El surgimiento de la ciudad

ciudadguOmar Marroquín Pacheco

Leyedo a Lewis Mumford, acota que sí se estudia desde el punto de vista morfológico como funcional, no se puede abordar  sus relaciones con formas primitivas de cohabitación, con obvias analogías con hormigueros y panales de abejas, los asentamientos humanos se remontan apenas a los tiempos del neolítico, donde es vivía en cuevas o viviendas excavadas en rocas.

Es aquí donde se delinean los rasgos esenciales de lo urbano (tanto en la forma externa como en el modelo interno de estos primitivos asentamientos humanos).  Es en el neolítico donde se funda la forma ancestral de la ciudad: la aldea, instrumento colectivo que resulta de la nueva economía agrícola.

Aunque su tamaño no se compara con las ciudades, ya exhibía en un perímetro definido, totalmente separado de los cultivos agrícolas, las viviendas aunque fabricadas con materiales vernáculos, no tenían carácter de permanentes.

Mark Jefferson dijo “que lo urbano y lo rural, la ciudad y el campo, no son dos elementos diferenciados, si no una única cosa”.

Es importante señalar que el número de personas por hectárea, en una aldea es superior al número de personas basadas en una economía de pastoreo, pero esa concentración no provoca perturbaciones importantes en lo que al entorno se refiere, más bien dicha relación puede ser beneficiosa a la formación del suelo, llegando a incrementar su productividad natural, como producto del enriquecimiento del suelo por la aportación de nitrógeno producto de los desechos humanos.

Las primeras ciudades (Mesopotamia y en Egipto) mantenía la relación simbiótica con la agricultura propia de las aldeas.  Se han realizado cálculos de que 1 millón de personas aportan: 12,980  libras de nitrógeno, 2,640 libras de fósforo y casi 4,400 libras de potasio al suelo (L. King), con lo que se contradice la definición de Brunches con relación a las ciudades “con ocupasión improductiva del suelo”, al menos a estas primeras formas de asentamientos humanos, como tampoco a los más recientes.

La adición de la ciudad a partir de la aldea se debe fundamentalmente a mejoras en agricultura y la conservación de los alimentos que se introduce en la cultura neolítica.

Es así como puede hablarse de ciudades del trigo, del centeno, del arroz y del maíz, caracterizando la fuente primaria de energía. Con el excedente de mano de obra disponible al dejar una economía de subsistencia, muchas personas se pudieron dedicar a otras actividades lo que provocó que de aldeas con 10 a 50 casas, pasaran a ciudades delimitadas y con un crecimiento marcado por los límites de los suministros de agua y alimentos.

Existe una paradoja, muchas de las grandes ciudades se han fundado y se extienden a costas de terrenos que anteriormente eran totalmente agrícolas (suelos ricos en sustancias aluviales, de mucha riqueza para la agricultura), en un inicio hicieron posible la existencia de esa ciudad.

En 1939 menos del 10% vivían en áreas urbanas (ciudades) para el año 2013 según fuentes de la organización de Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura FAO el 78% es catalogada como urbana.

Es necesario señalar que los primeros asentamientos humanos se regían por el calendario astronómico construido en el templo de la ciudad, para marcar el tiempo de cultivo, contrariamente ahora se da la sobreexplotación que provocan erosión del suelo y el desequilibrio tanto en plantas en insectos y aves.

 

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