“El neoliberalismo de la Escuela Austriaca es un programa despolitizador, privatizador y de asfixia fiscal”

sdfLouisa Reynolds • correo@gmail.com

 ¿Por qué decidió escribir un libro sobre el movimiento libertario en Guatemala y la casa de estudios que lo ha impulsado: la UFM?

– En 2010, publiqué un ensayo contra Pro Reforma, antes de que se presentara en el Congreso de la República. Denuncié que habían copiado el libro Derecho, Legislación y Libertad de (Friedrich) sin ni siquiera darle crédito. Seguí profundizando en el tema y a partir de eso, en 2011, escribí el ensayo Public Choice o la Opción Racional de Clase en la Reforma Política. Para entonces, había acumulado suficiente información para entender que lo que aquí criticábamos como neoliberalismo no era el neoliberalismo del Consenso de Washington y de la Escuela de Chicago, sino de la Escuela Austriaca de Economía, que es mucho más radical.

¿Qué impacto tiene la Escuela Austriaca en Guatemala?

– Es como si tuviéramos al Vaticano en el Congo, predicando contra el uso de anticonceptivos y a favor de la libertad de armas. Cuando en un país con enormes desigualdades tenemos un pensamiento ideológico marcadamente individualista, subjetivo y anticientífico al servicio de las elites, el resultado es un sálvese quien pueda donde no hay modelo de nación, aborrecemos las políticas públicas y todo lo que es planificación. El neoliberalismo de la Escuela Austriaca es un programa despolitizador, privatizador y de asfixia fiscal.

¿Por qué le atribuye tanta influencia a la Escuela Austriaca, cuando la mayoría de economistas a nivel mundial la sitúan fuera de la doctrina económica ortodoxa?

– Lo que sucede es que en Guatemala (a las elites) les cayó como anillo al dedo porque cuando surgió la UFM, lo que prevalecía en el país era el liberalismo europeo de (Jean-Jacques) Rousseau y del contrato social. “¿Cuál contrato social?” Dicen ellos, “si yo no lo he firmado”. Según ellos, el único vínculo entre tú y yo es porque queremos comprar y vender algo. Si no hay contrato no hay familia, y si no hay familia tampoco hay colectivos, y si no hay colectivos no hay clases (sociales), y si no hay clases no hay naciones. Es una ideología atroz para este país.

¿Tiene sentido hablar de ideologías a más de dos décadas de la caída del Muro de Berlín?

– Hay un proyecto desideologizador que ha permeado tanto que de verdad la gente piensa que ya no hay derechas ni izquierdas y que es anacrónico hablar de ideologías. En el libro demuestro que eso no es cierto, que las ideologías siempre han existido y que no hay discurso más ideológico que el de la Escuela Austriaca de Economía, ya que surge como una contestación al marxismo.

¿La Escuela Austriaca es monolítica o hay matices?

– Mientras que la Escuela Austriaca más sólida se ha quedado en un discurso formal de defensa de la propiedad privada, los randianos* se han abalanzado sobre un discurso anticolectivista que es fundamentalmente anticomunista. Entonces hay una alianza entre el pensamiento anticomunista y el pensamiento neoliberal austriaco, una alianza de coexistencia o de subordinación mutua, dependiendo de las coyunturas. Pero como el randismo en la UFM empieza a decrecer porque lo consideran muy simplista, viene una avanzada todavía más radical que es el anarco capitalismo, un pensamiento que trae como consigna luchar contra todo lo que significa estado y pelea contra la más mínima expresión de intereses colectivos, estatales, y públicos en la sociedad. Según ellos, todo puede ser contratado: la seguridad, los bomberos, la salud, la educación… y eso está permeando, sobre todo en los jóvenes.

Pero en la práctica no existe ningún país “anarco capitalista”.

