Pequeña burguesía y clase media

imagesPor Mario Roberto Morales –
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¿En dónde está el partido que las representa?

Las aspiraciones de los pequeños y medianos empresarios empatan con los anhelos de empleo estable de los asalariados. Pero para que la pequeña y mediana empresa pueda emplear mano de obra estable, necesita contar con el respaldo de un Estado que actúe como garante de la igualdad de oportunidades para todo pequeño y mediano emprendedor, garantizándole ¬–entre otras cosas– préstamos bancarios con intereses razonables y el funcionamiento efectivo de la libre competencia según reglas de juego dentro de las cuales debe figurar en primerísimo lugar el control de los monopolios y oligopolios (tanto locales como transnacionales, pues ambos se han fusionado en compañías de las que las oligarquías locales figuran como socias minoritarias).

La expansión sin cortapisas de la pequeña y mediana empresa asegura el crecimiento y consolidación de una amplia gama de capas medias y de una pequeña burguesía hermanada con sus asalariados en un interés común de prosperidad económica. El único obstáculo para que un desarrollo capitalista de este tipo ¬–el cual cuente con una gran base económica local de pequeña propiedad agrícola y de pequeña y mediana empresa– se relacione en términos nacionalistas con el capital corporativo transnacional globalizado, es la existencia de una oligarquía monopolista. ¿Por qué? Pues porque el monopolismo oligárquico subsiste gracias a sus prácticas mercantilistas, las cuales se apoyan en privilegios otorgados por un Estado vendido a sus intereses, con lo cual asfixia a los pequeños y medianos emprendedores haciéndolos fracasar en sus ambiciones autónomas, obligándolos a trabajar de modo dependiente y subordinado al interés oligárquico.

Este interés, al concentrar en pocas manos la exigua producción y distribución de la riqueza, constituye la más formidable fábrica de pobres conocida hasta ahora. Pues lejos de expandir y consolidar una diversificada clase media como garantía de estabilidad política y social, pauperiza a los estamentos asalariados empujándolos a actividades empresariales ligadas al delito organizado, un rubro del cual las oligarquías participan también activamente. El resultado de un estado de cosas tal, es un país que se va por el sumidero y un Estado fallido que debe recurrir a la fuerza militar para reprimir el descontento popular que brota de la marginación de las mayorías del empleo, el salario y el consumo.

Hay oligarquías que entienden a tiempo que para sobrevivir necesitan encabezar un proceso de modernización capitalista que supere el monopolio y el mercantilismo como únicas fuentes de acumulación, y que para eso necesitan invertir en la expansión de la pequeña y mediana empresa. Pues han entendido también que en condiciones de paz pueden acumular más capital que en condiciones de conflictividad social, lo cual las exime de ser oligarquías criminales. Además, pasar de ser clase dominante a ser clase dirigente de un proyecto económico que incluya a todos en la prosperidad, y no sólo a una veintena de familias, es la única forma de asegurarse la sobrevivencia a largo plazo. De lo contrario, la oligarquía que neciamente persista en su atrasada feudalidad rentista está condenada a sucumbir bajo la ira de las masas expulsadas de la educación, la salud, los servicios públicos y el empleo.

Llegó la hora de la pequeña burguesía y de la clase media. ¿En dónde está el partido que las representa?

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