artículo publicado por Manuel Galich ese día:

 

 

“… Cuantos de los que hoy estamos enclaustrados en esas aulas que se llaman universitarias, pero que no lo son, hemos sentido más de una vez ese deseo, más bien esa necesidad de irnos a producir algo, a sembrar algo; a cultivar la tierra para salvarnos aunque aquí vivimos asfixiándonos. No es precisamente la agricultura la que nos llama, pero sí cualquier otro campo de actividades, no tan mediocre, no tan estéril como el de nuestra pseudo Universidad. Para unos será el arte, para otros las letras, para otros la industria, etcétera. ¿Pero a dónde ir? Nuestro ambiente es tan pequeñito, tan miserable en otros campos de actividad, que frente al bachillerato solo se nos pone una alternativa; o el profesionalismo o la vagancia, aunque sea la vagancia del empleado que vive errante de un almacén a una oficina y de una oficina a un almacén”.

 

El primer año de estudios en la facultad, nos sentimos orgullosos de ser estudiantes universitarios, de haber llegado hasta allí. ¡Que hermoso galardón! Pero cuando la pobreza espiritual, cuando la apatía y la rutina se van enseñoreando de nosotros; cuando la fuerza de las circunstancias nos va adormeciendo en ese sopor de la inacción…cuando se nos prepara para un modus vivendi a costa de las necesidades de los demás; cuando nos sentimos rodeados de un crecido porcentaje de jóvenes que no se dan cuenta de estas cosas, cuando todo esto pasa a la vuelta de pocos años, quizá uno, nos duele reconocer que somos universitarios y que por lo tanto ya no tenemos ideales, o que si los tenemos, estamos obligados a ocultarlos para no recibir la sonrisa, entre compasiva e irónica, de algún sabiendo catedrático…”.

 

Como se puede ver, la bancarrota universitaria se proyecta en una crisis profesional, crisis moral y económica, y de allí la poca gracia que hace a las personas de dignidad y decoro el adjetivo de licenciado”.

 

 

El marasmo intelectual que hoy en día presentan nuestros funcionarios públicos, las personas tomadoras de decisiones en diversas instituciones, la tendencia al silencio y al acomodamiento, las divisiones grupales ante luchas comunes me hacen sentirme lejos de la luz al final del túnel, pero a la vez me recuerdan que situaciones similares vividas en épocas anteriores en el país tuvieron reacciones organizadas y comprometidas con logros significativos, no puedo ni quiero olvidar los acontecimientos del grito social de 1944, quiero recordar (me), que la ciudadanía y la democracia son posibles, que la libertad de expresión, la igualdad, los derechos, se demandan y se construyen día a día, y que ese país aparentemente utópico puede ser posible, no es ingenuidad, es creer en los actuales y futuros profesionales, en mantener el diálogo, mantener la historia y exigir lo que por ley nos corresponde, lo que hará posible una Guatemala mejor; un país que refleje desde su marco legal hasta nuestras acciones cotidianas esa equidad y democracia que muchas generaciones hemos buscado.

 

 

Buen inicio 2014!

 

 

 

Te gusto, quieres compartir