– Por eso planteo que es un proyecto utópico. No se puede discutir un Estado o una Nación o una visión del desarrollo con base a esquemas doctrinarios idealistas. Se vale tener esquemas ideológicos, pero hay que subordinarlos a la realidad.

Plantear una desregulación económica total, cuando la crisis económica demostró los peligros que eso conlleva y se habla de un retorno al keynesianismo, ¿no es nadar contra la corriente?

– Depende de quién lo lea. Los demócratas leen la crisis en Estados Unidos y Europa como el fracaso del modelo de libertad para los bancos. Pero ellos (los libertarios) lo leen como el fracaso del modelo de bienestar social, de la vieja Europa atrasada y socialista. Piensan que lo que viene es más mercado, menos regulación, piden que se eliminen los bancos centrales y las reservas federales. No es ningún discurso aislado porque ya se demostró el peso que tiene el Tea Party en Estados Unidos. Ya logró secuestrar el pensamiento republicano y tiene de las gónadas al presidente Obama.

¿Es justo señalar a las elites de ser “anti-Estado”, cuando el sector privado está impulsando un paquete de leyes sobre flexibilidad laboral, competitividad y otros temas?

– Mis columnas denuncian esa contradicción entre pedir que el Estado no intervenga en la economía cuando esa intervención es a favor de los demás, pero pedir que intervenga a favor de las elites, por ejemplo, mediante las leyes que están ahora en el Congreso, las cuales buscan promover esquemas de clusters, inversión directa, y economías de enclave. Lo ilustro con la imagen del tigre y la paloma. Al individuo le dicen: “sea fuerte, sea voraz, sea tigre, la justicia no importa, aquí es la ley del más fuerte”. Pero a las masas les dicen: “sea paloma, sea pacífico, no sea competitivo”.

Califica a las elites como “individualistas”, cuando en el Encuentro Nacional de Empresarios recién se firmó un Acuerdo Nacional Sobre Desarrollo Humano con participación de un amplio abanico de sectores.

– Que el sector privado esté adoptando a estas alturas el concepto de desarrollo humano me parece fenomenal, pero, ¿será el desarrollo humano del que hemos venido hablando o es solo una retórica política? Ahora, ¿quién les hace contrapeso? Porque la democracia no es solo irles a firmar cualquier papel que nos pongan enfrente, sino llevar nosotros una contrapropuesta. Nos falta una mayor madurez y una mejor propuesta, otro liderazgo.

¿El triunfo del libertarismo en Guatemala es sintomático del fracaso de la izquierda en Guatemala?

– Sí, así es. La Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU), que era la gran expresión de izquierda de la Usac, está en manos de mafias corruptas ligadas al Ejército y otros bandos. Ya no es como antes, cuando la lucha por la democracia se nutría con la lucha del estudiantado y era más fácil convencer a la gente del sentido de clase. Esto es producto de la desideologización, pero también de no entender qué papel juegan las universidades en el debate ideológico.

Si considera el libertarismo como “una ideología atroz”, ¿Cuál sería su contrapropuesta?

– Si ya tenemos un predominio ideológico en el tema de la competencia personal, entonces hablemos de competencia desde lo público. Dejemos que el mercado se maneje por el tema de la competencia, pero promovamos que el Estado entre a competir también, o sea que la economía juegue su rol, sin monopolios, y cuando se genere un monopolio debe de penalizarse y hay que meter un ruido competitivo ahí. Quienes abogan por una economía de mercado dicen que China es el mejor ejemplo de que el capitalismo triunfó. Pero también se puede decir al revés: el ejemplo de que el Estado que funciona es China.

¿Qué aporta su libro al debate nacional?

– Trato de describir el movimiento libertario guatemalteco, mostrar sus raíces ideológicas, teóricas, y filosóficas, y mostrar en dónde están parados en el debate ideológico-político de la historia, para hacer una discusión rigurosa pero no neutral.

Entrevista tomada de ElPeriódico.

http://www.elperiodico.com.gt/es/20131124/domingo/238485/

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