Cronología de la infancia

 Por Liset Prego

Lazarito conoció la Ley de la Gravedad a los ocho años sin leer libro de Física alguno. Supo de los efectos del descubrimiento de Newton, no por una manzana, sino cuando se lanzó desde el techo de su casa con una sombrilla. Estaba seguro de que esta le serviría como paracaídas y él volaría, suavemente, hasta llegar al piso. El médico afirmó: “Fractura” y Lazarito comprendió que la Tierra lo atraería siempre hacia su centro, aunque su imaginación anduviese por las nubes.

Como ilustra esta anécdota, la niñez es un “estado de gracia”, un privilegio que los años embargan y que casi siempre comienza con el llanto como clara evidencia de que ya nada será igual. Después vendrán gorjeos y balbuceos ininteligibles en los que algún adulto creerá escuchar palabras muy claras.

Unos pasitos torpes anunciarán figuritas de porcelana rotas y paredes con dibujos que recordarán la cueva de Altamira. Controles remotos practicando submarinismo, adultos cautivados por sus avances y peripecias, abuelos que presumen las palabras aún incomprensibles para los de fuera de casa, serán comunes en sus primeros años. Porque cada niño es un conquistador, que clava su bandera hecha de sonrisas, manitas regordetas y besitos húmedos, en las voluntades materna y paterna.

Luego llegarán los por qué infinitos, el querer hacerlo todo solos, las figuras geométricas, los poemas dichos “de carretilla”, las preguntas complejas que ponen a prueba la sabiduría e imaginación de los adultos, los primeros trazos, las ganas de leer rápido las letras chiquitas, los uno más uno. Y habrá que desinfectarles rodillas heridas tras caerse en la acera, leer montones de veces el mismo cuento, disfrazar vitaminas bajo la miel, contar hasta 10, mil veces, porque colman la paciencia de una persona mayor que no recuerda haber derramado jugo en el mantel o dicho información exclusiva de la familia ante una visita durante su infancia.

También vendrá la etapa del “no es así como me lo dijo la maestra” y las tareas de Matemática que ya no sabremos resolver, o el enfrentarnos a su dominio de la tecnología, superior al nuestro.

La niñez se escapará con los días, solo que ellos aún no lo saben y lo descubrirán cuando sea muy tarde. Pronto pedirán permiso para ir a alguna fiesta y llegar después de las 12. Seducirán o serán seducidos. Antes de darse cuenta de lo duro que es crecer se preocuparán por cuestiones de adultos y aquella inocencia primera se les escurrirá sutil.

Pero mientras dura el hechizo de sus mohines y ocurrencias, en ese instante que demoran en volverse grandes, en el Día Internacional de la Infancia y todos los otros días ¿por qué no? vamos a dejarlos creer que pueden volar con solo desearlo y permitirles disfrutar, mientras dura, del precioso tiempo de la ingenuidad.

Tomado de CubaDebate
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