Absolución denegada

tribunalLorena Medina

Negar una y otra vez la verdad más abrumadora que se haya podido escuchar, resulta tan franca necedad, como negar que sin oxígeno no se puede respirar, o que las olas distantes siempre regresan con el vaivén del ancho mar; como las heridas abiertas de esta historia en espiral, resurgiendo en la memoria rota de la sociedad, cuando se aprietan las siniestras tuercas de una endemoniada maquinaria que monopoliza todo, fabricando justicias ceñidas de satín, a la medida del mejor postor, remendando las desgajadas vestiduras de una impunidad al desnudo, que se rehúsa a abandonar la escena de esta sórdida realidad.

Sorteando presiones, recursos y confabulaciones de personajes funestos y fácticos, ocultos siempre tras las bambalinas del poder formal, apareció una heroína sin ser invitada, perfumada de jazmines y claveles, con un argumento magistral, que pregonaba a los cuatro vientos la culpabilidad de un escurridizo delincuente, dizque diputado, dizque general, famoso tristemente por ser un tirano, un GENOCIDA, protagonista principal de esta novela grotesca, esbozada desde un escritorio de lujo, con trama de fanáticos verdugos, al mejor estilo de Pecos Bil y el Ku Klux Klan.  

¡Convicto por ochenta y mil años más!, exclamaba a voz en cuello la heroína.          ¡Por robarle brillo a los ojos, por hacer gala de alevosía, premeditación y ventaja en el martirio de cuánta sabiduría, por mancillar tanta inocencia, con la más vil crueldad!

Así sentenció al delincuente sin lugar a dudas, en forma ejemplar la jueza valiente, hazaña que muy pocos habrían tenido la entereza de realizar. El decrépito general escuchó lo inaudito, que una inminente prisión le aguardaba para empezar a pagar por sus crímenes, que no eran pocos, de los que se le imputan hasta hoy y de los tantos otros que un día quizá se conocerán.

 

Dotado de un histrionismo sin igual,  rebuscaba vanamente entre sus trucos baratos alguno que pudiera disimular sus obscenidades de guerra sucia, para poderse justificar, “yo no fui” “soy inocente”, objetaba el inmoral, haciendo alarde de seniles enfermedades y sus perros sin bozal.  Nadie podría olvidar sus discursos trasnochados de allá por los años 80’s, cuando tomaba por asalto la sala y la mesa familiar para “aleccionar” al auditorio mediante la cadena de radio y televisión nacional, con su trillado “usted mamá, usted papá”  y sus tres dedos cual hitleriana señal.

Con  bombos y platillos, marimbas y banda marcial  proclamaba imaginarias victorias sobre la “subversión criminal”, encubriendo así el asesinato de niños descalzos, ancianos, mujeres con mecapal y un sinfín de nombres entrañables por nombrar.        A todo aquel tildado de “sospechoso” que  pudiera un peligro representar para sus planes maquiavélicos, le hacía juzgar de manera despiadada en una más de sus excentricidades, el “tribunal de fuero especial”.

La sentencia fue pronunciada y el mundo entero se estremeció al contemplar que el justo veredicto aliviaba la conciencia de la humanidad, mutilada a manos de tanto atroz criminal. Sí hubo GENOCIDIO, reconocido a todas luces, es una inexorable verdad y el canto que irrumpió en aquella sala ya no puede callar, aunado a un coro de voces exigiendo juicio y castigo para el asesino, que tiene que pagar. Si no hay justicia para todo un Pueblo, ¿Para quién la habrá?…

Para aderezar la trama de esta surrealista escena, irrumpió repentinamente una docena de saltimbanquis, ejecutando maromas arriesgadas por demás, intentando robarse el show y acaparar la atención del público que esperaba con gran expectación. Anunciaban angustiados el derrumbe de la farsa colonial fraguada entre criollos y mayordomos y alguno que otro advenedizo, mecenas del arte de la represión. “No se agiten las aguas, dejar hacer, dejar pasar, lo mejor es perdonar al viejillo, no sea que la chusma se pueda con este fallo desbordar” inferían los bufones, agradando afanosos a los dueños del circo en el que suelen actuar. Inútilmente intentaban a la audiencia contrariar, para apaciguar la algarabía nacional.

Segundo acto: Lobos rapaces  vestidos de ovejas y frac, coprotagonistas de dantescos idilios se querellaron impetuosamente para darle a la obra un inesperado y ridículo final, sirviéndose como es su estilo, de fafas millonarias y un vetusto trío de coyotes que danzan con los lobos de su misma loma, sin perder el ritmo todos al compás.

Al amparo de cortinas de humo y de una tal “Corte de Corrupcionalidad”, el general acorralado una salida a este laberinto le pudo encontrar. Se pospuso el juicio para el año entrante, el público tendrá que esperar, sin devoluciones de boletos, ni sueños invertidos en esta temporada especial, en la que por un día solamente brilló con reflectores a nivel mundial, la desgastada  justicia con la fantasía del fin de la impunidad. Hoy se publica que el convicto no llegará a pisar siquiera las prisiones plebeyas, que tiene solamente arresto domiciliar, pues en la agenda de los pendientes de la justicia su caso no ocupa un palco preferencial.

Este parece un cuento de nunca acabar, en el que entran y salen a escena chuscos comediantes, en la comparsa de la injusticia y la inmoralidad. Sin embargo,               ¡El histórico fallo del 10 de mayo jamás se borrará de la memoria universal!                  No hay olvido ni reconciliación posible, cuando todo un sistema complota y se ensaña, para urdir siniestros escapes y evitar que se destape su maraña, pero aún con sus charlatanerías de la democracia y del paraíso para la inversión, el Estado finquero se enredó en su propia trampa legalista y ya no tiene libretos que puedan esconder su racista vocación. La sentencia final del Pueblo Maya está dada, para el general GENOCIDA, solo existe una ABSOLUCIÓN DENEGADA.

 

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