Un día para cosas más dulces

cdPor: Mariano González, magopsi@yahoo.com.mx

 Ernest Jünger, escritor alemán, recuerda en la narración sobre su experiencia como soldado en la primera guerra mundial (en su libro Tempestades de acero), un momento de reposo del combate, con el ruido de los cañones a su espalda y que acompaña con la cita siguiente:

 “Un día hecho por Dios, Señor del mundo,/ para cosas más dulces que el andar golpeándose”.[1]

 Independientemente de la condición de creyente o no, lo interesante de esta frase, escrita al principiar el “breve siglo XX” (Eric Hobsbawm), es que se aparta del hedonismo que se encuentra en la utilización de frases como el carpe diem (aprovecha el día) y que subyace a infinidad de opiniones y anuncios.

 En efecto, da la impresión que hay una serie de citas o expresiones que recuerdan la fugacidad del día y del vivir pero de forma indiferenciada: ¡aprovecha el día! Una mejor traducción a los tiempos que corren es algo así como el publicitario “vive al máximo” como apelación a vivir lo más intensamente posible cada momento.

 Lo interesante es que, por un lado, actualmente esta es una apelación al sujeto, al yo desprovisto de objetivos y de contenidos específicos, es decir, se dirige e un yo ensimismado que le puede dar contenido en función de sus fantasías, de sus deseos. 

 Por el otro, que estas fantasías y deseos, pese a la ensoñación, son al final deseos y fantasías cuyo origen social se encuentra en el consumo (que se exacerba en las fiestas de fin de año).

 Así, este aprovecha el día es, más que una reflexión sobre el carácter de la vida breve y por tanto irremplazable, una apelación al consumo. Basta ver dónde o quién utiliza tal expresión (pues es importante no sólo el contenido de la expresión, sino quién lo utiliza para comprender el significado de un acto de lenguaje). 

 La cita de Jünger, ofrece por el contrario, una doble referencia a lo que está más allá del sujeto. En primer lugar por la referencia a Dios, “Señor del mundo” que apela a una fuente trascendente que le da un contenido distinto al indiferenciado ¡aprovecha el día! Para un creyente esto resulta ya suficientemente significativo.

 Pero también porque que los días sean “dulces” es algo que está más allá del sujeto y que habla del carácter amable del mundo (pese a todas las desgracias, como la propia y catastrófica guerra que se estaba desarrollando en el momento que vive Jünger). Además, porque esa referencia a un no-a-la-violencia le da un contenido ético que se suma al contenido estético. Los días son dulces, por tanto, no vayas haciendo daño por el mundo.

 Una traducción personal podría ser: disfruta de lo que el mundo da (incluyendo la compañía de los otros) y no andes peleando con ellos. No hagas daño. Quizás es mucho el dolor que se encuentra en el mundo (seguramente así lo han experimentado generaciones y generaciones, incluyendo la de Jünger), ¿por qué añadir más al mismo? Ya hay suficiente.

 

[1] Evidentemente viene de alguna oración o poema accesible a Jünger. Desconozco su origen.

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