Larga batalla para preservar prácticas agrícolas ancestrales

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Louisa Reynolds
Noticias Aliadas

Agroecología, comercio justo, consumo responsable y protección de semillas nativas son algunas de las prácticas que campesinos mayas han rescatado de sus antepasados.

Los campesinos indígenas de la Sierra de los Cuchumatanes, en el noroeste de Guatemala, saben que la agricultura orgánica requiere de trabajo duro, paciencia y dedicación, pero es el único camino hacia el desarrollo sostenible.

En el 2006, estos agricultores decidieron abandonar la agricultura intensiva, que involucra el uso de pesticidas y fertilizantes químicos, al darse cuenta que si bien el rendimiento de sus cultivos aumentaba en poco tiempo aparentemente con poco esfuerzo, en el largo plazo contaminaban las fuentes de agua y agotaban el suelo. Fue entonces que fundaron la Asociación para el Desarrollo Sostenible de la Mancomunidad Huista (ADSOSMHU).

La mancomunidad es una asociación de municipios que comparten la misma historia y cultura y trabajan juntos para implementar políticas comunes y construir proyectos de infraestructura para beneficio de todos sus integrantes. Las mancomunidades fueron reconocidas oficialmente por el gobierno guatemalteco en el 2002, con la aprobación del Código Municipal.

La Mancomunidad Huista es una de las más antiguas de Guatemala y agrupa a siete municipios ubicados en el departamento de Huehuetenango: Santa Ana Huista, San Antonio Huista, Concepción Huista, Nentón, San Miguel Acatán, Unión Cantinil, Jacaltenango y La Democracia.

Con el apoyo financiero de la organización no gubernamental española Paisaje, Ecología y Género, ADSOSMHU construyó un centro de demostración donde los agricultores pueden comprar semillas nativas para cultivar maíz, frijoles, hortalizas como la calabaza, champiñones y plantas medicinales, incluyendo la sábila. También aprendieron cómo criar peces de acuario y producir compost a partir de hojas y suelo en descomposición, abono de gusanos, y fertilizante foliar hecho con hojas fermentadas, agua y leche de vaca.

 

Fertilizante orgánico
Elaborar fertilizante orgánico es un proceso largo ya que el compostaje puede tomar más de seis meses, el abono de gusanos entre uno y dos meses y medio, y el fertilizante foliar, el más rápido, demora hasta un mes.

“En la década de los 50 y 60, cuando fue la Revolución Verde, comenzaron a difundir la propaganda de que el uso de los agroquímicos iba a ser la solución de los problemas de los campesinos y la gente fue adoptándolos”, explica Rubén López Herrera, coordinador de la ADSOSMHU. “Los químicos limpian cinco cuerdas de terreno en un día mientras que con las técnicas de nuestros ancestros se limpia una cuerda en cinco días”. Una cuerda de terreno equivale a 21 m².

“Al inicio, requiere mucho esfuerzo, paciencia y dedicación”, agrega. “Por eso las mujeres son las que más se apropiaron de la idea. Es hasta el segundo o tercer año que vemos los resultados pero después hemos logrado superar los niveles de producción que teníamos con los agroquímicos, se ha logrado recuperar los suelos y los productos tienen un color, un sabor y una textura diferente”.

Los integrantes de ADSOSMHU consumen la mayoría de alimentos que producen y cualquier excedente es vendido en los mercados locales.

López enfatiza que la agroecología no es un concepto nuevo sino que ha sido practicada por los agricultores mayas desde tiempos precolombinos, afirmación que ha sido comprobada por investigaciones académicas.

Por ejemplo, el catedrático estadounidense en Agroecología Stephen Gliessman, de la Universidad de California, ha escrito numerosos artículos en los que explica cómo los antiguos mayas ejercieron tempranamente la ingeniería ecológica. Ya que carecían de la tecnología para llegar a las aguas subterráneas, construyeron canales de drenaje para redirigir y reusar el agua de lluvia y convertir los pantanos estacionales, conocidos actualmente como “bajos”, en grandes campos de cultivo. También usaron las terrazas agrícolas, reservorios de agua, campos elevados y plantaron huertos urbanos.

ADSOSMHU es uno de los 60 grupos campesinos que pertenecen a la Red Nacional de Defensa de la Seguridad y Soberanía Alimentaria en Guatemala (REDSSAG), organización nacional fundada en el 2004 que busca promover la agroecología, el comercio justo, consumo responsable y la protección de las semillas nativas de Mesoamérica.

En el 2011, ADSOSMHU recibió el premio Chajil Uwachulew (Defensor de la Naturaleza) otorgado por el Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales (MARN) por sus esfuerzos por preservar las semillas nativas. Sin embargo, López dijo que más allá de este premio simbólico, ADSOSMHU no ha recibido ningún apoyo del gobierno.

“Hay muchas cosas que deben hacerse”, explica López. “Nos gustaría llevar a cabo una investigación profunda que nos permita recuperar la semillas del maíz y de los frijoles nativos y nos gustaría también recibir apoyo de técnicos agrícolas para poder mejorar nuestros cultivos pero hay mucha burocracia [en el gobierno]”.

