La deuda ecológica

deudaOmar Marroquín Pacheco

La deuda ecológica, es una abstracción hecha de varias consideraciones que se vienen manejando en muchos países de Latinoamérica, vinculadas con la deuda externa y sus posibles permutas por espacios ecológicos o por asistencia tecnológica, para la conservación de los recursos naturales.

América Latina es acreedora de obligaciones exigibles a los países industrializados, por cuanto el desarrollo de estos, en buena medida se ha sustentado sobre agresiones y depredaciones al medio ambiente de aquélla, sin que medie ninguna compensación.

La casi totalidad de los países de Latinoamérica, han sido y son sujetos pasivos de los delitos ecológicos que no provocan y, que se materializan por la vía de derrames petroleros, explotaciones  tanto madereras,  como mineras, así como recursos naturales no renovables, envenenamiento de la atmósfera con residuos de explosiones nucleares, transferencia de desechos tóxicos y peligrosos, así como la explotación irracional de la pesca marina, cometidos por países económicamente poderosos.

La falta de renuncia elementales principios de justicia, permite a esos países sacar provecho de las calamidades ecológicas de las naciones más pobres. Los daños sufridos por América Latina, en su condición de víctima, no han sido cuantificados, lo cual en ningún momento mía que se tenga un valor real, determinable pecuniariamente y de que exigibilidad moral y jurídica.

Tienen entonces los pueblos latinoamericanos el legítimo derecho a exigir resarcimiento por los daños que sufrió ya un sobre en su patrimonio causado por aquellas naciones o entes privados victimarios de las mencionadas acciones delincuenciales.

Se hace necesario entonces, una proclamación alternativa:

1.     La defensa de la integridad de los bosques tropicales para asegurar el usufructo de la biodiversidad.

2.     Rechazar la intención de desarrollista que pongan en peligro la selva y los bosques, por ser función vital en los siglos hidrológicos y la regulación climática.

3.     Oponerse rotundamente al canje de deuda externa por naturaleza, por la injusticia que representa y por el hecho de que la deuda externa ya se ha pagado con creces en términos del provecho que han obtenido los países acreedores de los recursos naturales del tercer mundo.

4.     Exigir el pago de la deuda ambiental que han contraído los países industrializados, Latinoamérica

 

 

 

 

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