Adiós al Bolo

Bolo flores webPor: Mariano González

Marco Antonio Flores, premio nacional de literatura, autor de varios libros de poesía, novelas, cuentos, ensayos, artículos periodísticos, más conocido como el Bolo Flores, acaba de fallecer.

He escuchado que hay personas que sienten que sus novelas son violentas, demasiado “vulgares”, amargamente críticas con el movimiento revolucionario. De hecho, en su momento, supo ser detestado por la izquierda y por la derecha.

Y no obstante, no son esas impresiones las que quedan de su importante obra.

Seguramente es uno de los escritores guatemaltecos más importantes del período. Sus novelas, mezcla de testimonio y de ficción, son un contrapunto esencial para comprender el movimiento revolucionario guatemalteco. Muestra con desgarro, las contradicciones que atravesaban a sus participantes, los errores que se cometieron en la lucha revolucionaria.

Sin embargo, en sus páginas también se haya una mirada crítica al mundo en el que le tocó vivir y del que se pensó, se podía transformarse revolucionariamente.

También sus personajes, con todo el desgarro en el que se encuentran, son profundamente humanos. Por ejemplo, en el prólogo que acompaña a la novela Los compañeros, José Mejía caracteriza así a uno de ellos: “el Patojo no es más que eso: un niño” que, siendo inocente, como los otros compañeros, participa en esa condición que hace que sean un solo hombre con un pasado similar…(y refiriéndose a todos: al Bolo, Chucha Flaca, El Rata, El Patojo)… “todos fueron niños desgraciados, hijos de padres alcohólicos y madres abandonadas, adolescentes feroces, que por su temperamento excepcional rompieron con el desorden social establecido y llevaron su rebeldía hasta rayar en la delincuencia.” 

Pese a la violencia existente, la fiesta verbal que desarrolla en sus novelas logra crear momentos sumamente intensos. De nuevo, la muerte de El Patojo me parece uno de ellos. A través de la metáfora común de que en la muerte se puede observar toda la vida, como en una película, va mostrando la progresiva experiencia del morir del personaje. A través de una “libre asociación” va revelando la desestructuración del sujeto, las imágenes residuales de una conciencia que está muriendo. Lo tremendo que es que alguien se muera y en las condiciones específicas que, además, fueron reales para cientos de guatemaltecos: en una atroz tortura.

Y así, se pueden encontrar muchos otras situaciones esenciales en Los compañeros, Los muchachos de antes, Las batallas perdidas, En el filo. Donde, pese a la rabia y la violencia, se advierten también momentos de intensa nostalgia, tristeza, indignación por la huida, la derrota, la muerte de muchos de “los compañeros” de aquél tiempo. Y mucho más.

Sea esto, entonces, un brevísimo homenaje a un escritor que supo, entre otras cosas, plasmar la experiencia violenta, contradictoria y desgarrada de una generación de guatemaltecos.

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