No solo víctimas

 

Felix Acajabón

Felix Acajabón

Por: Mariano González

El proceso por genocidio abre una serie de interrogantes que no terminan de recibir respuesta: ¿Por qué esa barbarie? ¿Cuál es su racionalidad? ¿Las víctimas eran sujetos inermes, sin voluntad de resistencia? ¿Qué hizo que fueran objeto de una lógica de aniquilamiento como la que implementó el ejército? ¿La razón fue “sólo” su identidad étnica? ¿Qué era lo que representaban las víctimas como para producir una barbarie que no tiene comparación en América Latina?

La discusión sobre el tema del genocidio, ha dejado deja un inquietante vacío en torno a la causalidad de lo sucedido.

Pese a los avances que ha significado la discusión amplia del tema de genocidio (una cita a la que llegamos tarde por tres décadas), las posiciones en torno al juicio se han caracterizado por ser una pugna por demostrar la “victimidad” o no de las y los ixiles. Posición que comparten tanto los que niegan como los que afirman que hubo genocidio.

La discusión se ha movido en los límites de la identidad étnica para apoyar o disentir sobre la definición de genocidio que propuso la Convención de la ONU hace más de 50 años y que estuvo limitada por causas políticas. Sin embargo, ¿qué es lo que se omite en la discusión con este planteamiento?

En una espléndida imagen, Enzo Traverso afirma que el historiador Eric Hobsbawm escribe su Historia del siglo XX como un “vencido que no reniega de su combate”.

Si se ve la discusión del genocidio a la luz de esta expresión, el juicio ha estado dominado por un acuerdo que no ha sido roto sino, sorprendentemente, por la defensa: ¿por qué matar a los ixiles? ¿Cuál era el interés del ejército por destruirlos? Por extensión, ¿cuál fue la lógica subyacente a la represión sistemática de amplios grupos humanos y la práctica genocida dirigida contra determinados grupos?

Claro que la defensa recurre a esta argumentación para justificar que se mató a los ixiles por guerrilleros (o por ser apoyo de la guerrilla), sin darse cuenta que esto no afecta la calificación jurídica de genocidio (pero sirve como pretexto).1

Sin embargo, una perspectiva crítica coherente debería dar respuesta a ese recurso de la defensa y reconocer que una parte importante del pueblo Ixil creía y actuaba por algo distinto a la sangrienta dictadura militar, apoyada por los militares y los sectores conservadores que existía en ese momento.

Es cierto que los ixiles con sus prácticas de autonomía política e insubordinación eran una amenaza frente a un régimen político opresivo y un sistema económico explotador, pero de allí no se sigue que fueran sometidos a una campaña de represión y exterminio que incluyó el uso de prácticas sociales genocidas (en expresión del sociólogo D. Feierstein).

Pero además, este recordatorio rescata el sentido y la legitimidad de su insubordinación.

Se debe recordar que las múltiples luchas que fueron sintetizadas en la lucha de las organizaciones guerrilleras (en parte también por la acción contrainsurgente del ejército que anuló las diferencias y las reunió en la figura del “delincuente subversivo”), tenían como objetivo la “instauración de la igualdad, la inversión de la pirámide social y que los eternos oprimidos y explotados tomaran el destino en sus manos” (E. Traverso).

La discusión sobre la pura victimidad del pueblo Ixil es una forma de negación de su identidad en tanto sujeto rebelde y, por tanto, es una forma de representación y narración que continúa operando como una práctica de realización simbólica del genocidio.

Es decir, continúa recreando lo que en un primer momento se propuso el ejército con el uso de la represión y el aniquilamiento: la destrucción de sujetos rebeldes que encarnaron otro tipo de relaciones sociales basadas en la autonomía política, la solidaridad y la igualdad.

Recuperar este sentido en la discusión que queda en el ambiente es reconectar el pasado con proyectos políticos actuales que siguen operando y otorgando su fisonomía al país.

1 Pues la definición, aunque problemática, no hace referencia a la motivación particular para destrucción del grupo, sino a la intencionalidad de los perpetradores.

 

 

 

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