Mujerismo no es feminismo, ni hembrismo

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Shangay Lily

Esa corrupción del feminismo que es el mujerismo está ganando la partida. Lógico, la derecha y el poder de facto tienen mucho interés en que triunfe esta ideología y, por lo tanto, el apoyo mediático es impresionante. Basta con ver cualquier día la televisión, el cine, el teatro y, especialmente, el humor para descubrirlo. Cada día nos dicen cómo debe ser una mujer para que se le pueda considerar tal, ignorando el dato de que por el mero hecho de tener una vagina ya lo es y todo lo que se ha construido alrededor de esa vagina es superfluo, cuestionable y secundario. Lo único que necesita una mujer para serlo es tener vagina y si vamos a definir lo femenino por otras características psicológicas estamos entrando en el terreno de la especulación, movida, como no, por intereses subjetivos. Por supuesto, la mayor trampa es ignorar factores como clase, educación, ubicación, dinero y raza, para calibrar la verdadera definición de un ser humano. El mujerismo tiene enorme interés en que el único factor que se utilice para definir a la mujer sea el sexo y así preservar todas las trampas de género, clase, raza que no se quieren reconocer como impedimentos.  El mujerismo es la nueva estrategia para distraer, anular y desactivar a las mujeres y hombres en su lucha feminista. Para identificarlo veamos cuales son las características del mujerismo.

  1. El mujerismo, al contrario que el feminismo, en lugar de cuestionar el machismo lo preserva. Porque, al igual que el machismo, se sustenta sobre las tramposas dicotomías que el patriarcado tan hábilmente ha presentado como contrarias, cuando en realidad son complementarias en su cometido de preservar un sistema machista hegemónico: mujer/hombre, bueno/malo, puta/santa, macho/afeminado, activo/pasiva, elegante/ordinario…
  2. Al categorizar únicamente teniendo en cuenta el “género” (una invención social del poder que, según el lugar o clase, cambia), al igual que el machismo defiende que todos los hombres por el mero hecho de serlo son superiores a las mujeres, el mujerismo sostiene que las mujeres son todas, por el mero hecho de encajar en la categoría sexual y genérica, victimas, feministas y heroínas. Especialmente las “femeninas”, o sea: las machistas.
  3. El mujerismo no distingue género de sexo o clase de educación. Lógico, esos esenciales matices a la hora de distinguir a las mujeres u hombres feministas, que luchan por una alternativa a este sistema patriarcal imperante de los que son parte del engranaje patriarcal, han sido el arma esencial del feminismo a la hora de defenderse de la contraofensiva (Reacción como tituló su seminal obra Susan Faludi) del patriarcado. El mujerismo no reconoce que el sexo (vagina/pene) es algo diferente al género (barba/maquillaje, activo/pasiva, botas/tacones, agresividad/dulzura, habilidad/torpeza, inteligencia/encanto, madurez/infantilismo, público/privado y toda esa larga lista de atavismos destinados a preservar la hegemonía del hombre blanco rico sobre cualquier mujer o lo femenino en general). Esta estrategia distrae del hecho de que la clase social, especialmente, imposibilita la entrada en las filas de  representantes o heroínas mujeristas a las mujeres que dediquen parte de su economía a aprender, a leer, a estudiar, ergo: a cuestionar con conocimiento, en lugar de a comprar lo que el poder les diga que les construye como mujeres: perfumes, depilación, tacones, bolsos, vestidos, tintes, uñas y toda la retahíla de costosísimos bienes destinados a certificar la “feminidad”.
  4. El mujerismo reconoce las fronteras y límites que el machismo ha planteado tradicionalmente para castigar a cualquier ser humano que cuestione su dictadura genérica: homosexuales y mujeres libres (muchas homosexuales a su vez), especialmente. De hecho, el mujerismo es la más pulida estrategia que el patriarcado ha creado para debilitar el frente feminista y reforzar la imposición de las mujeres de definirse por esa regla castradora que es lo “femenino”.
  5. El concepto de lo “femenino” es la piedra angular sobre la que se ha construido el mujerismo frente al de “liberación” que define el feminismo.
  6. El mujerismo ejecuta literalmente la gran falacia con la que se ha intentado descartar el feminismo: es sólo la otra cara del machismo; o sea: aplicar las reglas del machismo a los hombres.
  7. Algunas de las representantes notables del mujerismo han sido personas como Norma Duval, María Teresa Campos (auto declarándose feminista cuando sus preocupaciones eran las del mujerismo: apariencia, feminidad y un discurso burdo y ramplón que cree atacar al patriarcado insultando a los hombres con los mismos mecanismos que estos han utilizado con las mujeres), Esperanza Aguirre, Ana Botella, Cospedal, Rosa Díez, Soraya Sáenz de Santamaría, Merkel, Thatcher y toda esa larga lista de políticas que intentan hacer creer que cualquier mujer con poder (aunque este sea delegado, ficticio y de paja, al servicio del patriarcado) es una feminista que va a realmente ayudar a las mujeres a avanzar con regalitos que dejan patente que el poder lo sigue teniendo el hombre blanco (y negro, asiático o árabe, cada vez más).

Hice ese análisis de la que creo la más peligrosa estrategia para destruir al feminismo en mi desaparecido blog Divario, en la divagación hablaba del mujerismo como degradación y oposición al feminismo esperando abrir un debate que alertase a las nuevas generaciones que han asimilado esta bastardización del feminismo, pero en lugar de ese esperado debate los comentarios fueron tomados por un escuadrón de dispersos que sólo parecían tener interés en la cuestión semántica e insistían en que lo que yo denunciaba se debería llamar hembrismo (un término inventado por la derecha para liar más el debate), así que me vi obligado a retomar el tema. Más concretamente a aclarar la elección de términos.

