Andando a pie

callesLorena Medina

Andando a pie entendí que no es lo mismo salir a almorzar que salir a pasar la hora del almuerzo.

Andando a pie…

Comprendí  que no es lo mismo llevarle rosas a tu madre, que ser una madre vendiendo rosas; que los pasos son más cortos que la realidad que te rodea; que las frutas  lucen  jugosas sobre las mesas y los niños juegan debajo de ellas, con permiso de comerse solamente las cáscaras…Que no es lo mismo encontrarte un viejo amigo, que toparte con un viejo sin amigos…

Que no es lo mismo comprar que vitrinear, que los pasteles desde el otro lado del cristal saben amargo; que la neblina de tus ojos es más densa que el humo de los carros; que los perros callejeros son más amigables y  felices que los que se exhiben  en las tiendas de mascotas; que los periódicos pesan más por la violencia que nos muestran, que las piedras que  les impiden emprender el vuelo.

Que los dulces de a 3 x Q1.00 saben a cielo y que el cielo a veces te deja saborear un pedazo de  su belleza mientras avanzas, andando a pie.

Que las banquetas son universos en donde gravitan estrellas matutinas, malabaristas de sueldos diminutos, magos de la noche y carretas que nutren a los obreros de corbata, albañiles y  a otros  comensales.

Que cuando el semáforo marca el alto, el asfalto se convierte en el ruedo al que se lanza un ejército de toreros de carros, desafiando a la muerte para ganarse la vida…

Todo eso, todo aquello, todo afuera, es distinto,

Andando a pie…

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