Un obsceno baile de cifras

neymar_barcaMiguel Ángel Santos Guerra

Resulta vergonzoso ver, en plena crisis, las cifras mareantes que se están barajando por el fichaje de jugadores de fútbol. En el mercado estival, cada año, la prensa deportiva nos ofrece diariamente noticias con números escandalosos. Se tiene uno que frotar los ojos para comprobar que está leyendo bien. 70 millones de euros por Bale, 40 millones de euros por Higuaín, 80 millones de euros por Neymar…

Resulta vergonzoso ver, en plena crisis, las cifras mareantes que se están barajando por el fichaje de jugadores de fútbol.

No hay dinero para generar trabajo, para ayudar a los necesitados, para evitar el hambre, para mejorar la educación, para perfeccionar el sistema sanitario…, pero hay dinero casi ilimitado para fichajes. Ya sé que el fútbol genera dinero y que quien paga sabe que va a recuperarlo con los derechos televisivos y de imagen, con las entradas, con los premios… Ya lo sé. Todo es mercado. Pero en este capítulo se han roto todos los límites… ¿Cómo puede pedirse por el fichaje de un jugador más 100 millones de euros?

He tratado de hacer cálculos con esas cifras, para ver a cuántos mileuristas les salvarían la vida y durante cuánto tiempo. Cuando me puse a hacer números descubrí comparaciones insultantes. No quiero reproducir los cálculos. Son sangrantes.

Y luego vienen los salarios de estos jugadores, que también te dejan con la boca abierta y el corazón arrebatado: 10 millones de euros al año, 8 millones de euros al año, 5 millones de euros al año… ¿Cuánto cobra un jugador cada minuto? Juegue o no, lo haga bien o mal, sienta amor a su equipo o no…

Los mismos jugadores se convierten en mercenarios. Quien más pague, merecerá el esfuerzo y los goles. Si al año siguiente le paga más el equipo rival, por tanto dinero (¡por tanto dinero!), el jugador celebrará con la misma pasión los goles que ahora le endose al equipo anterior. Mercenarios del fútbol. La pasión es el dinero, no los colores.

Los medios de comunicación plantean todo este negocio con un lenguaje envenenado. Parece que son las personas las que tienen precio. Este vale tanto, este vale tanto menos o tanto más.

¿En qué sociedad estamos? ¿Qué valores presiden nuestra vida? Porque no se trata solo de una cuestión económica. Veamos algunas consecuencias de este desvarío, de esta afrenta a las personas que están en verdadera necesidad para poder alimentar a los hijos. En una sociedad mercantil, se valora aquello que tiene un precio alto. Y el precio desorbitado lo tienen quienes practican un deporte cuya esencia es dar patadas a un balón con el pie, no la acción generosa o el trabajo esforzado de las clases, por ejemplo.

Si a un chico se le pregunta como quién quiere ser, es probable que nos diga el nombre de algún futbolista. No dirá, con seguridad, el nombre de su maestro al que ve trabajar concienzudamente cada día por un módico salario.

(Un sacerdote le preguntó a un niño de primera comunión, antes de comenzar la catequesis:

– Hijo, tú quieres ser Cristiano?

Y el niño, cuya filiación azulgrana era muy determinada, contestó.

– No, padre. Yo quiero ser Messi).

La sociedad propone estos modelos por la vía de la seducción. Presenta en la portada de los periódicos la imagen de los futbolistas de éxito sin hablar nunca de todos aquellos que se quedaron en la cuneta porque no tuvieron suerte. Es la cultura del éxito. Ofrecen los relatos de las jugadas de mayor éxito en los programas televisivos, sin mostrar nunca la angustia del jugador que teme fracasar en un partido decisivo ante millones de espectadores. Informan de los fichajes estrella, pero no hablan nunca de la soledad en la que dejan los jugadores a sus familias en sus frecuentes desplazamientos.

