La utopía, la ciudad y la máquina (1/2)

miseriaOmar Marroquín Pacheco

Aunque la influencia de Platón es la primera que acude a la mente al pensar en las utopías, es Aristóteles quien se ocupa de manera más definitiva de la estructura real de una ciudad ideal, de hecho, podría decirse que el concepto de utopía impregna cada página de La Política.  Para Aristóteles, como para cualquier otro griego, la estructura constitucional de una comunidad política tenía su contrapartida física en la ciudad, por ser en esta donde los hombres se unían, no sólo para sobrevivir al ataque militar para enriquecerse por medio del comercio, sino también para vivir de una mejor manera posible.

Pero las tendencias utópicas de Aristóteles y va mucho más lejos, compara constantemente las ciudades reales, cuyas constituciones fueron estudiadas cuidadosamente, con sus posibles formas ideales. La política era para él, la ciencia de lo posible, en un sentido bastante diferente del que ahora van a esa frase quienes encubren sus mediocres expectativas o sus débiles a criar sucumbiendo, sin oponer ningún esfuerzo a la probabilidad.

Un determinado tipo de ciudad, podría ser comparado con no sólo en términos de poder sino en términos de valor y ideal para el desarrollo humano. Por una parte, Aristóteles consideraba la polis como un hecho natural, puesto que el hombre era un animal político que no podía vivir solo, a menos que fuera una bestia o un dios. Sin embargo, era igualmente cierto que la polis era un artefacto humano; su constitución heredada y su estructura física podían ser criticadas y modificadas por la razón.

En resumen, la polis era potencialmente una obra de arte. Como en cualquier otra obra de arte, el medio y la capacidad del artista limitaban su expresión, pero no la valoración humana, la intención humana, formaban parte de su diseño real. El interés racional de Aristóteles en las utopías se sustentaba no tanto en la insatisfacción por las deficiencias y fracasos de la polis existentes, sino la confianza en la posibilidad de perfeccionamiento.

Al escoger la palabra utopía, como un término ambiguo entre oautopía (ningún lugar) y etopía (el buen lugar), se aplique igualmente a la diferencia entre las concepciones de Platón y Aristóteles y seguido es Aristóteles, cuando en el libro séptimo de La Política bosqueja los requisitos de una ciudad ideal confeccionada según su propio patrón, siguen teniendo los pies en la tierra, no vacila en retener numerosas características tradicionales tan accidentales como en el caso de las calles estrechas y torcidas, que podrían ayudar a confundir y ya obstaculizar a un ejército invasor.

Por tanto en cada situación real, Aristóteles veía una o más posibilidades ideales surgidas de la naturaleza de la comunidad y de sus relaciones con otras comunidades, así como de la constitución de grupos, clases y profesiones dentro de la polis.

Aristóteles plantea la que la forma de comunidad política, es la mejor de todas para quienes mejor pueden realizar su idea de vida, es importante expresada por Aristóteles ya que es una de las contribuciones permanentes del modo de pensar utópico.

La asociación de lo potencial y lo ideal con los racional y lo necesario fue un atributo esencial del pensamiento helénico, el cual consideraba la razón como la característica central y definitiva del hombre solamente con la desintegración social del siglo III a. C. dio paso esta fe en la razón a la creencia supersticiosa en el azar como dios último del destino humano.

De Aristóteles, ni Platón, y ni siquiera Hipódamo, podrían concebir una sociedad que sobrepase los límites de la ciudad; ninguno de ellos podía abarcar una comunidad multinacional o público cultural, ni aún centrándola en la ciudad y, tampoco podían admitir, ni como un ideal remoto, la posibilidad de destruir las permanentes divisiones de clase o suprimir la institución de la guerra.  A estos utópicos griegos le resultaba más fácil imaginar la posibilidad de abolir el matrimonio o la propiedad privada que la de liberar al auto día de la esclavitud, la dominación de clase y la guerra.

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