La impunidad está entre nosotros

foto elperiodico

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Por Marcelo Colussi –
mmcolussi@gmail.com

Concejal prepotente en Villa Nueva

De acuerdo a lo publicado por elPeriódico el día viernes 13 de diciembre, el concejal quinto de la municipalidad de Villa Nueva, Ever Noé Calderón, del partido LIDER, fue denunciado en la agencia del Ministerio Público por el agente de la Policía Municipal de Tránsito local, Walter Alfredo García Guevara, de 25 años. En la denuncia se hace constar que el señalado edil atropelló deliberadamente al policía con su vehículo en dos ocasiones (un picop marca Mitsubishi, color gris plomo, de doble cabina y placas de circulación P 982FKT –hay grabaciones de video que lo demuestran–) al recibir una indicación de alto, en un acto de absoluta irresponsabilidad, dándose posteriormente a la fuga demostrando una impunidad a prueba de todo.

Según comenta algún abogado, la suma de ilícitos cometida por el concejal es enorme: intento de homicidio con alevosía y ventaja, abuso de autoridad (“¡Yo soy tu jefe, dejame pasar…!” espetó violento al agente de policía cuando le marcó el alto), agresión a un empleado público, abandono irresponsable de un herido por accidente en la vía pública, además del bochornoso intento de adelantarse en la fila de ingreso al condominio donde esperaban varios vehículos antes del suyo.

La noticia difundida por la prensa inmediatamente encontró eco en numerosos lectores que se solidarizaron con el agente policial herido y fustigaron al concejal, pidiendo su inmediata renuncia así como su detención. Sin dudas, dado lo realmente repulsivo de la actitud de la autoridad municipal, la reacción generalizada fue de marcado repudio.

Podría entenderse el accionar del Sr. Calderón como expresión de una posible psicopatología. Por cierto, no todos los concejales actúan así. Pero también puede entenderse el hecho como una demostración de la impunidad reinante. Sólo en un clima que favorece hechos de esa naturaleza puede aparecer una expresión de ese tenor.

Que la impunidad está instalada entre nosotros no es ninguna novedad. En todo caso hoy, con el avance de una cultura democrática y que pone énfasis en los derechos humanos, no es políticamente correcto avalar una conducta de esa laya. Al contrario: hasta incluso se puede denunciar abiertamente, y no sería nada improbable que el susodicho edil fuera detenido y expulsado de la municipalidad. Pero eso no quita que la impunidad es nuestro alimento cotidiano. Si, por ejemplo, quien fuera acusado de delitos de lesa humanidad y vencido en juicio público con su correspondiente condena, por puros manejos de poder al día siguiente del veredicto queda virtualmente libre, eso no hace sino fomentar un clima donde la impunidad campea muy tranquila.

Si pese a los enormes esfuerzos que está haciendo el actual Ministerio Público aún la gran mayoría de delitos queda impune, si la recaudación fiscal es una de las más bajas de Latinoamérica porque quienes deberían cargar con el mayor peso fiscal impunemente evaden impuestos, si es ya una virtual institución que la “mordida” hace parte del “complemento” salarial de muchos funcionarios públicos (de alto rango o de un policía raso en la calle) es absolutamente comprensible que el mensaje de impunidad recorra toda la sociedad y, por lo tanto, muchos la ponen en práctica de esta manera brutal. Pasarse un semáforo en rojo como cosa cotidiana, orinar en la calle (en general los varones), mantener más de un “frente” (en general también los varones), “pistear” para cualquier trámite, ejercer el racismo cotidianamente o acosar a un/a subordinado/a sabiendo que cualquiera de esas acciones en general no tienen consecuencias para quien las comete, es parte de un histórico legado de impunidad.

La impunidad, en definitiva, es el ejercicio de un poder sin límites, sin mediaciones, sin obstáculo alguno. ¡Sin ley! “¡Yo soy tu jefe, dejame pasar…!”. Quizá a este edil en particular “se le fue la vara”, pero no deja de ser demostrativo de algo que está aceptado y normalizado en nuestra cotidianeidad.

https://www.facebook.com/marcelo.m.colussi

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