El Noticiero

índiceLorena Medina

Las botas militares  con su ensordecedor  taconeo se pasean por los jardines de una patria que clama justicia, al unísono de miles de voces y gargantas silenciadas.

La televisión amaneció demente. Cambio y cambio de canal y solo aparecen por todos lados las imágenes de convoyes, de pelotones y tropas de milicos, haciendo que la piel se me erice y el pulso se me acelere ¡No lo puedo creer! ¡Estamos en el siglo XXI y están pasando noticias de hace décadas atrás! Nuevamente escucho que alaban las hazañas de los milicos para salvaguardar a la ciudadanía, para ayudar a los pobres indios a abrir caminos y para apoyar a la policía a mantener el orden. Me pregunto ¿No será que a lo mejor se descompuso la tele? Recuerdo que esas noticias saturaban los noticieros nacionales,  en tiempos de Lucas García, de Ríos Montt, de Mejía Víctores…¡Púchica! Ya perdí la cuenta de cuánto inútil nombre para nombrar una sola cosa: Dictadura.

Con lujo de detalles los noticieros narraban las “bondades” del ejército y su heroísmo para aplacar a la insurgencia subversiva. “Los terroristas fueron copados” “La turba de manifestantes bochincheros fue dispersada por las fuerzas combinadas de la policía militar ambulante, el ejército y la policía nacional” “Se asestó un duro golpe a la guerrilla luego de horas de ráfagas entre ambos bandos, a fuerza de tanquetas fue desmantelado el reducto…” “Un grupo de delincuentes terroristas fue calcinado junto al personal de la Embajada” En otras noticias, se firmaban convenios con el Banco….para avanzar en la construcción de la represa tal y el camino tal y otros que contribuyan al desarrollo y al progreso…”

Y hoy, décadas más tarde, aquellos hombres y mujeres, aquellas voces que gritaban en la plaza, aquellas manos que se alzaron y quedaron calcinadas demandando justicia, y la desmilitarización de sus comunidades, aquellos ojos que se cerraron con la mirada fija en el futuro y los pies bien puestos en la tierra; aquellos rostros desaparecidos de la faz de la tierra y los desterrados al confinamiento de brazos extranjeros porque dijeron palabras disonantes con las campanas y las cornetas de los toques de queda, enmudecieron ya de tanto gritar ese grito que no cesa, desde los siglos del verde lecho y entraña mutilada de la Madre Tierra ¡NO, NUNCA MÁS!

Ahora lo tengo claro, no está descompuesta la tele; no se volvió loco el noticiero…somos nosotros como sociedad los que estamos descompuestos, porque hemos permitido que muera la memoria de los muertos; que se castigue al huérfano; que las viudas se desangren de tanto dolor; hemos perdido la capacidad de soñar, para vivir en una pesadilla con sabor a inconsciente colectivo, a indiferencia y nos hemos dejado poner nuevamente la bota encima, con el cuento de hadas de que todo será mejor ahora, de que el cambio viene, pero ese cambio es una involución anacrónica y decadente de la rancia democracia que ahora está pariendo un nuevo engendro, que no tiene nombre, ni ojos ni pies ni cabeza…solamente mano dura.

Guatemala, nunca más, de no sé cuál década…

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