La crisis capitalista y el fortalecimiento de los más ricos

p_18_02_2013

Rafael Cuevas Molina/Presidente AUNA-Costa Rica

El 15 de septiembre de 2008, el banco de inversión Lehman Brothers pidió protección crediticia ante la ley, declarándose oficialmente en bancarrota. Su caída se transformó en símbolo de la debacle que tiene todavía sumidos a los Estados Unidos y a Europa en una crisis de la que tardarán muchos años en salir.

Esta crisis, de la que cada cierto tiempo ministros de gobierno y algunos analistas recurrentemente auguran que se está empezando a salir, no ha sido, sin embargo, sino otra vuelta de tuerca del sistema capitalista que, recurrentemente, entra en ellas para salir, después, más fortalecido, dejando tras de sí una estela de damnificados que son arrojados a las márgenes del sistema y prácticamente desechados.
 
Para salir de sus crisis, el sistema se ajusta, se hace más eficiente para lo que, en última instancia, es lo que le interesa, producir más y mejor con menos, lo que tiene varios significados.
 
Primero, elevar la productividad, es decir, introducir innovaciones tecnológicas y desembarazarse de fuerza de trabajo, o estableces nuevas relaciones con ella con el fin de abaratarla. Segundo, abrir nuevos mercados para que el capital pueda realizarse como mercancía, esta vez en el concierto de la llamada globalización, que navega bajo la bandera del libre comercio. Tercero, asegurarse el continuo y barato suministro de materias primas que, en su mayoría, se encuentran ubicadas en países tercermundistas (perdón, quise decir “emergentes”), con los cuales establecen convenientes relaciones, especialmente a través de los tratados de libre comercio.
 
De todo esto salen gananciosos unos pocos y damnificados muchos. Como ya se ha podido constatar recientemente, los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres. Es la lógica del sistema. No se trata solamente de las personas sino, también de regiones y países.
 
Nada menos que el periódico New York Times publicó recientemente un reportaje sobre la creciente desigualdad que está minando a los Estados Unidos. Según los economistas Thomas Picketty y Emmanuel Saez, basados en datos del sistema de recaudación de impuesto de ese país, los ingresos más altos resultaron golpeados cuando los bonos de Wall Street y las ganancias de capital decayeron temporalmente, pero desde el 2009 no volvieron a sufrir, y la recuperación económica fue a parar principalmente al 1% de la población y, dentro de ella, al 0,1%, la crème de la crème, con ingresos anuales de más de $1,9 millones.
 
Un estudio similar ha sido realizado en España, en donde el paro sigue creciendo, bordeando ya el 27%, y más del 56% entre los más jóvenes, pero los más ricos tienen ingresos ahora mayores que los de antes de la crisis.
 
En Alemania, que este domingo va a elecciones, y que se ha transformado en la locomotora de Europa, puesta de modelo de crecimiento y desarrollo, basa buena parte de su prosperidad en los bajos salarios. Buena parte de la disputa entre la CDU y el PSD, los principales partidos que estarán en la contienda este fin de semana, se basa en la posibilidad de establecer un salario mínimo, que hoy por hoy solo se fija por sectores, y en donde una persona como una peluquera, por ejemplo, apenas llega a ganar 700 euros por ocho horas de trabajo diario, que no son suficiente para llevar una vida digna.
 
Se trata, pues, de uno de los reacomodos cíclicos del sistema, que se sacude lo que le estorba para seguir generando cada vez más ganancias que van a parar a cada menos personas. 

 

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