Hay vida (y emancipación) después del fraude en Honduras

xegPor Andrés Cabanas – 

El triunfo/fraude electoral de la ultraderecha hondureña avala la entrega del país a transnacionales y oligarquías; refuerza el paradigma de gobiernos cívico militares o dictaduras civiles; extiende la subordinación geopolítica (Estados Unidos, Alianza del Pacífico, Colombia), frente al proyecto propio, posneoliberal (Argentina, Venezuela, Brasil); fortalece la militarización de la seguridad y la militarización del Estado, con el Ejército como actor político determinante.

Dictaduras civiles o democracias de mercado

Las elecciones consolidan el modelo iniciado por el golpe de estado de 28 de junio de 2009, parteaguas para Honduras y la región: la “restauración conservadora o autoritaria” (Emir Sader). La forma en que se produce–asesinatos previos y posteriores, presencia del ejército, fraude a la vista de todos (1) – es tan importante como los resultados. En este sentido cabe una pregunta maliciosa: ¿no supo el gobierno camuflar las graves irregularidades (documentadas entre otros por el periódico El Libertador y por observadores internacionales independientes) o no quiso ocultarlas, como señal de fuerza e impunidad? (2).

Este modelo “posgolpista”, denominado por Isabel Rauber democracia de mercado, no excluye la vía electoral y la pluralidad de partidos:

“Cuando me convienen la democracia y la legalidad, sí, y cuando no me convienen, no… Se apela a canales legales para poner fin por la fuerza a los procesos de cambio que se están desarrollando en el continente”.

Paradoja de la democracia de mercado o dictadura civil: el fraude puede debilitar o fortalecer el sistema de partidos (y por ello la democracia representativa y el sistema capitalista en su versión neoliberal militarista). Es decir, en el futuro de Honduras y Centroamérica asoman modelos de dictadura clásica y/o modelos formalmente democráticos, que operan de escudo contra proyectos populares de transformación social.

Las elecciones en Honduras refuerzan en Guatemala el esquema autoritario propuesto por las elites: el proyecto oligárquico militar (u oligárquico criminal militar, por la importancia de la economía criminal en la configuración del mismo). Este proyecto, que no excluye enormes tensiones entre actores de poder, se construye sobre:

  • renovación del pacto histórico oligarquía-ejército, que se visibilizó en la oposición al juicio por genocidio (caso Ríos Montt) pero trasciende este momento,
  • presencia geopolítica determinante de Estados Unidos,
  • influencia económica y política de las transnacionales o el poder corporativo (que vincula intereses globales y comunes de Estados Unidos, Europa, China, Brasil, oligarquías centroamericanas, India y otras),
  • preponderancia de la economía criminal y sus actores.

Nueva paradoja: el modelo económico y político se desarrolla en contraposición a otras “recetas” económicas para la salida de la crisis capitalista, que incluyen el retorno al Estado y la limitación del accionar del capital financiero, considerado uno de los responsables de la crisis actual.

Acuerdos de Asociación versus democracia real

De forma causal más que casual, el Acuerdo de Asociación Unión Europea-Centroamérica (AdA) entra en vigor casi simultáneamente a la celebración de elecciones. La historia reciente de Honduras se escribe, literalmente, entre golpes de mano, votaciones y acuerdos económicos, que no modifican, sino refuerzan, la estructura del poder (3).

Al igual que en el periodo posterior al golpe de estado, la aceptación por parte de la Unión Europea y Estados Unidos del triunfo del Partido Nacional, evidencia la subordinación de dinámicas políticas, razones democráticas e incluso contenidos éticos, a las lógicas del mercado. ¿Puede ser de otra forma? ¿Podrían convivir el Ada, los tratados comerciales en general, y los intereses transnacionales, con un ejecutivo con presencia de la resistencia hondureña? ¿O se encuentran más cómodos en un marco autoritario? En mayo de 2010, tras la firma del Acuerdo de Asociación escribí:

La firma del AdA, con la rúbrica de Honduras y en presencia del gobernante de facto, Porfirio Lobo, implica el reconocimiento del golpismo hondureño y legitima futuros quiebres autoritarios en la región. Un Acuerdo firmado sin condicionamiento ni cuestionamiento al golpe de estado y su mecanismo de sucesión (elecciones realizadas bajo represión y restricción de libertades, con baja participación, continuidad de actores y políticas, fortalecimiento del poder del ejército) debilita principios democráticos, lanzando un mensaje de permitida regresión.

