Carta abierta a Alexandra Skinner-Klée

Campaña-ToleranciaPor Rolando Pineda

Señora de Skinner-Klée:

 Le escribo estas líneas luego de haber leído su carta dirigida a los “Movimientos de Laicos,” que trata sobre su peculiar forma de comprender el mundo y a las personas que no comparten la mismas ideas, gustos, preferencias sexuales y calidad de vida que usted; y la misión que usted misma se ha encomendado (en el nombre de su dios, por supuesto) para lidiar con los “graves problemas” que estos supuestamente le ocasionan. Entre tantas cosas que nos separan, creo que por lo menos tenemos algo en común: la consternación que sentimos—usted, luego de ver los famosos mupis, y yo, luego de haber leído su carta.

 El primer motivo de mi consternación es la extraña manera en la que la organización a la que se dirige utiliza la palabra “laico.” Verá usted, el laicismo es uno de los legados de la Ilustración y se basa en una idea muy simple: para que una sociedad pueda tener realmente libertad de consciencia, de pensamiento y de expresión, esta debe de estar basada en el principio de separación entre Iglesia y Estado y no se debe de permitir la imposición de los valores morales de una religión particular a sus ciudadanos. Esto no quiere decir, por supuesto, que nadie tenga la libertad de practicar la religión que más le guste, siempre y cuando no interfiera con la libertad de su vecino de practicar la propia o de no practicar ninguna. Supongo que usted, como cristiana, no quisiera estar viviendo repentinamente en un país que la obligue a ser musulmana o a aceptar sus peculiares valores morales; y créame que yo, como no-creyente, tampoco. Lo único que nos garantiza a ambos que esto no va a pasar es, precisamente, un Estado laico. Como podrá darse cuenta, esto antagoniza groseramente con el propósito de su carta de levantar masas para ayudar a imponer su propia visión religiosa del mundo en todos los que vivimos en este país.

El segundo motivo que me consterna, es que una persona acomodada, privilegiada, bien educada y en una posición tan influyente como la suya tenga tantas dificultades para procesar adecuadamente la información que recibe. Vuelva a leer y a observar bien los cuatro anuncios que tanta consternación e indignación le han ocasionado:

¿Ya? Quizás pueda darse cuenta de que ninguno de los cuatro “promueve” algún estilo de vida. Su única función es tratar de hacer ver a una población marcadamente prejuiciosa, alérgica a la diferencia y bastante homofóbica, que todos somos seres humanos con muchos de los mismos temores, preocupaciones, propósitos y sentimientos, sin importar nuestra sexualidad o nuestros padecimientos de salud.

Si lo que usted dice en el segundo párrafo de su carta es sincero y no es únicamente un vacío intento de aparentar virtud y tolerancia, usted no debería de oponerse a una campaña que invita a “no juzgar a las personas”—debería de celebrarla. Con sus invitaciones a presionar a las autoridades para que actúen de la manera que ustedes quieren que actúen y con sus amenazas de boicot a la empresa que alquiló sus espacios para que se publicara un mensaje que a ustedes no les gusta, usted y las personas que apoyan su causa no han hecho nada más que venir a confirmar la relevancia que tiene una campaña como esta en un país como Guatemala y a justificar su existencia. Por favor, no confunda las cosas: su derecho a creer lo que quiera y a expresar libremente su opinión no incluye el silenciar a las personas que no creen lo mismo que usted. La cura para un mal argumento es un mejor argumento, no la supresión de la libre circulación de ideas. Si usted no es homosexual, no se case con una mujer. Si no quiere o no necesita vivir del trabajo sexual, trabaje en otra cosa; si no le gusta pagar por sexo, no lo haga. Si se siente cómoda en su cuerpo de mujer, no lo cambie. Le juro que es así de sencillo.

Me consterna también que no sólo intente bloquear y estorbar a estas personas que no intentan dañar a nadie, sino que sea parte de toda una organización (Asociación ProVida) dedicada a esparcir prejuicios e ideas erróneas sobre sexualidad humana. Sobre todo, intentando disfrazarlos con argumentos aparentemente científicos, como cuando afirma que la homosexualidad es “antinatural.” Nada está más alejado de la realidad, señora; la homosexualidad es una conducta extremadamente común en la naturaleza, esa misma que usted cree que fue creada por su dios. Al día de hoy, ha sido observada en unas 1,500 especies. Los adorables pingüinos, como los que acaban de traer al Zoológico La Aurora, pueden llegar a escoger una única pareja homosexual para toda su vida. Pingüinos hipsters, adoptando el matrimonio igualitario antes de que fuera cool.

Su sociología también deja bastante que desear. Algunos de los países que usted menciona, y que intenta desprestigiar en su carta, entendieron hace mucho tiempo que la homofobia no es el camino hacia una sociedad más abierta y más próspera; ni siquiera son muy religiosos y se reirían candorosamente en su cara si usted llega con su cartita, pidiéndoles que “den la cara por la verdad y por Cristo.” ¿Y sabe qué? No sólo no están ardiendo en llamas y viviendo en un caos total por ser “ateos homosexuales”, sino que son algunos de los países más pacíficos, y más prósperos en casi todo sentido sobre la faz de este pequeño planeta. Le sugiero ir a darse una vuelta por esos lugares; es posible que aprenda algo.

Por último, quisiera contarle una historia, que usted quizás ya conoce pero que convenientemente olvida. Hace tan sólo 50 años, había personas que—como usted hace ahora—consideraban que los matrimonios interraciales eran “antinaturales,” que no eran “de dios,” o que eran un complot comunista (el equivalente de su “Nuevo Orden Mundial”).

Suena increíblemente estúpido, pero así pensaban muchas personas a mediados del siglo XX. Hoy, sus hijos seguramente los ven con vergüenza por haber defendido con tanto ahínco el lado erróneo de la historia.

Piénselo.

Contestando su pregunta:

    … si no hacemos nada ahora, ¿qué le espera a nuestros hijos y a nuestra sociedad?

No se preocupe, nuestra generación y nuestros hijos probablemente seguiremos teniendo muchos de los mismos problemas que nos afectan hoy, pero no será porque una mujer se case con otra mujer, porque un hombre cambie su sexo fisiológico o porque una persona se gane la vida como trabajadora sexual. Lo que sí le puedo asegurar es que de no existir personas que odien lo que no entienden, a nuestros hijos y a nuestra sociedad les espera un futuro un poco mejor.

Tomado del Blog Guatemala secular. Link  http://www.guatemalasecular.org/blogs/2013/06/29/carta-abierta-a-alexandra-de-skinner-klee/


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