Incitación insomne

locdtPor Lorena Medina

Ven y desciende, no dejes un sitio para nada más, arrebata y piérdete del todo, devuélveme la calma y al mismo tiempo, enloquéceme con tus manos ansiosas de acariciar. Tiende tu mustio cuerpo en mi cama, convidándome a fornicar, para darle brillo a las voces de otros tiempos, que ya no quieren decir nada, que se han cerrado, por el polvo, por el siglo gastado, porque se han acomodado o porque las sombras del pasado las han desplazado ya.

Concierto de alas macilentas; angustiosa y deseperada recorriendo el cuello de mi camisa, tornando el letargo en prisa y el presente en un tiempo ancestral. Te niegas y vuelves a repetir sonidos de madrugada, que saben a dolor de destierro y a heridas abiertas. Perspicaz compañera de amaneceres que se niegan a morir sin abrigo, contagiando por doquier tus gemidos y auyidos de animal.

Hoy solo te pido que pares un momento. Que exilemos al silencio y escuchemos los trinos, apagados de palomas anidando en el vidrio, de repiques invernales, de una ciudad desvelada por el ruido. Recuéstate a mi lado para seguir conspirando épicas picardías y viejas aventuras, algazaras de tiempos de juventud y rebeldes placeres. No te marches, aunque ya no haya aliento y nadie quiera escuchar al viento que invita y que silva sacudiendo ramas y recuerdos. Toma mi mano, yo estaré siempre despierto, respirando tus fantasías. Echemos a volar, no dejes nada al azar, atrévete a darlo todo, sin temores ni recatos vanos, que aquí no tienen lugar. La decencia me asfixia, es ahora el tiempo, de soltar amarras, de mojarse hasta el fondo, de decir lo nuestro, hasta que enmudezcamos de tanto gritar.

Ábrete paso, inúndalo todo aventurera, ave de vibras apasionantes, de deseos incumplidos por gastar. Yo también estoy buscando siempre la calidez del abrazo, de las palabras sensatas, del vino y anaqueles que aún nos quedan por explorar. Marcharemos sin descanso y sin rumbo alguno, hasta brotar con las puntas del nuevo día, esperando una estación más para volver a empezar, a reinventar nuestra historia, a darle paso a la humanidad sumergida, que añora hoy más que nunca tener el chance de asomar, como un duende, como un Quijote en busca siempre de su Dulcinea, la sin par.

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