El 19 de mayo de 2010, fecha de la firma en Madrid, convierte el golpe de estado de 28 de junio de 2009 en un estado de golpe: es decir, el intento de consolidar un paradigma involucionista, con legitimación del uso de la fuerza frente a la voluntad popular. Este paradigma se fundamenta tanto en consideraciones geoestratégicas (contención frente a luchas sociales y gobiernos progresistas), como internas: reconfiguración de actores y del modelo capitalista, en crisis y transición.

El AdA refuerza poderes económicos tradicionales, al mismo tiempo que favorece su reconfiguración, y refuerza los poderes políticos correspondientes, de carácter jerárquico-excluyente-autoritario, a través de un Estado corporativizado y un sistema político generador de exclusión. El golpismo, el estado de golpe como proyecto, puede partir de la institucionalidad democrática existente y convivir formalmente con algunas de sus normas, pero también pretende concretar el recorte de libertades y de lo público en nuevos textos constitucionales (ejemplo, Pro Reforma en Guatemala).

El desarrollo del AdA se beneficia o precisa eventualmente de un marco legal autoritario, o una salida autoritaria como garantía de estabilidad de inversiones. No sería entonces casual la coincidencia entre la firma del AdA, la presencia de Pepe Lobo en Madrid, y la finalmente cancelada conferencia del golpista Micheletti en Guatemala (el mismo 19 de mayo, para mayor simbología). Se está promoviendo este neogolpismo y neoautoritarismo del siglo XXI en Honduras y más allá de Honduras, con su normatividad desarrollada, sus alianzas recién firmadas y su discurso y liderazgo en construcción.

Así, triunfa (o se impone por la vía del fraude, el manejo impune y a la carta del poder, incluso del poder democrático y electoral) la mirada hacia fuera, la dependencia servil, antes que la apuesta por alianzas centroamericanas populares: la peligrosa escalada de tensión en las fronteras previa a las elecciones de noviembre es parte de esta identidad de naciones o estados construidos en contraposición, competencia, lucha u olvido de los estados hermanos.

Lo que funciona es la integración centroamericana de elites, operativizada por todos los gobiernos de la región, incluidos los autodenominados de izquierdas. La fulminante aceptación de los resultados electorales por parte del gobierno de Nicaragua desnuda (por si no estaba claro) al presidente Ortega y al Frente Sandinista de Liberación Nacional, que no han servido de apoyo para el intento de reforma política vía electoral, ni para el fortalecimiento de las luchas sociales antisistémicas. Por el contrario, se alían (forman parte, por sus propios intereses económicos) de oligarquías ultraconservadoras.

El día después del golpe y del fraude

La forma en que se produce la derrota del partido LIBRE (Libertad y Refundación, que aglutina sectores de la resistencia y liberales zelayistas, entre otros), alerta y hace albergar dudas sobre posibilidades de cambios electorales y sobre los próximos resultados en El Salvador, Costa Rica, Panamá y Guatemala. Pero sobre todo, amenaza la posibilidad de fortalecimiento de movilizaciones para la transformación de raíz de las sociedades.

En este sentido, la imposibilidad de gestión del gobierno por parte de LIBRE es una derrota (temporal) de todas y todos los movimientos sociales centroamericanos, y un revés (inmediato) para los proyectos emancipatorios. Derrota para quienes apostaron directa y más o menos incondicionalmente al proyecto electoral, pero también para los que se distanciaron del mismo: los escépticos, los críticos de una lógica político partidaria que debilitó o se contrapuso a la lógica de movilización social a largo plazo y de refundación (refuncionalizando el sistema).

