La deuda social

dweghOmar Marroquín Pacheco

Las políticas de ajuste económico que han sido sometidos los países latinoamericanos, se visualizan en los negativos efectos sociales que éstas han generado.

Las consecuencias de estos procesos han sido el aumento cuantitativo de la pobreza y el empeoramiento cualitativo de la calidad de vida de la población. Esta situación involucra a cada vez más amplios segmentos de población a condiciones de vida infrahumanas.

Según informes del programa de Naciones Unidas para el desarrollo, al principiar la presente década, el 62% de las personas de la región padecían condiciones de pobreza, pero aún bajo hipótesis de crecimiento económica optimista, más de la mitad de los latinoamericanos serán pobres al finalizar la presente década.

Esta problemática, ha hecho tomar conciencia en los diferentes países latinoamericanos en la necesidad de dar respuestas para enfrentar la deuda social. Las políticas internacionales se orientan al surgimiento de lo social y en la actualidad se aborda el déficit social, sentándose en el debate político, ya que la implementación de políticas sociales son tan necesarias para vialidad económica a los modelos.

En la actualidad los esfuerzos en muchos países latinoamericanos, se centran en superar los desequilibrios macroeconómicos, pero quedan aún pendientes superar las desigualdades sociales que en estos tiempos de crisis se han acentuado. Se hace necesario crear espacios para debatir sobre la política social cuyo dilema central es cómo partiendo de los recursos disponibles, se pueda enfrentar la pobreza y generar condiciones de mayor equidad y justicia social.

Se debe enfatizar en la necesidad de encarar la problemática de la deuda social, no como un tema que se resuelva por sí mismo, para poder encarar la deuda social íntegramente se debe articular lo económico, lo político, lo social y lo educativo.

La problemática del adeudo social es de vital importancia, como lo es la premura para poder resolverla, pero resulta difícil realizar esfuerzos significativos si los países no avanzan en algunos aspectos de orden fundamental:

·        Un conocimiento riguroso de sus múltiples dimensiones.

·        La adopción de enfoques globales e integrados de política social.

·        La utilización de métodos de programación y técnicas de transformación social que eleven la eficacia y la efectividad de las acciones y

·        Un amplio debate sobre las implicaciones éticas, políticas y económicas de las desigualdades sociales que socavan los mecanismos de crecimiento del capitalismo moderno e implican serios riesgos para la viabilidad democrática.

En una primera etapa es necesario impulsar diagnósticos que posibiliten la identificación de los múltiples aspectos en que se manifiesta la pobreza y, el involucramiento de los actores sociales para saber de la fuente misma cuál es la percepción y el conocimiento que ellos tienen de sus necesidades o demandas.

El poder elaborar un sistema indicadores sociales homogéneos, que permitan  conocer y evaluar la deuda social en sus diversas dimensiones: educación, salud, seguridad social, empleo – salarios, vivienda y medio ambiente.

El poder definir las metas en cada una de las áreas específicas que conforman lo social, buscando el marco normativo para el cumplimiento de las mismas, debería ser lo primordial.

También se deben crear escenarios que permitan una amplia discusión sobre la integridad de las políticas públicas y un replanteamiento del papel que le corresponde jugar al estado en esta problemática, que no puede permanecer neutral ante las actuales desigualdades sociales que presenta la coyuntura del país.

Es necesario reflexionar en cuanto a, como se puede saldar la deuda social, incluyendo los roles a cumplir entre el mercado, el estado y la sociedad civil, buscando superar las confrontaciones, articulando voluntades, que den como resultado una mejor política social, y dar el reconocimiento de los derechos sociales básicos a amplios segmentos de población que viven en estado de pobreza.

En un mundo que hoy tiene tendencias estructurales a la concentración del poder, la riqueza, la información etc., el instrumento que compense estas tendencias, debe ser la profundización de las prácticas democráticas, ya que es en este sistema donde la voluntad del ciudadano, ejercida por intermedio de su voto, vale igual independientemente de cuanto posee y sabe.

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