Simbiosis y dominación Urbana Parte 2

urbansOmar Marroquín Pacheco

Sin embargo, la diferencia por lógica entre la aldea y la ciudad no es simple resultado de una mejor localización o del hecho de que esta ventaja geográfica permita la obtención de recursos, alimentos y población de un área más extensa o tener acceso a un mercado mayor para exportar los productos propios, aunque todo esto lo que favorece es el crecimiento demográfico.

Como se apunto en la parte 1del artículo: con el tiempo, esta civilización urbana entre comillas, comete un grave error al aplicar este pragmatismo mercantil a su propio entorno natural: comenzando el proceso de eliminación de los espacios libres del interior de la ciudad y el crecimiento a costa de los campos circundantes. El The New York Times International Weekly apunta que en Sonneberg Alemania, por la caída poblacional, el alcalde de esa localidad, indica que por estar Alemania en contracción poblacional, él ha supervisado la demolición de 60 viviendas y 12 condominios de apartamentos, haciéndolas estratégicamente áreas verdes, la naturaleza se encarga de volver a su estado natural, lo que el hombre insensatamente en nombre del progreso transforma.

Según Palmer son dos aspectos que distinguen a una ciudad de una aldea a saber: el primero es la en de un núcleo social organizado, en torno al cual se constituye el conjunto social aunque la formación de este núcleo puede comenzar por la aldea. El segundo es la intensificación de la división social que trae consigo la civilización que provoca que las tareas defensivas y religiosas, pasen a ser instituciones colectivas especializadas.

Se debe acotar que en la ciudad desde el punto de vista de las relaciones de ésta con su entorno natural, el aspecto más importante a señalar es que, en este núcleo social tiene lugar la mayor variación de estilos de vida y en la estructura física de la ciudad con relación a la aldea.

De esta forma el templo con relación a las viviendas tradicionales (que regularmente son edificadas en forma temporal), el templo en cambio es construido con materiales permanentes, con sólidos muros de piedra, a menudo armados con piedras preciosas y cubierto con finas maderas obtenido tanto en canteras y bosques distantes. Todo ello con una concepción de arquitectura colosal, mientras la vivienda seguía construyéndose siendo primordialmente de tierra y caña, según fuera el patrón consolidado de la aldea.

Otro rasgo distintivo era que regularmente el templo era pavimentado en su perímetro, mientras que las calles no presentaban ningún tipo de recubrimiento.  En una época tan avanzada como en la Roma Imperial, el pavimento se introdujo en un principio sólo en el foro, mientras que el resto de las grandes arterias de la ciudad se convertían en verdaderos lodazales en cada invierno.

Es importante señalar las diversas innovaciones técnicas como en baños, aceras y redes de saneamiento y drenajes, ya tenían presencia en los palacios urbanos desde los tiempos de Akkad, innovaciones que no han estado al alcance de la mayor parte de la población urbana hasta los tiempos modernos.

Otro de los rasgos distintivos de la diferenciación entre ciudad y la aldea, es la pérdida de los vínculos que unen a sus habitantes con la naturaleza y su transformación, con la consecuente eliminación o substitución de los elementos más condicionados por el entorno natural, cubriendo el entorno natural con escenarios artificiales.

Según lo denomina Childe, la primera etapa de la “Revolución Urbana” se contó con escasas máquinas y poco más que el esfuerzo físico de los hombres, su patrimonio tecnológico, una vez dominadas la fundición de cobre y de hierro, era estático en todos los sentidos; sus principales habilidades se concentraban, descontando la producción textil, en la adaptación de utensilios para usos específicos (ollas, jarras, tinajas, cajas) y principalmente en la construcción de grandes obras públicas (presas, sistemas de irrigación, edificios, carreteras, baños públicos).

Con toda esa transformación general de lo transitorio a lo estable, de tener estructuras frágiles y temporales a los edificios duraderos y resistentes frente al viento, al clima y al fuego, el hombre primitivo se ponía en cierta medida a salvo de las fluctuaciones y de las irregularidades de la naturaleza. Cada uno de los elementos que caracterizaba la nueva forma urbana (la muralla, las viviendas duraderas, las arquerías, las calles pavimentadas, los almacenes de provisiones, los acueductos, el  alcantarillado) reducir el impacto de la naturaleza y aumentar el dominio de la humanidad.

Es fácil imaginar la silueta que reflejaba la ciudad, como lo podía apreciar el viajero: en medio de un paisaje de río y vegetal, la ciudad se convertía en un oasis invertido de piedra y cerámica, el camino pavimentado que agiliza el tráfico y que lo independiza del clima y las estaciones; el dique de irrigación, un sistema de ríos artificiales, que regula la agricultura al margen de las irregularidades del los inviernos.

Por lo tanto la seguridad física y la continuidad social fueron las dos grandes contribuciones de la ciudad.  Es así como la ciudad era capaz de coordinar actividades a grandes distancias, a través del comercio, el cobro de impuestos la minería, la agresión militar por la construcción de carreteras, todas estas actividades permitían la movilización y organización de millares de individuos, la ciudad llevaba a cabo importantes transformaciones en el entorno natural, de una escala imposible de abordar para grupos humanos más reducidos.

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