La escuela y la familia ofrecen, por el contrario, modelos por la vía de la argumentación. Pero, claro, esa vía no es tan persuasiva, no es tan atractiva, no es tan seductora.

Ruego al lector o lectora que tome un bolígrafo y que ponga una cruz sobre los nombres que conoce de esta lista: Cristiano Ronaldo, Lionel Messi, Iker Casillas, Andrés lniesta y Sergio Ramos. Le ruego que, a continuación, ponga una cruz sobre los nombres conocidos de la siguiente lista: Javier Cercas, Luis Landero, Javier Sádaba, Manuel Rivas y Julio Llamazares.

Me gustaría hacer una estadística con las contestaciones, no solo de quienes leen este artículo, sino de las personas que están en los bares, que compran en los supermercados y que pasean por la calle. Me apuesto lo que sea a que hay más cruces en los nombres de la primera lista que en los de la segunda.

Mientras escribo tengo al lado un sobrino de 11 años. Le he leído las dos listas. Casi se ofende al preguntarle si conoce los cinco nombres de la primera lista. Y se sorprende mucho cuando le digo que los de la segunda lista, de la que no conoce ninguno, son escritores españoles famosos.

– Creí que también eran futbolistas, pero de otros equipos, me dice.

Qué decir de alguna de estas famosas estrellas que alardean públicamente de que nunca han leído un libro o de que les repugna el estudio.

Este fenómeno tiene otra consecuencia nefasta. Las grandes estrellas del fútbol, los ídolos de la era digital, los millonarios de la sociedad son todos varones. Hay fútbol femenino, pero ninguna de las jugadoras alcanza esa fama y cobra esos sueldos. Así se refuerza, de forma imperceptible si se quiere, el sexismo. Son varones los envidiados semidioses de nuestro mundo.

Existe otra vertiente inquietante. Y es el uso del fútbol como adormidera. Mientas se habla de fútbol no se habla de otras cosas. Mientras la gente sueña con los éxitos del fútbol no tiene en cuenta las situación dramática que atraviesa. Pan y circo. Bueno, en este caso, solo circo. Nos ha pasado en España. El hecho de ser campeones mundiales en Sudáfrica y de haber conquistado dos eurocopas consecutivas nos ha hecho pensar que no estamos tan mal como se dice o como se piensa. Triste consuelo.

Y en esta cuestión los varones tenemos una especial responsabilidad. Se diría que el fútbol está en los genes. No sé dónde vi una viñeta en la que está un marido ante el televisor en el momento de iniciarse el primer partido de un Campeonato Mundial de Fútbol. Con tono enfático le dice a su mujer, antes de pulsar la tecla del mando:

– Si tienes algo que decir, hazlo antes de que comience la competición, éste es el último momento para escucharte.

La cuestión fundamental es cómo se soluciona este asunto, no lamentar que exista. La clave es saber, querer y poder deshacer esta madeja que cada vez se enmaraña más. Cada año se disparan las cantidades como si el mundo del fútbol perteneciese a otra galaxia. Aquí no hay crisis. Aquí no hay restricciones. El fútbol es un valor en alza.

Tiene que haber voluntad política para modificar el statu quo. Y tiene que haber también voluntad ciudadana. Hay muchas personas que pagan 100 euros por una entrada a un partido de fútbol pero que no se gastarían 20 euros en comprar un libro. Hay quien se compra una camiseta carísima de un jugador famoso pero que no pagaría 10 euros de cuota para la Asociación de Padres y Madres del Colegio de sus hijos. Y después nos quejamos de cómo van las cosas.

Tomado del Blog El Adarve

PUEDES AYUDARNOS AHORA!!! Esto se hace sin fines de lucro y la ayuda de tod@s es importante para  mantener el sitio y la inspiración de generar ideas para promover el cambio social. Colabora dando un click (una sola vez) en los banners publicitarios que se encuentran en está página. No cuesta nada, pero vale mucho!!! GRACIAS

 

 

Te gusto, quieres compartir