Añoranzas del Polochic

4Lorena Medina

Ni bien se había apagado el último candil, salí corriendo a avisarle a mi mamá que venían otra vez los policías y los soldados para nuestra comunidad. Casi se me sale el corazón de venir corriendo. Ya muy cerca empezaron a destruir las casas que encontraban a su paso. Algunos iban a pie, otros en carro.

¡Mama, ya están aquí!, anuncié casi sin aliento y con mucho miedo.

 -¡Mi’jo, hay que apagar el fuego!, ¡Recojamos los trastes!, ¡Agarrá a tu hermanita! ¡No te distraigás! ¡Ayudame con esta tinaja!… Tu papá ¿Dónde está? ¡Ojalá ya hubiera regresado!- Gritaba mi mamá desesperada.

 Ahora todo se nos juntó: El río está crecido por la lluvia, el frijol, el maíz y todo lo que tenemos se va a perder. ¡Yo no quiero que esto pase otra vez! Hace un año hicieron lo mismo en la otra comunidad que vivíamos, cuando llegaron a desalojarnos los finqueros, los policías y los soldados. A mi chucho el Canelo, lo mataron porque no pudo salir del fuego. Todo se quemó.

¡Cómo nos espantamos cuando empezaron a tronar las balas! No podíamos salir corriendo porque por todos lados nos vigilaban y nos miraban con odio los hombres con sus pistolas y sus rifles, con cascos y bombas que echan gas. Esa vez, me quedé escondido un buen rato detrás de un árbol, agarrando de su corte a mi mamá, aprentando las manos y los dientes, sufriendo por mi chuchito y por nosotros también. Todavía no sé por qué nos hacen daño…¡No puedo entenderlo!

“¡Salgan, rapidito hijos de la gran puta porque vamos a deshacer sus cobachas y champas, no tienen permiso, están en propiedad privada!; ¡Es una orden del juez!” Nos gritaban, nos maltrataban y empujaban. Ni tiempo teníamos de recoger nuestras cosas.

Allá dejé tirado mi camioncito de madera, cargado de tapitas de aguas de todos colores y mi trompo. Mi papá me lo hizo cuando cumplí 5 años y yo lo guardaba para jugar los domingos. Mi mamá lloraba al ver sus ollas de barro quebradas y su comal partido en mil pedacitos. “Es pecado tirar el sagrado maíz, pisotear la masa”- decía entre sollozos de amargura.

Lo poquito que teníamos lo perdimos.  Yo también me sentía triste por ella, por mi papá y por mis hermanitas, que lloraban de hambre y se enfermaron de la tos y de la panza, porque estábamos sin un trapo ni comida, ni nada, solo la lluvia nos caía en la espalda y caminábamos bastante y sin saber a dónde ir. Sin fuerzas para seguir, anduvimos bastante, hasta llegar a un lugar donde nos ayudaron otros que también fueron desalojados.

Esperamos unos días para regresar. Buscamos entre lo que quedó tirado si había algo que recuperar porque todo sirve, dice mi mamá. Pero nada estaba bueno, ¡Sólo cenizas nos dejaron!

¡Y Ahora tenemos que irnos otra vez! A penas estaba creciendo la milpa y acabamos de calzarla. ¡Ya no la vamos a poder seguir cuidando! ¿Y quien va a cuidar a mis pollitos?, es lo que estoy pensando…

Mi papá afligido y enojado, dice que no quieren que sembremos nada, que nos quieren matar de hambre, que hay quienes solo quieren dinero y que no quieren la tierra para cosechar, solo para poner palmas por todos lados y un montón de cañaverales, porque para los ricos eso vale más que la vida de la gente y no lo que sirve para alimentar.

Yo no más lo escucho y no entiendo por qué tenemos que salir corriendo, por qué nos persiguen. Si mi papá y mi mamá son trabajadores y honrados; se levantan bien de madrugada y se la pasan trabajando desde antes que cante el gallo.

¡Ay Diosito por qué lo permites? ¿Por qué no podemos tener tierra para cosechar? ¿Por qué nos vienen a sacar de nuestra casa, de madrugada; ¿Por qué no nos dejan vivir en paz?

¡Quisiera no ser tan pequeño, luchar al lado de mi papá y mi mamá, para defender la tierra, a mis hermanitas y a nuestra comunidad y no dejarlos nunca pasar! Pero no puedo, tengo miedo de las balas, del humo que hace llorar; solo puedo salir corriendo, con las manos apretadas y mi hermanita en la espalda…Buscando a toda prisa un camino por donde pasar, entre el lodo y el monte, hasta encontrar un lugar cerquita del río,  con todas nuestras cosas para volver a empezar; donde pongamos nuestra champita, donde sembrar maíz y frijolito, dicen papá y mamá. Yo solo sueño con un rinconcito verde donde con mi trompo y mi camioncito pueda salir a  jugar.

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