Si cae la Selección, cae Televisa

selmexEl más nervioso ante la posibilidad que la selección mexicana de fútbol no vaya al Mundial es Emilio Azcárraga. El magnate de Televisa es propietario de un negocio de poco más de 600 millones de dólares que vería perdidos si ese equipo no consigue su boleto a Brasil 2014.

 Contratos de televisión, patrocinios, factores micros y macros, directos e indirectos que pararían en la corriente del caño junto a cuatro años de inversión a un equipo que finalmente le terminaría dejando en números rojos a esa industria que llaman “fútbol mexicano”. Esto, según las cifras estimadas Rogelio Roa, director comercial de DreMatch, en información recabada por ESPN hace un par de días.

Además, el impacto del fracaso sería fulminante en el ánimo de un sector del pueblo mexicano. Esos nobles nosotros, quienes aún miramos en el fútbol un aliciente frente a la violencia imparable y la pobreza creciente. Políticamente desastroso para Enrique Peña Nieto, siendo este deporte y la televisión, aliados casi innegables del aparato ideológico de Estado.

Entonces, ¿qué impacto tendría que México no asista al Mundial, en medio de la actual crisis política por las reformas de privatización de los hidrocarburos y la educación; la liquidación de derechos laborales, seguridad social, prestaciones y acceso a un fondo de retiro, y la iniciativa hacendaria que pretende la homologación de los impuestos y el aumento paulatino de la gasolina y el diesel, y por tanto, de los precios en los productos derivado del elevado costo de transportación? Y a parte nos quitan el fútbol.

¿Pero este fútbol – es decir, esto que llamamos fútbol mexicano-, alguna vez nos ha pertenecido?

El nuestro es un fútbol rentado. Se nos cobra por disfrutarlo, por vestir una camiseta, por alentar a nuestro equipo. Y si antes por jodidos, nos quedaba la posibilidad de mirar el partido por televisión, hoy también nos cobran por eso.

El camino de la cancha a la cartera es una línea recta al final de la cual se encuentra el federativo, el dueño, el capitalista, el poseedor del medio de producción en el cual se ha convertido el fútbol. En dos palabras: Emilio Azcárraga. Si el equipo juega bien, pero pierde, hay problemas. Si juega mal, pero gana, ninguno. Lo que importa es la ganancia. Y en términos de un Mundial de fútbol, la caja de cobro suena por millones de dólares. Seiscientos, según Rogelio Roa.

Más, en términos que sí podemos comprobar, la selección mexicana se ha embolsado entre 8 y 9 millones de dólares por avanzar a octavos de final en cinco copas del mundo continuas. El campeón se lleva 30. Pero esos son centavos. La industria del mercadeo alrededor del Tri es inconmensurable. De ahí ganan cualquier cantidad de patrocinadores por ventas directas o indirectas relacionadas con la imagen del equipo, entrenador y jugadores. Pero quien más se lleva es la Televisión.

Por ejemplo, el partido de octavos de final entre México y Argentina del Mundial Sudáfrica 2010 registró 17.8 de rating en la escala IBOPE. Esto significó que 17 millones 800 mil personas estaban mirando la transmisión de ese partido por televisión. Considerando en el horario estelar de Televisa, de lunes a viernes entre las 22:00 y las 22:30 horas, este monopolio cobraba en el año 2005 más de 400 mil pesos por minuto ¿Cuánto carajo pudo haber ganado por 60 segundos de publicidad durante aquel evento? Una inmensidad que no podría imaginarme; más, lo que sí puedo imaginar en consecuencia, es que si la selección mexicana no clasifica a la Copa del Mundo de Brasil 2014, Azcárraga y sus cientos de empresarios, que no deportistas, quienes perviven del fútbol, estarían perdiendo millones de dólares, sin contar los réditos en apuestas y, obviamente, los encauses políticos del hecho.

Por eso luce pertinente afirmar que si cae la Selección, cae Televisa. Al menos por un momento. Y se sumarían voces para que el fútbol ya no sea propiedad de uno, sino de muchos, sino de todos, incluidos jugadores, esclavos modernos de la mercantilización deportiva.

Porque mientras las cosas siguen igual, el ganador seguirá siendo el mismo.

“Aqui los que mandan son los dueños”, declaró el Chepo al finalizar aquel partido de eliminación ante Panamá, en la Copa de Oro. Y tiene razón: quienes mandan sobre el fútbol, son los dueños del dinero. Y él perdió su trabajo, pero por primera vez también están por perder quienes ahí lo pusieron, antes acostumbrados a salir ganando con o sin él. De tal manera, que quienes piden que la selección se salve del ridículo, prefieren obviar la verdadera crisis provocada por la inhumana ambición por las ganancias, escudándose fácilmente en argumentar que todo el problema está en el campo de juego; siendo eso, la cancha, lo más noble que le sobrevive a este hermoso deporte llamado fútbol.

Justo eso es lo que nos sobrará si México no califica a Brasil 2014. Azcárraga quizá recupere sus 600 millones de dólares; o quizá con ello este deporte al fin pueda liberarse de las garras del monopolio. Al tiempo. Aunque pase lo que pase, es que nosotros seguiremos igual de jodidos. O tal vez no, si por un momento, no ver un Mundial nos obliga a apagar la televisión para observar la cruda realidad de este país, sin el hermoso espejismo dibujado por un balón.

 

Fuente: La Ciudad Deportiva

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