Queremos tanto a Snowden

 

snowdenPor Yaroslav Ramírez

Hasta hace algunos años, en 2004, el joven Edward Snowden era un esbirro más de las fuerzas armadas norteamericanas. De no haber sido por el accidente que no le permitió incorporarse a las Fuerzas Especiales del ejército gringo, hoy estaría asesinando talibanes y dejando a su paso “daños colaterales” con sus potentes armas, o estaría en América Latina “luchando contra el narcotráfico. Quién sabe.

Pero la vida le ha mostrado que no siempre se es lo que se quiere y que no siempre las aspiraciones son netamente sanas. Hay mucha gente buena haciendo cosas potencialmente malas.

Hoy, luego de sus inesperadas revelaciones, se encuentra en el ojo del huracán mundial o global. Ha puesto en evidencia cómo el gobierno norteamericano se la pasa espiando a cuanto individuo pueda, bajo la excusa de “prevenir ataques terroristas”. Y digo excusa porque ahora se sabe que aplican aquello de la “bandera falsa”, que consiste en realizar operaciones violentas, como hicieron el Word Trade Center y que ha servido para justificar una escalada de violencia de orden global.

El caso es que Snowden puso sobre la mesa aquellos que se discutía en voz baja: la intromisión en la vida privada de los ciudadanos y el ultra poder que la tecnología ha permitido a los gobiernos militaristas o guerreristas como es el caso de Estados Unidos. Y así, Snowden pasó de ser un alfil más del poder hegemónico mundial a ser una especie de héroe del Siglo XXI.

Así como Julian Assange acabó con el mito del periodismo (el periodismo es un arte al servicio de los monopolios mediáticos de las ciudades globales y una mera fuente de empleo en los países periféricos), de igual manera Snowden acabó con el mito de la privacidad en Internet.

Lo que vemos entonces es que cada vez más se afirma la tendencia de que los gobiernos, por ilegítimos y mercenarios de la política, solo están viendo en el pueblo un enemigo potencial y por eso nos vigilan. ¿Por qué son incapaces, con tanta tecnología y recursos humanos especializados, de acabar con los grandes males de las sociedades de este naciente siglo?

Estamos presenciando entonces un giro altamente peligroso de los grupos que han llegado a puestos burocráticos con el aval del voto ciudadano. Utilizan el voto para garantizar el statu quo y neutralizar violentamente cualquier atisbo de cuestionamiento. No toleran que la gente se dé cuenta de la gran estafa que la “democracia” nos ha estado infligiendo desde que Francis Fukuyama declaró el fin de la Historia.

El modelo político, por lo menos en América Latina está agotado. Se necesita de un nuevo pacto social continental entre países que buscan la cooperación real y no la dominación de uno sobre otro. Urge que pensemos una nueva sociedad Latinoamericana.

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