¿Tendrá valor el futuro…?

camblimaticoOmar Marroquín Pacheco

En el año de 1953, la ciudad de Rotterdam en Holanda fue inundada por aguas del mar. Murieron 1835 personas y los consiguientes daños económicos, la población holandesa juró no permitir jamás que eso volviera a ocurrir. En respuesta a la tragedia, crearon el Plan Delta, un ambicioso programa de construcción de diques y esclusas con un plazo de 25 años y una inversión de miles de millones de dólares.

El programa fue terminado como había sido planificado en el año de 1988; la construcción de estos diques y esclusas están es tan espectacular, que ha sido señalada como una de las siete maravillas construidas en la era moderna.

Esa capacidad de planificación a largo plazo que mostraron los holandeses en el Plan Delta, que tuvo continuidad durante varios gobiernos de distintos partidos políticos, enseña un elemento central y, a menudo ignorado, de lograr un desarrollo sostenible: la valoración del futuro y, la capacidad de pensar, planear y actuar en función de él.

Conceptos de desarrollo, existen muchos pero el planteado por la Comisión Brundtland en 1987 es muy apropiado “se busca satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras, para alcanzar sus propias necesidades”.  Éste concepto implica sin ninguna duda, un compromiso con el futuro. Muchas acciones que se hace o se emprenden hoy, tendrán efecto o se sentirán mucho tiempo después, muchas de las inversiones que son necesarias para la sostenibilidad, tienen horizontes de largo plazo y de igual  tiempo de recuperación de esas inversiones.

Las sociedades latinoamericanas debido a factores de orden económico, políticos, institucionales, culturales y de otra índole, nos cuesta valorizar el futuro. En la región existe una tendencia a vivir la cotidianidad, todo es urgente y se tiene que hacer es ya, los países se encuentran o pasan de crisis en crisis. El presente se ha vuelto tan difícil, agitado, pero a la vez tan rentable para la especulación coyuntural, mientras el futuro se torna cada vez más impredecible y lejano.

Existen diferentes factores que dificultan la valorización del futuro en América Latina, se abordarán los más relevantes para poder enfocar con mayor precisión el camino hacia delante.

Aspectos Políticos e Institucionales

En términos generales todas las fuerzas vivas de la sociedad, tienen una baja o nula valorización por el futuro, este techo definitivamente se da entre los políticos.

 

Los políticos en nuestros países no suelen pensar mucho más allá de las próximas elecciones, manejando mucho el concepto de que en las mismas se premia o castigar la acción política.

Esta tendencia es producto de la magnitud de la crisis económica y de los altos niveles de pobreza que viven los países latinoamericanos; lo cual hace en el mejor de los casos, que los políticos se vean forzados a darle respuesta a la población a corto plazo. Otro síntoma de ese fenómeno es el hecho del endeudamiento al máximo posible, sabiendo de antemano que las deudas contraídas, hoy son otros los que la tendrán que pagar.

Los gobiernos parecen bomberos, apagafuegos, van de crisis en crisis y, por lo tanto descuidado sus asuntos importantes, como la necesidad de plantear alternativas de desarrollo que sean viables a largo plazo. Una palabra clave para los políticos latinoamericanos es la “coyuntura” . Los cambios tan frecuentes en el contexto político, económico y social, dificultan concentrarse en los problemas estructurales de estas sociedades.

Cada cuatro años es como un volver a empezar, por un lado por la falta de permanencia de los partidos políticos en el poder, por el consabido desgaste político y la mala administración que efectúan, cuando lo hacen. Al asumir un nuevo gobierno ingresan personas nuevas a la administración pública, existiendo lo que no ocurre en los países desarrollados, el mantener el curso de programas básicos de interés nacional, independientemente quien ostente el poder.

La sociedad latinoamericana, ha perdido de vista la previsión de los problemas futuros y, la formulación de posibles soluciones es inexistente.  Las universidades tradicionales centros de reflexión, han sido debilitadas por la crisis, siendo muy reducido el aporte al pensamiento crítico. Los mismos problemas de índole económicos, hacen que no se produzcan nuevas investigaciones y publicaciones en distintas ramas del saber humano.

Otra fuente tradicional de reflexión sobre el futuro, lo constituyen los organismos estatales de planificación, pero han caído en desgracia, existiendo una contradicción ya que resulta imposible pensar en un desarrollo sostenible, sin el concepto de planificación. Se está ante un reto ineludible de implementar nuevas modalidades de planificación más ajustadas a las necesidades del desarrollo sostenible.

Haciendo una evaluación de las actividades de conservación de los recursos, casi todas son financiadas por agencias internacionales, estos fondos son para ejecutar proyectos de cortar o mediana duración (10 años o menos), esto debido a que los sistemas de asignación de los donantes son incapaces de pensar en el largo plazo.

Es más la experiencia demuestra que la ayuda externa ha estado sujeta a modas marcadas, haciendo creer a muchos gobiernos de Latinoamérica y el desarrollo sostenible, constituye solamente una moda más y, por lo tanto, no es sostenible.