El coordinador de REDSSAG, Ronnie Palacios, cita proyectos exitosos en Brasil, Venezuela y otros países sudamericanos como evidencia que la agrocología funciona y dice que este modelo podría ayudar a Guatemala a reducir su dependencia del maíz y trigo importados, estimular la autosuficiencia y el empleo en las zonas rurales y reducir la oleada de agricultores empobrecidos que migran a las ciudades o a EEUU en busca de mejores condiciones de vida. Sin embargo, Palacios asegura que hasta ahora el gobierno ha mostrado muy poco o ningún interés en apoyar las prácticas agroecológicas mayas.

“Es necesario priorizar a las familias campesinas en condiciones de subsistencia e infrasubsistencia y desarrollar procesos de intercambio de información y una línea de investigación científica. Lamentablemente no ha habido apoyo. Hemos tocado las puertas del Instituto de Ciencia y Tecnología Agrícola (ICTA) pero no han decidido habilitar una línea de investigación. El Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA) tiene un programa de agricultura familiar y hemos propuesto que incluyen la agroecología pero no lo han aceptado”, sostiene.

Según Palacios, “intereses económicos” explicarían la reticencia del gobierno a detener la entrega de fertilizantes químicos y ayudar a los campesinos a recuperar el modelo agroecológico de los antiguos mayas, comentario que tiene sentido debido a que [la corporación agroquímica guatemalteca] Disagro y otros importantes productores agroquímicos han realizado importantes donaciones en campañas electorales en los últimos años.

 

Campesino a Campesino
Eric Holt-Giménez, director ejecutivo de Food First, organización estadounidense sin fines de lucro cuyo principal objetivo es promover la soberanía alimentaria para los derechos humanos y medios de vida sostenibles, explica que en la década de 1970, agricultores mayas que habían contraído fuertes deudas para adquirir la tecnología de la Revolución Verde fueron obligados a trabajar en plantaciones de café, azúcar y banano donde ganaban salarios miserables para pagar sus préstamos.

Un agricultor en el departamento de Chimaltenango, a 60 km de Ciudad de Guatemala, comenzó a experimentar con técnicas de agricultura orgánica y se dio cuenta que podrían incrementar los rendimientos en 400%. Otros agricultores decidieron seguir sus pasos y empezaron a rescatar las prácticas ancestrales mayas que fueron transmitidas de unos a otros. Los campesinos que enseñaron estas técnicas son conocidos como “promotores campesinos” y su cadena de aprendizaje marcó, por ejemplo, la aparición de un movimiento conocido como Campesino a Campesino, que rápidamente se propagó por Guatemala, Honduras y Nicaragua.

“Los agricultores constituyeron cooperativas para vender sus productos y dejaron de ir a la costa para trabajar en las plantaciones de banano. En las décadas de 1970 y 1980 tuvieron tanto éxito que comenzaron a comprar tierras a los dueños de las plantaciones que los empezaron a llamar comunistas y exigieron la presencia del Ejército, con lo cual huyeron a México y comenzaron a enseñar a los campesinos de allá”, dice Holt-Giménez.

El movimiento Campesino a Campesino se debilitó como resultado de las sangrientas guerras civiles que devastaron América Central durante la era de la Guerra Fría, aunque organizaciones no gubernamentales locales, tales como ADSOSMHU, están buscando revivirlo y darle nuevos ímpetus.

Según el estudio “Midiendo la resistencia agroecológica campesina ante el huracán Mitch en Centroamérica”, realizado en el 2000 por World Neighbors, organización internacional que trabaja con comunidades en extrema pobreza que luchan por sobrevivir, menos de 0.5% de los cuatro millones de pequeños productores de la región practican la agroecología.

Las prácticas sostenibles más comúnmente usadas incluyen la labranza en hileras, el uso de compost, lombricultura y estiércol animal, así como manejo integrado de pesticidas que incluyen utilización de trampas, pesticidas y repelentes orgánicos, e insectos benéficos.

Los propios agricultores, encabezados por Holt-Giménez, llevaron a cabo la investigación y encontraron que las parcelas agroecológicas en fincas sostenibles tenían una capa superior del suelo más grande, mayor humedad en el campo y más vegetación, lo que significó que luego de que el huracán Mitch devastara América Central en 1998, tuvieran un 49% menos de avalanchas y en promedio 47% menos erosión en surcos y 69% menos erosión en cárcavas que las parcelas convencionales.

“Fue la diversificación de cultivos y la agroforestería que hizo que el sistema fuera tan resistente y le permitió hacer frente al cambio climático”, afirmó Holtz-Giménez. “Sin embargo, los gobiernos no apoyan la agricultura campesina y esto sólo ha ido empeorando debido a los tratados de libre comercio diseñados a expulsar a los campesinos de sus tierras y abrir América Latina a la inversión extranjera. Los gobiernos necesitan empezar a promover la soberanía alimentaria y volver a políticas que funcionaron en el pasado para lograr la autosuficiencia”. —Noticias Aliadas.

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