Para empezar debemos hablar de la tramposa ecuación feminismo = opuesto/contrario machismo. Es la estrategia que el patriarcado, el poder dominante y el machismo han utilizado para devaluar el feminismo o intentar rebajarlo hasta el nivel cavernícola del machismo. La campaña propagandística ha sido tan monstruosa, tan omnipresente, tan masiva que la población menos cultivada ha acabado por asimilar esta falacia (falsedad) como discurso propio. Una vez tenemos esta engañosa premisa de salida, todo lo que se construye a partir de ese sofisma está condenado al fracaso. Porque si pensamos que el feminismo no es más que lo contrario que el machismo, estamos infiriendo que el feminismo es igual (=) al machismo sólo que al contrario. Entonces nos bastaría con ir enumerando uno a uno los terrible arcaísmos cavernarios de esa falta de pensamiento que es el machismo y atribuírselo a las mujeres para obtener el feminismo. Eso es un error (y un horror). El machismo aplicado a los hombres por mujeres sigue siendo machismo.  El feminismo es una alternativa que no se puede analizar desde los mismo parámetros de algo que surge de la falta de pensamiento o elaboración. El machismo no es un sistema ideológico elaborado tras siglos de pensamiento, el machismo simplemente es una agresión impositiva, un modo de dominar a un sexo que tiene algo muy valioso para la especie humana, para la tribu (la capacidad reproductora). El feminismo es un sistema filosófico si se quiere, un pensamiento que intenta ayudar a todos los seres humanos (hombres y mujeres) a cambiar esta sociedad defectuosa construida sobre los preceptos guerreros de invasión y conquista (primeros milenios de supervivencia de la raza humana).

munecahinchablebetaAhora bien, si entendemos que el feminismo no es simplemente darle la vuelta a una opresión,  o sea: el machismo aplicado por mujeres, una confusión muy común, repetimos, empezaremos a entender por qué el hembrismo sólo puede ser eso: la otra cara de la misma moneda. Por lo tanto hembrismo es el machismo más rudimentario aplicado por mujeres a hombres en una especie de venganza que preserva el ciclo agresor, el sistema y el machismo. El feminismo destruye el sistema, lo cuestiona y ofrece todo un nuevo sistema. Esto es lo que la gente  (manipulada por el poder sistémico, que se ha sentido más amenazado que nunca por el feminismo, recordemos que se ha construido sobre la esclavización de todo un género humano, las mujeres) no ha querido entender.

Si insisto en que el peligro para el feminismo es el mujerismo es porque se ha construido desde la confusión para apropiarse del discurso feminista. El hembrismo no. Nadie aceptaría un discurso hembrista, pero el mujerista es cada vez más prevalente. El discurso mujerista se construye sobre el “Nosotras las mujeres”. Se subroga una representatividad confusa e impostora que le ha quitado visibilidad al feminismo, condenándolo como un extremismo radical. El mujerismo aparece como la hermana amable del feminismo, pero en realidad de quien es hermana es del machismo.

El machismo no se combate, se evita. Este parece ser cada vez más el lema de la mujer del siglo XXI (y ni digamos del hombre). La resignación es la única estrategia.

shangaylily_darylhannah_manzano_blogEsta actitud de resignación me quedó más que patente cuando en Marbella, con motivo de una fiesta de presentación de un perfume a la que me invitaron, entrevisté a la actriz Daryl Hannah para mi sección en el programa de TVE Corazón de… y se me ocurrió preguntarle por qué las grandes estrellas femeninas de Hollywood no exigían que sus sueldos fuesen  iguales o parecidos a los de sus colegas de sexo masculino. Acababa de salir un listado con los mejor pagados de Hollywood y mientras el actor mejor pagado llegaba a los 20 millones, su paralela femenina, Julia Roberts, creo, sólo llegaba a los 10, de hecho algunos artículos hablaban de la batalla que muchas estrellas femeninas habían iniciado para estrechar la brecha, pero la respuesta de Daryl a esa pregunta fue puro y evidente estupor. Tartamudeó un rato y me contestó que eso era imposible de conseguir. ¿Resignación o integración?

Algo así ocurre en el mundo de la música. En algo tan nimio como una lista con las mejores voces según la revista Rolling Stone queda patente el doble rasero. La mayoría son de hombres (y algunos no tienen nada de mejor voz). La discriminación es tan patente que en un artículo se preguntaban ¿Hay sexismo en Rolling Stone? (en inglés). Por supuesto la respuesta es sí. La mirada prevalente sigue siendo la masculina. Y mientras la mirada impuesta, hegemónica, sea la masculina, la sociedad seguirá mirando el mundo con ojos de hombre.

Y esto no va a cambiar salvo que se vuelva a la actitud de las primeras oleadas de feminismo. El machismo hay que combatirlo, cuestionarlo, presentar alternativa. No integrarse en él y evitar ser detectada como está haciendo desde hace riempo el posfeminsimo.

Uno no puede enfrentar feminismo a machismo, si acaso a misoginia. Porque machismo es un orden social que privilegia al hombre frente a la mujer, pero no sólo perjudica a esta (aunque principalmente sea la víctima), también pisa a todo grupo que está en la periferia del hombre blanco heterosexual rico que sirve de modelo definitorio. La misoginia, por otro lado, se dirige exclusivamente a la mujer simplemente por ser poseedora de vagina y útero. especialmente lo segundo si es funcional, ya que el útero es visto por los estados como medios de producción a explotar.

En este estado de propaganda es realmente importante definir nuestros términos.

Publico.es

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