Tras el fraude, la situación es paradójica: una cierta algarabía preelectoral de movimientos y partidos de izquierda, en Honduras y Centroamérica (la irreal percepción de que podíamos derrotar electoralmente el modelo) ha sido sustituida por el silencio: tímidas o nulas reacciones (nos quedamos sin Me gusta en las redes sociales) frente al fraude y sobre todo frente al creciente autoritarismo económico y político.

Ni lo uno ni lo otro nos debe satisfacer. Analizamos mal, pésimamente, la correlación de fuerzas en el momento electoral: la crónica de un fraude anunciado que no pudimos denunciar suficientemente ni evitar. Somos incapaces de reevaluar de forma crítica y compleja el escenario posfraude, reconociendo las debilidades y la falta de estrategia o lo equivocado de poner todos los huevos en la canasta electoral. De la expectativa errada pasamos a una muy peligrosa inactividad.

COPINH (Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas) y otras organizaciones (Red de Defensoras de Derechos Humanos; Organización Fraternal Negra de Honduras, OFRANEH; Casa de los Pueblos; Frente Revolucionario Artístico Contra Cultural, FRAAC; Circulo de Estudio Feminista; Red Comal; el Instituto Hondureño Ecuménico, INHESCO) fuera de la órbita de LIBRE pero no de la Resistencia, llaman a “hacer una lectura crítica del reciente proceso electoral, y analizar el contexto socio-político y la situación que seguirá enfrentando el movimiento social y popular a partir del fraude electoral donde se busca imponer al candidato del oficialismo” para confluir en “aproximaciones estratégicas para una lucha unitaria, capaz de enfrentar la actual crisis y hacerle frente a la profundización del modelo neoliberal, al extractivismo, racismo, capitalismo y patriarcado”. A pesar de la dificultad, estas aproximaciones estratégicas deberán buscar acuerdos con sectores de LIBRE, en una mirada y acción común.

No convienen los silencios, a pesar de los escepticismos o las decepciones. Por el contrario, es imperativo reevaluar las correlaciones de fuerzas y las estrategias en este contexto de reconfiguraciones autoritarias.

La derrota de LIBRE se concreta el 24 de noviembre pero se inicia a partir de otros factores. Entre ellos:

incapacidad de derrotar el golpe de estado de 2009, lo que dejó el escenario abierto para la profundización de un modelo autoritario. Esta incapacidad provino tanto de la presión de las oligarquías como de las divisiones de la Resistencia (bloque político-bloque social; bloque izquierda histórica-nuevos sujetos),

limitaciones para articular un proyecto común entre todos los sectores que confluyeron inicialmente en la resistencia al golpe de estado. La conversión de este movimiento en partido; la salida de movimientos indígenas -COPINH, OFRANEH, feministas, diversidad sexual y otros- (4); la imposición de la candidatura de la familia Zelaya y el sector liberal no renovado, sujeto a las viejas lógicas políticas del clientelismo y a poderosísimos intereses oligárquicos, condicionaron la cita electoral de LIBRE. Así, se debilitó la diversidad y articulación de actores en resistencia (con un esquema de participación horizontal), en función del reparto de cuotas electorales, por razones muchas veces de historia de lucha y no de validez actual de la misma,

subordinación de los movimientos a las cúpulas de los partidos (Frente Nacional de Resistencia Popular en detrimento de LIBRE; apenas después del fraude se intenta revivir el FNRP como movimiento de masas),

imposibilidad práctica de combinar luchas partidarias con movilizaciones sociales, en un marco de relaciones complementarias entre movimientos y partido,

descomplejización y parcialización de la lucha por el poder (poder entendido como control del estado o del gobierno),

absolutización de las estrategias: el absolutismo electoral (estrategia única), el absolutismo de la toma del poder político entendido como panacea y reducido al momento electoral y al control del ejecutivo,

cambio de apuestas: la gestión menos mala de lo que ya hay, en vez de un salto hacia adelante, y un cambio de modelo.