Los Aspectos Económicos

Un requisito básico para el desarrollo sustentable, en la inversión en actividades que generen una parte importante de sus beneficios en el largo plazo. La preservación de la biodiversidad, la producción forestal, la conservación de los suelos, la reducción de las emisiones contaminantes, son sólo algunos ejemplos de donde se aplica.

Sin embargo, el mecanismo básico para asignar recursos, el mercado, es notablemente miope con respecto al futuro. Se basan en las típicas tasas de descuento y costo de oportunidad del capital en el mercado, en donde el futuro desaparece (para el propósito de toma de decisiones).

Está totalmente comprobado que los precios del mercado reflejan solo las demandas de las generaciones presentes, quienes definitivamente no tendrán que vivir en el planeta que; lo más injusto de todo, es que las generaciones futuras, no tienen voz ni voto en la problemática señalada.

Las tasas de interés en los Estados Unidos han bajado, pero en muchos países de Latinoamérica se mantienen altas, un lado por la incertidumbre que impera con respecto a la inflación, por el otro lado los desbalances financieros nacionales y la deuda externa.

La crisis de la deuda externa actuado como un creciente y permanente incentivo del consumo del presente. Al estar los intereses altos, la crisis ha determinado una lógica irrefutable en apoyo de estrategias de exportación de recursos, como una vía viable en el corto plazo.

Existen controversias en cuanto a que algunos piensan que las tasas altas de interés perjudique la sostenibilidad, diciendo que estas tasas altas reducen la inversión y al hacer esto, disminuye la presión sobre los recursos naturales, esa postura es válida sólo si se acepta la idea que el crecimiento económico es totalmente incompatible con la sostenibilidad.

Por lo cual, a reducir el crecimiento no es una opción muy viable ni decía que para los países de Latinoamérica.

 

Para que exista desarrollo y no como en la actualidad, la sostenibilidad de la pobreza, hay que pensar en inversiones en actividades más sostenible, en lugar de conseguir la conservación de los recursos a través del estancamiento económico.

Las constantes variaciones que se dan en los niveles de inflación, inhiben la inversión productiva a largo plazo, lo que lleva a los inversionistas que buscan minimizar los riesgos de pérdidas, india en actividades de muy corto plazo, que les permite mayor liquidez.

Todo esto hace que se dificulte cualquier tipo de pronóstico, acerca de las condiciones económicas del futuro. Al ser menos predecible el futuro, se vuelve más riesgoso invertir, descontando el valor previsto de ingresos futuros a tasas aún mayores que las del mercado. Con un futuro tampoco claro, resulta demasiado riesgoso invertir en actividades que darán frutos en el mediano y largo plazo.

El creciente como sostenido empobrecimiento de la población latinoamericana en los últimos años, fomenta una mayor preocupación por el consumo inmediato y la sobrevivencia, lo que se ejemplifica en una imagen clásica de un campesino pobre cultivando en tierras de ladera, que él mismo sabe que está destruyendo, pero que representa su único medio de vida.

Aspectos Culturales

en la percepción del futuro, la sensación de crisis fue un papel importante, guerras, cambios frecuentes de gobiernos, proporciones económicas, el sensacionalismo de algunos medios de comunicación, ayudan a crear una sensación de impotencia, promoviendo la pasividad del cortoplacismo.

El deterioro y poca escolaridad de la población latinoamericana, limita el conocimiento y asimilación de la historia entre la juventud (sin un concepto de pasado), difícilmente puede haber una noción clara del futuro. A manera de ejemplo: los Estados Unidos que nunca ha tenido una concepción clara del peso de la historia, tiene los niveles más bajos de ahorro a nivel per cápita del mundo desarrollado.

El individualismo y el egoísmo, promovidos como valores positivos por aquellos que creen que la mano invisible del mercado resuelve todo, son fundamentalmente incompatibles con una sostenibilidad que implica una preocupación por la población que aún no han nacido.

El camino hacia el futuro…

en cierto modo, la valoración del futuro, es simplemente revertir las condiciones que actualmente no están impidiendo. Crear condiciones económicas y políticas estables, que sean propicias para la inversión y generar la visión de largo plazo, reconstruyendo y democratizando las instancias de reflexión de la sociedad civil.

Profundizar el desarrollo de las instituciones y la cultura nacional, por ejemplo: Costa Rica que reúne algunas, no todas de las condiciones ha podido avanzar hacia una estrategia de desarrollo sostenible en la región centroamericana.

El bien público y el bien privado son necesarios y más aún el balance entre ambos, por lo que se hace necesaria la concertación nacional, tener la vivencia de una democracia en el sentido más amplio, en donde los diferentes sectores de la sociedad, se organizan y, buscan la formulación de un nuevo pacto social.  Es muy importante darse cuenta que si fracasamos está en juego nada más y nada menos que el futuro de nuestro planeta y de la humanidad.

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