Yum Kaax, Maíz rebelde

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Lorena Medina

Maíz rebelde por dentro, maíz rebelde por fuera. Toda nuestra entraña es de maíz. De pinol es la risa; pelos de elote; masa corporal. Piernas de maíz amarillo; cabeza de maíz blanco; brazos de maíz negro. Labios carnosos y escarlatas, como la sangre de la serpiente entremezclada con la savia del maíz colorado.

Maíz eterno, complejidad codificada en cada grano. Universo de sabidurías; mazorcas danzarinas, tejiendo una femenina identidad, acariciada por zompopos de mayo y adornada con hojas de güisquilar. Manos que van fraguando la estrategia alimentaria, desde los pulmones verdes de los cerros, donde yace el ombligo de Atanasio Tzul, en las cuevas de Xibalbá.

Yum Kaax, recorriendo las sendas curvilíneas de cada mazorca. Inteligencias perfectas que gobiernan a todos los genios de la naturaleza. Pensamiento multicolor estallando en una cósmica diversidad. Coyotes entonando una melodía magistral. Sinfonía de grillos y aullidos de animal; canción de pájaros carpinteros repiqueteando y llanto de niños, que claman por una tortilla, salidita del comal.

Milpa cadenciosa, preñada de utopías campesinas. Herencia divina y profana que inunda de leche los pechos, para amamantar hijos con rebeldía y dignidad. Milpa calzada en cada rinconcito amado de la tierra primaveral. Linaje bendito de nixtamal; explosión de besos y rocío. Leyenda milenaria asomando entre los tejidos de los güipiles. Abrazos de piedra de moler. Flores de milpa, arrulladas por el delantal amoroso de la luna.

Granito que se desliza por los labios, dejando su huella sin igual, en cada retoño de las mujeres de maíz. Va abriendo un canal de comunicación ancestral, para sentir las palabras y balbucear un tiempo nuevo, amasado por el infinito conocimiento de la Abuela Ixquic y rociado por Itzamná.

Irrumpen los vientos del norte, violentamente; lanzan su aliento venenoso sobre el sagrado maíz, nuestra simiente vital. De palmo a palmo se levantan las mazorcas, armadas hasta los dientes, con maíces negros, blancos, colorados y amarillos y se atrinchera la vida para resistir al vendaval. Nada se doblega ante la transgénica invasión. Se alzan por millares los brazos verdes de las milpas, para cosechar la soberanía nacional, con cada semilla digna, generosa, sexual, alimento esencial de los Pueblos que se resiste a fornicar con la embestida transnacional.

Los señores de la muerte bombardean los campos con granos de miseria mezclados con veneno de alacrán, para expropiar nuestra riqueza natural. Allá por los cerros de Paxil van trepando los gritos enardecidos de los hijos de la Madre Tierra, con machetes y fusiles, destinados a la batalla para desterrar con sangre y fuego la amenaza que se cierne contra la vida, y la fertilidad de nuestros mitos, ocultos en cada maizal.

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