Estar cerca de Honduras

A pesar de la derrota electoral, la presencia de diputados provenientes de la Resistencia (5), la fortaleza de movimientos sociales, feministas e indígenas con una nueva cultura política y planteamientos emancipatorios, la emergencia y fortaleza de otros sujetos, abre un nuevo panorama de luchas, que deberá ser manejado de forma estratégica, incluyente y compleja. El acumulado de luchas recientes es asimismo importante, tanto en la respuesta al golpe de 2009 como en la articulación, de actores y miradas: comunitarias, indígenas, feministas, diversidad sexual.

La esencia del golpe de 2009 y su continuación en Honduras y Guatemala es el intento de contención ante la amenaza de un buen ejemplo, como menciona Noam Chomsky. Si el buen ejemplo es amenaza, es también hoja de ruta. Se impone, entonces, profundizar este buen ejemplo, que implica tanto un modelo de sociedad como unas formas de impulsarlo, basadas, entre otros aspectos, en:

la confluencia heterogénea de actores (característica de la resistencia hondureña, pero también de la resistencia por la defensa del territorio en las comunidades de Guatemala),

la construcción de relaciones horizontales, no subordinadas, entre movimientos sociales y partidos (en una lógica de progresiva prescindencia de partidos como instrumentos),

la priorización de la construcción del proyecto político, ideológicamente claro, antes que el instrumento político electoral y su programa de mínimos,

la formación política y ética masiva, que rompa con las cadenas históricas del sistema político y las formas de relación política (clientelismo), y con los antivalores del neoliberalismo, que apuestan por lo inmediato y lo individualista, y anulan lo comunitario y lo público.

Todo ello, mientras se da respuesta a demandas y coyunturas del momento, que implican reconocer agendas hegemónicas, e insertarse en ellas para transformarlas de raíz.

El reto es mayúsculo, porque se trata de debatir y trascender paradigmas hasta ahora inamovibles de la izquierda tradicional: si lo electoral puede ser funcional a las expectativas de refundación o las contradice; si lo partidario subordina las movilizaciones político sociales o las complementa; si el actor partido es capaz de deshegemonizar las luchas, convirtiéndose simplemente en apoyo de las mismas; si el control del gobierno supone efectivamente control del poder y posibilidad de cambios estructurales; si los movimientos sociales cuentan con la fuerza y la confianza necesarias para transformar este modelo.

El reto es entender y complejizar, en sujetos, proyectos y organizativamente, esta nueva etapa. Se trata, para empezar, de recuperar en la acción de hoy la resistencia original al golpe de estado y superar la parálisis y el desconcierto. No es la hora de callar ni de alejarse. Es la hora, dice Juan Almendares desde la convicción y la ética, de estar cerca de Honduras y su proceso.


[1] Amparo Pineda y Julio Romero, líderes comunitarios de Cantarranas, Morazán, integrantes de la Central Nacional de Trabajadores del Campo-Vía Campesina, fueron asesinados cuando regresaban de una capacitación electoral, 12 horas antes del inicio de las votaciones. Se denuncia que 23 dirigentes de Libre han sido asesinados desde el inicio de la campaña electoral, 38 periodistas desde el golpe de Estado.

[2] Según Bertha Cáceres (COPINH) existió un “fraude sin límites”. Se detectan irregularidades en aproximadamente 20% de actas correspondientes a 400,000 votos, restados a Libre, Partido Liberal y Partido Anticorrupción. Se denuncia intimidación del ejército en lugares de votación y remoción de autoridades vinculadas al conteo de votos. Fuente: http://www.albatv.org/Fraude-sin-limites.html

[3] Recopilación de artículos realizados durante la primera fase del golpe de estado: Neogolpismo y restauración conservadora, en memoriagua@yahoo.com.

[4] Para reflexionar: tanto en LIBRE como en los movimientos sociales que no le apostaron a la dinámica electoral confluyen feministas, movimientos de la diversidad sexual, movimientos indígenas y campesinos.

[5] Datos provisionales derivados del recuento del 70% afirman que Libre puede obtener 39 diputados de un total de 128. Una hipotética alianza Libre, Partido Liberal y Partido Anticorrupción sumaría mayoría simple. Igualmente, la alianza Partido Nacional-Partido Liberal. Fuente: Plaza Pública.

Fuente: www.memorialguatemala.blogspot.co.at

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